Novela +18.
Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.
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Capítulo 18 — Donde se rompen los límites
Erick no sabía qué decir, lo vi en su mirada, en la forma en que su pecho subía y bajaba con ese control que siempre mantenía frente a todos, pero esta vez había algo más, algo que no ocultaba del todo; estaba enojado, sí, eso era evidente, pero no era solo eso, había otra cosa que reconocí sin querer hacerlo, algo que se encendía al verme así, con el noble en el suelo, con la espada firme en mis manos, con la decisión tomada antes de que él llegara.
Yo también lo sentí.
El noble se movió, apenas, intentando incorporarse con torpeza y sacar algo de su saco, y fue en ese instante cuando Erick reaccionó sin vacilar, sin advertencias, su mano se movió con precisión, sacó su arma y disparó de un solo movimiento, seco, directo, el sonido llenó la habitación y luego todo quedó en silencio.
El cuerpo cayó junto con el arma que tenía en su saco.
No hubo segunda oportunidad.
Mis manos no temblaron, pero sentí el peso de lo que acababa de pasar, y cuando levanté la vista, él ya no miraba al noble.
Miraba a Gabriela.
El arma seguía firme en su mano, ahora apuntándole a ella.
Gabriela no se movió de inmediato, pero su respiración cambió, sus hombros se tensaron, sus ojos buscaron algo en él, algo que ya no estaba.
—Duque… —dijo, su voz más baja de lo que la había escuchado antes—, escúcheme.
—Cállate —respondió él, sin subir la voz, pero con un tono que no dejaba espacio a réplica—, no tienes derecho a pedirme nada.
Di un paso adelante.
—Erick.
No me miró.
—Apártate.
—No.
Eso sí hizo que girara el rostro hacia mí.
—Rosaline, no te metas.
—Ya estoy metida.
Me acerqué más, hasta quedar lo bastante cerca como para sentir la tensión en su brazo, el arma no bajaba, su decisión estaba clara, y eso fue lo que me hizo actuar sin dudar.
Tomé su mano.
—Ella me ayudó a salir.
Su mirada cambió apenas, lo suficiente para saber que me había escuchado, pero no lo suficiente para que cediera.
—¿Qué dijiste?
—Me soltó —repetí, firme—, me sacó de ahí, me llevó al bosque… si estoy aquí es porque ella decidió no dejarme.
El arma no se movió.
—Y en ese bosque —su voz bajó, cargada de rabia contenida— hay animales e incluso serpientes venenosa… podrías haber muerto igual.
Me sorprendí. Gabriela me había asegurado de ese camino. Sus ojos se clavaron en los míos, buscando algo, midiendo si lo que decía tenía peso o si era una excusa.
Ella tragó saliva, su orgullo no estaba igual, pero tampoco había desaparecido.
—Si no encontraban su cuerpo aquí… —empezó, con una calma extraña—, yo podía salvarme.
El aire se volvió más denso.
—Sabía que usted vendría rápido —continuó—, siempre lo hace cuando algo le importa mucho.
—¿Y eso te daba derecho? —preguntó él, frío.
—Me daba una oportunidad.
—¿De qué?
—De no caer con él.
Señaló el cuerpo en el suelo sin mirarlo.
—Sabías lo que estaba pasando —dijo Erick.
—Sí.
—Y no hiciste nada hasta el final.
—Hice lo que pude cuando entendí lo que iba a pasar.
—Eso no es suficiente.
—Para usted no —respondió ella—, para mí fue lo único que me quedaba.
La tensión entre nosotros no era nueva, pero había cambiado, ahora era más directa, más difícil de ignorar.
Erick bajó apenas el arma, no del todo, pero lo suficiente para que el aire dejara de sentirse al borde de otro disparo, su mirada seguía fija, dura, y su respiración pesada decía más de lo que estaba dispuesto a admitir.
—Igual pagarás.
Gabriela apretó los labios, su expresión cambió.
Erick finalmente bajó el arma con un movimiento controlado, sin perder esa rigidez que lo sostenía.
