accidente… y despierta en el cuerpo de un personaje dentro de la novela que estaba leyendo.
No es una heroína.
No es alguien importante.
Es alguien destinada a morir.
Y lo peor… es saber exactamente a manos de quién.
El duque.
Frío, implacable y peligroso, el mismo hombre que en la historia original termina con su vida. Decidida a cambiar su destino, ella hará todo lo posible por mantenerse lejos de él.
Pero hay algo que no estaba en la novela.
Una conexión inexplicable.
Una mirada que la reconoce.
Un lazo que no puede romper.
Porque mientras ella intenta huir de su muerte…
él comienza a acercarse como si siempre le hubiera pertenecido.
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descubrimiento
Desde que regresé a la mansión…
Algo no encajaba.
No era evidente.
No era algo que cualquiera notaría.
Pero yo no era cualquiera.
No ahora.
Observé en silencio durante días.
Rutinas.
Sirvientes.
Movimientos.
Y fue entonces cuando lo noté.
Las pequeñas diferencias.
—Demasiada… atención hacia Mirel…
Mi mirada se volvió más fría.
No era solo preferencia.
Era coordinación.
Como si…
Todo girara en torno a ella.
—Interesante…
Giré ligeramente el rostro.
—Laura.
Mi sirvienta se inclinó.
—Sí, señorita.
La observé con detenimiento.
Desde el inicio, no había mostrado comportamientos extraños.
No había señales de traición.
Nada sospechoso.
Y en este mundo…
Eso ya era mucho decir.
—Necesito que hagas algo por mí.
Sus ojos no vacilaron.
—Lo que ordene.
Me acerqué un poco más.
Mi voz bajó.
—Observa.
Una pausa.
—Especialmente por las noches.
No preguntó.
No dudó.
Solo asintió.
—Entendido.
Perfecto.
Los días pasaron.
Y con ellos…
Las respuestas comenzaron a aparecer.
—Señorita…
La voz de Laura fue apenas un susurro cuando entró en mi habitación.
Cerró la puerta con cuidado.
—Hay movimientos extraños.
Mi corazón no se aceleró.
Pero mi mente…
Se afiló.
—Habla.
—La señorita Nyra ha estado recibiendo visitas… a escondidas.
Mi mirada se endureció.
—¿Quién?
—Una mujer.
Hizo una breve pausa.
—prima lejana de la marquesa su madre.
Una sonrisa fría apareció en mis labios.
—Virelya Northe…
La serpiente.
Había llegado.
Tal como recordaba.
—Continúa.
—Anoche… logramos escuchar parte de la conversación.
Mis dedos se tensaron apenas.
—¿Y?
Laura dudó un segundo.
—Hablaron de… un veneno.
Silencio.
Pesado.
Denso.
—¿Estás segura?
—Sí, señorita.
Mi mirada se volvió peligrosa.
—Así que ese es el método…
En la novela nunca se explicaba claramente.
Solo el resultado.
La muerte.
Rápida.
Silenciosa.
Sin sospechas.
Pero ahora…
Lo sabía.
—Veneno…
Me levanté lentamente.
Caminé hacia la ventana.
La noche estaba tranquila.
Demasiado tranquila.
—¿Objetivo?
Laura bajó la mirada.
—No lo dijeron directamente…
Pero…
Ambas lo sabíamos.
—La hija del ministro…
Marian.
Cerré los ojos un instante.
—Ya empezaron a moverse…
Pero esta vez…
Yo iba un paso adelante.
Abrí los ojos lentamente.
—Necesitan el momento perfecto.
El lugar correcto.
Sin testigos.
Sin errores.
—Entonces…
Una leve sonrisa apareció en mis labios.
—Solo tengo que adelantármele.
Me giré hacia Laura.
—Quiero saber todo.
Quién entra.
Quién sale.
Qué llevan.
Qué dicen.
No quiero suposiciones.
Quiero pruebas.
—Sí, señorita.
Laura salió en silencio.
Y yo…
Me quedé sola.
Pero ya no era la misma.
Apoyé la mano sobre el escritorio.
—Selena…
—Nyra…
—Virelya…
Mi mirada se endureció.
—Esta vez…
No serán ustedes quienes controlen el juego.
Porque ahora…
Sé exactamente cómo intentarán matar.
Y no voy a permitirlo.
Mientras todo se movía en el marquesado…
En el palacio real, la situación no era diferente.
El príncipe Maximilian.
El heredero olvidado.
Un nombre que pocos pronunciaban con respeto.
Y menos aún… con afecto.
Creció en silencio.
A la sombra de la reina Sofía.
Una mujer elegante.
Refinada.
Pero fría.
Demasiado fría.
Nunca lo reconoció como hijo.
Nunca lo protegió.
Nunca… lo quiso.
Porque su existencia era una mancha.
El recuerdo de una traición del rey.
Un error que no podía borrar.
Y por eso…
Eligió ignorarlo.
O peor…
Despreciarlo.
Los pasillos del palacio eran amplios.
Imponentes.
Pero para Maximilian…
Siempre fueron una jaula.
Sin aliados.
Sin apoyo.
Sin voz.
Muchos lo llamaban príncipe.
Pero pocos lo trataban como tal.
Y aun así…
Seguía en pie.
Observando.
Aprendiendo.
Esperando.
La reina, por otro lado…
No era una mujer que dejara cabos sueltos.
Su mirada siempre estaba en el poder.
ya quiero saber que sige ☺️☺️☺️