Ella huye de un pasado mágico y de un alma gemela que se convirtió en monstruo. Él es un humano de hierro, capitán de inteligencia, que solo vive para su trabajo. Ella caza abusadores por las noches; él los persigue por el día. Un caso los une, la necesidad de justicia los mantiene juntos, y un amor inesperado los acecha en medio de la investigación más peligrosa de sus vidas. En esta cacería, nadie es lo que parece y el amor es el único misterio que no saben cómo resolver.
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Capitulo 5: El fin de una plaga
En las profundidades de las mazmorras abandonadas a las afueras de Veridiana (Un espacio sombrío que Zoe utiliza para castigar a quienes escapan de la justicia humana o cuya existencia siquiera sospecha este mundo) el silencio fue quebrado por un grito cargado de dolor insoportable. El hombre robusto, cuyo sueño fue interrumpido de forma abrupta, se retorció sobre la piedra fría. Zoe acaba de amputar su miembro y, sin darle tregua, cauterizó la herida utilizando su magia, la cual crepitó como llamas de un intenso color violeta.
El hombre lloró a gritos, mientras la mujer, paralizada en una esquina de la celda, rompe en llanto al presenciar la brutal mutilación de su amante. Zoe no ha terminado. Con pasos lentos y decididos, se acercó al prisionero y le propinó una fuerte patada en las costillas, obligándolo a quedar boca arriba, con la espalda pegada al suelo. Posó la suela de su bota de combate exactamente sobre la zona afectada, presionando con tal fuerza que el hombre se arqueó, rogando a gritos que se detuviera y exigiendo saber por qué lo ataca si, según él, ni siquiera la conoce.
__Suplica cuánto quieras, pero tu respuesta será la misma que le diste a la pequeña niña a la que violabas mientras ella lloraba, pidiendo que pararas en su inocencia, maldito asqueroso__. Escupió Zoe, con la voz teñida de una rabia gélida.
Descargó el talón de su bota con fuerza contra la entrepierna del sujeto, quien quedó al borde de la locura por el dolor. Mientras tanto, la mujer observa la escena con un terror absoluto, preguntándose quién es aquella encapuchada y cómo conoce el secreto más oscuro de Chark: los abusos contra su propia hija.
__Y tú eres el claro ejemplo de que no todas las madres son buenas__. Dijo Zoe, desviando su atención hacia la mujer e interrumpiendo el martirio momentáneo del hombre, quien ahora sangra sin saber qué hacer ni dónde presionar para aliviar el dolor, pues Zoe también le ha cortado ambas manos y cauterizado las heridas para evitar que muera demasiado rápido por desangramiento. La sargento se plantó frente a la madre, cuyas piernas tiemblan de forma incontrolable.
__Eres peor que la escoria; permitir que este maldito enfermo pedófilo abuse de tu hija, de una niña de tres años que necesita tu protección, cuidado y amor, solo por no perderlo. Porque eres más mujer que madre, porque no podías vivir sin las miserias que le quité a ese desgraciado. No te importaron las lágrimas ni el dolor de tu hija; la alejaste de su padre, quien en verdad se preocupa y la ama, usando mentiras para obtener una custodia completa. Pero nunca has amado a tu niña. La tienes a tu lado solo para mantener a tu amante feliz. Eso tiene un precio, y el precio es tu vida__. Sentenció Zoe con una mezcla de furia y satisfacción.
Furia, porque considera que seres como ella no merecen el título de madre; y satisfacción, al ver el sudor frío que corre por la frente de la mujer, consciente del terror que siente al comprender que pagará por el daño irreparable causado a quien más debió amar.
Con gente como esa, Zoe sabe que no vale la pena perder el tiempo en discursos. No tienen salvación ni entendimiento; solo queda extirparlos como a la plaga que son para evitar su propagación. La mujer gritó con todas sus fuerzas cuando su turno llegó y sintió el filo del acero sobre su piel.
__Todo por placer. El mismo placer que nunca vas a volver a sentir__. Susurró Zoe mientras continua la tortura.
Al ver la macabra escena, el hombre intentó arrastrarse para huir, pero Zoe lo detuvo con un solo movimiento, estrellándolo de nuevo contra el suelo. En un instante de pura crueldad, le cortó la lengua con la misma precisión quirúrgica que ha utilizado con la mujer.
La tortura continuó en silencio hasta que los criminales murieron ahogados en su propia sangre, con los globos oculares fuera de sus órbitas, las lenguas cercenadas, las uñas arrancadas una a una, los dedos destrozados, y los miembros genitales y manos amputadas por completo.
Una vez cumplido su cometido, Zoe se aseó en el pequeño espacio de uso personal que mantiene dentro de la mazmorra. Tras cambiarse, se concentró en sus habilidades mágicas y teletransportó los restos de los cuerpos directamente a la habitación de la vivienda que habían utilizado como supuesto hogar. Luego, regresó a la cuna de la niña, quien sigue profundamente dormida gracias a su hechizo previo. Con sumo cuidado, la tomó en brazos y se teletransportó hacia el Hospital General de Veridiana, donde la dejó en el área de emergencias haciéndose pasar por un transeúnte anónimo, retirándose en el instante en que el personal médico se hizo cargo de la menor.
Zoe llegó a su departamento a las 6:00 de la mañana. Dispone de apenas cuarenta minutos para arreglarse antes de presentarse a trabajar en la central. Al tratarse de una operación de infiltración, dejó de lado su habitual atuendo de combate (chaqueta de cuero, pantalones, top oscuro y botas de motociclista) para optar por un estilo más discreto y formal. Se enfundó en un vestido negro de manga larga, con un escote de corazón sutil que cae con gracia sobre su figura, y calzó unas botas de cuero elegante de tacón bajo. Sabe que con ese uniforme encubierto pasará desapercibida como auxiliar en el orfanato, lo que le permitirá recopilar la información necesaria sobre la red de trata.
Llegó a las instalaciones a diez minutos de su hora de entrada. Justo detrás de ella, los tenientes López, Suárez y Contreras caminan apresurados, mientras que el capitán Alarik Black ya los espera en el interior. Se saludaron con una breve inclinación de cabeza. En el corto tiempo que llevan trabajando juntos, los hombres han aprendido que la sargento no pronuncia una sola palabra que no sea estrictamente necesaria. Prefieren darle su espacio, sabiendo que hablara cuando lo considere pertinente.
Al entrar al despacho, encontraron a Black de pie frente a su escritorio. Su porte recto, frío y calculador llena el espacio, dejando claro que el equipo esta listo para comenzar una nueva fase en la operación destinada a desmantelar la red de trata y salvar a las potenciales víctimas.
se vuelven justicieros en un mundo decadente.
que buena esta está historia y lo que falta