En Valenora, una ciudad donde el poder se hereda con sangre y la traición puede destruir imperios, dos familias dominan las sombras.
Alessia Bellandi, heredera de una poderosa familia italiana, ha aprendido a vivir entre secretos, lealtades y decisiones que nunca le han pertenecido.
Mikhail Orlov, heredero de un imperio ruso construido con disciplina y peligro, sabe que en su mundo una sola equivocación puede costar demasiado.
Cuando una amenaza comienza a mover piezas en las sombras, los Bellandi y los Orlov se ven obligados a sellar una alianza que nadie esperaba: un matrimonio por conveniencia.
Pero lo que comienza como un pacto frío pronto se convierte en una batalla de voluntades, deseo contenido y emociones que ninguno estaba preparado para sentir.
Mientras enemigos ocultos intentan destruirlos desde dentro, Alessia y Mikhail descubrirán que confiar puede ser el riesgo más peligroso ...y también el más inevitable.
porque algunas guerras nacen de la sangre .
Y otras del amor .
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Capitulo 12:La corona y la serpiente
El almacén quedó en silencio después de aquellas palabras.
La lluvia seguía golpeando el techo metálico mientras todos observaban el símbolo en la pantalla del portátil.
La corona atravesada por una serpiente.
Oscura.
Elegante.
Amenazante.
Alessia miró a Mikhail.
—¿Qué es exactamente?
Él no respondió enseguida.
Parecía atrapado en algún recuerdo que no le gustaba.
Yuri cerró lentamente el portátil.
—Hace años escuchamos rumores sobre ellos en Moscú.
Alessia frunció el ceño.
—¿Ellos quiénes?
Mikhail finalmente habló.
—Una organización que trabaja en las sombras. No tienen nombre oficial. Solo ese símbolo.
—¿Mafiosos?
Yuri soltó una pequeña risa seca.
—Peor.
El ambiente se volvió más pesado.
Mikhail tomó el portátil.
—No controlan territorios como las familias normales. Ellos controlan personas.
—No entiendo.
—Se infiltran —respondió él—. Compran gente. Policías. Guardias. Familias enteras si es necesario.
Alessia sintió un escalofrío incómodo.
—¿Y qué quieren aquí?
Mikhail la miró directamente.
—Valenora.
Una hora después abandonaron el muelle siete.
El portátil iba ahora en manos de Yuri.
El hombre capturado había sido entregado a los Orlov para interrogarlo.
Pero incluso así, Mikhail seguía sintiendo que faltaban piezas.
Demasiadas piezas.
El auto avanzaba bajo la lluvia mientras Alessia permanecía en silencio.
Pensando.
Analizando.
Eso llamó la atención de Mikhail.
—¿Qué pasa?
Ella giró apenas el rostro.
—Valentina no puede manejar algo así sola.
—Lo sé.
—Entonces alguien la está usando.
Yuri asintió desde adelante.
—O alguien la convenció de que estaba ganando algo.
Alessia bajó la mirada.
La idea le revolvía el estómago.
Valentina era ambiciosa.
Manipuladora.
Pero aquello…
Aquello era demasiado grande.
Mikhail observó el reflejo de Alessia en la ventana.
Y por primera vez notó algo que no había visto antes.
Debajo del carácter fuerte y la actitud desafiante… estaba preocupada de verdad.
No por ella.
Por su familia.
Cuando llegaron a la residencia Bellandi, Vittorio ya estaba esperándolos.
Escuchó todo sin interrumpir.
El portátil.
Los nombres.
El símbolo.
La expresión de su rostro se endurecía más con cada palabra.
—Rusia… —murmuró finalmente.
Mikhail apoyó las manos sobre el escritorio.
—Esto no es una pelea entre Bellandi y Orlov.
—Entonces, ¿qué es?
Mikhail sostuvo su mirada.
—Alguien quiere debilitarnos a ambos para quedarse con las rutas de Valenora.
El silencio cayó.
Vittorio miró hacia Alessia.
Después hacia Yuri.
—¿Cuántos nombres aparecieron?
—Once —respondió Yuri.
—¿Todos confirmados?
—Todavía no.
Vittorio caminó lentamente por el despacho.
—Si esto sale a la luz antes de tiempo, las familias se destruirán entre ellas.
—Exactamente lo que quieren —dijo Mikhail.
La tensión se volvió asfixiante.
Porque todos entendían algo.
Ya no podían confiar en nadie.
Más tarde, Alessia salió al balcón principal buscando aire.
La lluvia había disminuido.
El jardín estaba oscuro y silencioso.
Escuchó pasos detrás de ella.
No necesitó girarse para saber quién era.
Mikhail se apoyó junto a la baranda.
Durante unos segundos ninguno habló.
—¿Siempre es así? —preguntó Alessia finalmente.
—¿Así cómo?
—Violencia. Traiciones. Personas desapareciendo.
Mikhail observó la ciudad.
—Sí.
Ella soltó el aire lentamente.
—Qué vida tan horrible.
Una pequeña sombra apareció en él.
—Y aun así sigues aquí.
Alessia giró el rostro hacia él.
—Porque es mi familia.
Mikhail la miró de reojo.
—Ahora entiendes algo importante.
—¿Qué?
—En nuestro mundo, el amor y la lealtad casi siempre terminan convirtiéndose en debilidad.
La frase quedó suspendida entre ellos.
Alessia sostuvo su mirada.
—No estoy segura de creer eso.
—Lo harás.
El tono fue tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Como si hablara desde experiencia propia.
Ella quiso preguntar más.
Pero algo la detuvo.
Porque por primera vez sintió que detrás de la calma de Mikhail había heridas que todavía no mostraba.
Y eso la intrigaba más de lo que debería.
Dentro de la casa, Giulia caminaba por el pasillo cuando escuchó voces en la biblioteca.
Se detuvo.
La puerta estaba apenas abierta.
Reconoció una de inmediato.
Valentina.
—No me importa lo que pase con Alessia —dijo con frialdad—. Solo quiero lo que me prometieron.
Giulia sintió el corazón acelerarse.
Había otra voz masculina.
Distorsionada.
—Todo a su tiempo.
—Ya hice suficiente.
—Todavía no.
Hubo silencio.
Después el hombre habló otra vez.
—Necesitamos el archivo completo de los Orlov.
Giulia abrió los ojos.
Valentina bajó la voz.
—Mikhail Orlov está demasiado cerca de ella.
La respuesta del hombre llegó tranquila.
—Entonces usa eso.
Giulia retrocedió lentamente.
El pulso le golpeaba fuerte.
Acababa de escuchar demasiado.
Y en el momento en que intentó alejarse…
pisó una tabla suelta del piso.
El sonido rompió el silencio.
Dentro de la biblioteca todo se detuvo.
La voz del hombre se volvió fría.
—¿Quién está ahí?
Giulia sintió que la sangre se le helaba.
Y entonces escuchó pasos acercándose hacia la puerta.