—Eso no borra nada, ni tu intento de salvarla, ni todo lo que hiciste antes —su voz no subió, pero pesó más—. Y no voy a fingir que sí.
Se acercó sin apuro, la tomó del cabello con firmeza, obligándola a mirarlo.
—Vas a hacer algo simple —continuó—. Vas a ir por el mismo bosque que le señalaste a Rosaline, el mismo camino, sin ayuda, sin escolta; si logras salir… vivirás.
El silencio cayó pesado entre nosotros; Gabriela lo miró, sorprendida, como si no esperara esa decisión.
—Lo acepto —respondió, sin temblar, aunque su voz no era tan firme como antes.
No discutió más.
Erick y yo la seguimos hasta el inicio del sendero, el bosque se abría frente a nosotros, oscuro a pesar de haber luz del día, cerrado, sin promesas; Gabriela no miró atrás, caminó con la cabeza alta, como si aún quisiera sostener algo de orgullo, y desapareció entre los árboles.
Yo solté una de las espadas, dejándola caer al suelo, el sonido seco rompió ese último hilo de tensión, y sin mirar atrás, di un paso hacia Erick.
—Tenemos que irnos.
Él asintió, sin discutir.
—Volveré después —dijo—, esto no puede quedar así. Lo primero es atenderte.
No añadí nada más.
Salimos de ese lugar juntos, el aire parecía más pesado afuera, o tal vez era yo quien todavía no lograba soltar lo ocurrido.
Cuando llegamos al caballo, él me sostuvo con seguridad al subir, sus manos firmes, seguras, como si necesitara asegurarse de que yo estaba ahí, luego se montó detrás de mí, y en cuanto el caballo empezó a moverse, el ritmo nos obligó a guardar silencio.
Ese silencio no era vacío, estaba lleno de cosas que ninguno decía todavía.
Sentí sus brazos rodearme, más firmes de lo necesario, no incómodos, pero sí distintos, había tensión en ese contacto.
—Rosaline —dijo al fin, su voz más baja que antes.
Esperé.
—Nunca había sentido algo así —continuó—. Cuando me dijeron que te habían llevado… no pensé, solo actué.
Sus brazos se ajustaron un poco más alrededor de mí, no con brusquedad, sino con una necesidad que no escondía.
—No sabía cómo reaccionar —añadió—, todo era impreciso hasta que tuve una pista.
Giré un poco el rostro, lo suficiente para verlo de perfil.
—¿Qué pista?
Él notó mi expresión, lo entendió sin que lo dijera en voz alta.
—Mi prima —respondió—, la princesa; me debía un favor, usó sus recursos, movió gente, revisó rutas… sin eso, habría tardado más.
—Entiendo.
Sus ojos se detuvieron en los míos un instante, como si midiera mi reacción.
—No fue exageración —dijo—. Ni una sola decisión lo fue.
No aparté la mirada.
—No lo estoy cuestionando.
Eso pareció detenerlo un segundo.
—Entonces ¿qué piensas?
Tomé aire, dejé que el movimiento del caballo marcara el ritmo antes de responder.
—Pienso que actuaste como alguien que no estaba dispuesto a perder lo que amas —dije con calma—, y eso me demuestra que te importo más que las palabras.
Su mirada cambió apenas.
—Tal vez sea frío y aveces cruel, Rosaline. Sin embargo. Cuando estoy contigo, deseo darte todo el cariño que pueda.
Erick me tomó de la mano. Y continúo hablándome.
—Mi corazón te pertenece.
Hizo otra pausa. No lo interrumpi porque no era común que él se expresará tanto y con sinceridad.
—Y cuando te vi con esas dos espadas, con él en el suelo… entendí algo.
Esperé.
—Que te subestimé una vez más—dijo sin rodeos.
—No quería dejarte todo a ti. Quiero ser tu igual incluso si eso implica las armas— apreté más su mano.
Él aceptó besándome con suavidad. El caballo siguió avanzando, el sonido de los cascos llenando el espacio entre nosotros.
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Mis amores. está novela no será muy larga. de hecho puede que me quede dos capitulos más.
Le agradezco por leerme en esta y en las otras novelas. 🫶🏾