Daniela perdió a su madre a la edad de 3 años, su padre se vuelve a casar y le da una perversa madrastra que la maltrata y encierra en el sótano, sótano que guarda grandes secretos.
Acompáñame en mi nueva historia, que sé que será de su agrado.
NovelToon tiene autorización de Ingrid Dancourt para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
ENVIDIOSA
******* MIRIAM
Miriam creció entre lujos y comodidades, rodeada de todo lo que el dinero podía comprar, pero con un vacío enorme en el corazón y un sentimiento que la carcomía desde que era muy pequeña: la envidia más grande y venenosa que puede existir.
Desde niña, escuchaba a escondidas las conversaciones a media voz de sus padres, Renata y César. Se sentaba detrás de las puertas o se escondía entre los muebles, y oía cómo hablaban de "esa niña", de "la recogida", como ella misma aprendió a llamarla con desprecio. Oía cómo se quejaban, cómo se enfurecía, cómo planeaban y maldcían el hecho de que toda esa riqueza, esa mansión, esas tierras, esas empresas y todo ese imperio pertenecieran a alguien más, y no a ellos.
—¡Es injusto! —decía su madre, con voz llena de rabia—. ¡Todo esto es nuestro, nos lo hemos ganado! Y todo sigue a su nombre, solo porque es hija de Mariela. ¡Si al menos César hubiera podido hacer algo antes, si hubiera sido más listo...!
Y su padre, siempre avaro y frustrado, respondía con amargura:
—Mientras ella respire y figure como viva, no podemos tocar nada en verdad. Solo gozar de su dinero pero no somos dueños. ¡Y todo eso debería ser para ti, para mí, para ti hija mía, para Miriam, mi verdadera heredera!
Esas palabras se grabaron a fuego en la mente de la pequeña Miriam. Desde entonces, Daniela se convirtió en su enemiga número uno, en la ladrona de su vida, en la culpable de que ella no fuera la verdadera reina de todo lo que veía. Ella sentía, con una convicción equivocada pero absoluta, que todo lo que la rodeaba, cada vestido, cada joya, cada mueble y cada pedazo de tierra, era suyo, y que Daniela se lo había robado, solo por haber nacido de la mujer rica.
La llamaba "la recogida", con desprecio, creyendo que era una cosa sin valor, una niña tonta y débil encerrada en un sótano, una sombra que no servía para nada, y que aun así, tenía el poder de quitarle lo que ella deseaba con toda su alma. La ira le subía por la sangre cada vez que pensaba en ello: "¿Por qué ella? ¿Por qué todo es de ella, siendo nadie? Yo soy mejor, yo soy más bonita, yo soy la hija de verdad, ¡yo merezco todo!".
Creció siendo vanidosa, caprichosa, malcriada y egoísta, convencida de que el mundo le debía todo, y de que Daniela era el único obstáculo que le faltaba por vencer para ser absolutamente feliz y dueña de todo. Creía firmemente que esa "recogida" seguía encerrada, olvidada, débil y estúpida, y que algún día, pronto, desaparecería para siempre y todo sería por fin suyo.
Hasta aquel día. El día que el gran convoy militar llegó a la mansión, con coches imponentes, soldados y autoridades. El día en que bajó aquella mujer: alta, hermosa, erguida, con uniforme de oficial, medallas brillantes, porte de reina y una presencia que imponía respeto y admiración.
Miriam salió junto a su madre y su padre, al principio con aires de grandeza, creyendo que se trataba de algún trámite o visita cualquiera. Pero cuando vio a esa mujer, cuando escuchó su voz firme, cuando entendió que esa mujer era Daniela, la niña a la que creían muerta en vida, se quedó helada de sorpresa... pero muy pronto, la sorpresa se transformó de nuevo en esa vieja y conocida sensación: envidia.
Miró a Daniela de arriba abajo: su belleza, su fuerza, su elegancia, su poder, la forma en que todos la miraban con respeto y obediencia, cosas que ella, Miriam, jamás había logrado inspirar en nadie. Pero lo que realmente la hizo estremecerse, lo que le llamó la atención de forma inmediata y absoluta, lo que despertó en ella el deseo más fuerte de todos, no fue el dinero, ni la mansión, ni el poder... fue el hombre que iba al lado de Daniela.
Javier Dorantes. El Capitán. Fuerte, apuesto, valiente, de mirada leal y noble, de porte de príncipe, siempre pegado a ella, protegiéndola, amándola en silencio pero con una intensidad que se veía a kilómetros.
Miriam lo vio, y al instante, su mente maquiavélica y envidiosa pensó:
"¡Es suyo! ¡Todo lo bueno es suyo! El dinero, el apellido, la belleza, el poder... ¡y ahora también tiene al hombre más guapo, más noble y más valiente que existe! ¡No es justo! Ella ya tiene demasiado, y yo no tengo nada de verdad. Si él está con ella, es porque ella lo ha engañado, porque tiene dinero para atraerlo... pero si yo me lo quito, si logro que él me mire a mí, entonces le habré quitado lo más importante que tiene. Entonces sí, le habré ganado por completo."
En ese mismo momento, mientras todos estaban asustados, mientras su padre y su madre temblaban ante la verdad revelada, Miriam ya no escuchaba nada. Su mente ya había trazado su nuevo objetivo, su nueva obsesión, la forma definitiva de vengarse de la "recogida":
"Todo lo que es tuyo, Daniela, yo lo quiero. Y ahora, lo que más quiero es a tu hombre. Él debería estar conmigo, con la que sí vale la pena, con la verdadera heredera. Me lo voy a quitar. Haré que se enamore de mí, le demostraré que soy mil veces mejor que tú, y cuando él sea mío, cuando te lo haya arrebatado, entonces veré cómo te destruyes. Porque todo lo que tienes, te lo merezco yo."
Mientras Daniela hablaba de justicia, de verdad y de años de sufrimiento, Miriam solo miraba de reojo a Javier, con una sonrisa maliciosa y calculadora en los labios, pensando ya en cómo actuar, en cómo seducirlo, en cómo separarlo de ella, convencida de que, al igual que todo lo demás, ese hombre también era algo que le pertenecía por derecho, y que Daniela solo tenía prestado.
Nunca entendió que el amor de Javier no se compraba ni se robaba, sino que se ganaba con nobleza, lealtad y corazón, cosas que ella, Miriam, jamás tuvo ni tendría. Y en su ceguera de envidia, no se dio cuenta de que, al intentar quitarle lo único que realmente importaba a Daniela, terminaría cavando su propia ruina mucho más rápido y dolorosamente.
Ella misma les puso la trampa y tanto Alvaro como Mirian cayeron
Pobre Javier, todo lo que sufrió, por suerte volvió Daniela
Ojalá Alvaro también pague