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Secretos Y Pecados.

Secretos Y Pecados.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Reencuentro / Amor-odio / Mundo de fantasía / Amor a primera vista / Romance
Popularitas:320
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Tres casi hermanos, una finca cargada de sombras y un destino que se escribe en la sangre. Sofía, una científica brillante cuya única pasión es un laboratorio que la aísla del mundo; Julián, un hombre de un temperamento volcánico que oculta un poder devastador; y Esmeralda, la calma necesaria en medio de la tormenta familiar. En un lugar donde la tierra parece estar viva, los tres se verán arrastrados por deseos prohibidos y amores que desafían su lógica, mientras el misterio científico de su legado amenaza con consumirlos a todos.

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Capítulo 19: Sofía

...Sofía ...

Sus pulgares comenzaron a trazar círculos sobre mis pezones, estimulándolos hasta que se endurecieron bajo su tacto. Eché la cabeza hacia atrás, soltando un gemido que se perdió en el sonido de las burbujas.

Rodrigo se acercó más. Sus labios encontraron la piel sensible detrás de mi oreja. Me propició un pequeño mordisco, seguido de una succión que me hizo arquear la espalda. Sus manos seguían trabajando mis pechos mientras su boca descendía, atrapando uno de mis pezones entre sus labios, jugando con su lengua, alternando entre la delicadeza y la urgencia.

—¿Te gusta lo que hago? —gruñó contra mi piel.

—Sí... está claro que sí —confesé, entregada a la dinamita que sentía bajo la piel.

Su mano bajó de nuevo, pero esta vez no hubo tela de por medio. Sus dedos entraron en contacto directo con mi intimidad. El movimiento era circular, experto, manejando mi cuerpo como si fuera un instrumento que él conocía a la perfección.

—Sabes que me tienes muy caliente, Sofía —dijo, usando mi nombre por primera vez. Sonó como una advertencia, como un reclamo de posesión.

Tomó mi mano y la llevó hacia sus boxers. Debajo de la tela húmeda, su hombría estaba dura como una roca, pulsando con la misma urgencia que yo sentía. Me besó entonces de forma desesperada, un beso que sabía a vino y a deseo acumulado. Era un lenguaje que yo empezaba a reconocer. De un movimiento ágil, me levantó en vilo. Se sentó en el escalón del jacuzzi y me colocó sobre él, con mis piernas rodeando su cintura.

Sentir el agua caliente, su tórax desnudo contra mis senos y esa dureza presionando contra mi entrada era casi insoportable. Él jugaba entre mi boca y mi cuello, usando una mano para sujetar mi cabello y aumentar la presión del beso, a su vez movía su pelvis de arriba abajo tentándome a pedirle lo que tanto buscaba.

—Déjame hacerte mía —susurró en mi oído, su voz rota por el deseo.

—No... no quiero aparearme todavía —respondí, usando esa palabra clínica para intentar mantener un vestigio de control. Tenía miedo de entregar esa última frontera, de dejar que alguien como él dejara una marca permanente en mí.

—Ya no aguanto más... esto es un dolor continuo, y sabes algo ese término está obsoleto —gruñó él, apoyando su frente contra la mía—. Concédeme un deseo, Sofía.

—que?.

—Hazme llegar con tus manos.

Dudé un segundo. Pero él había respetado mi "no" final a pesar de estar al límite. Asentí. Mis manos bajaron y lo liberaron de la prenda húmeda. Lo rodeé con fuerza, sintiendo el calor y la vida bajo mi palma. Comencé un movimiento rápido, repetitivo, siguiendo el ritmo que su mano en un principio me enseñó y mi propia respiración me dictaba. Rodrigo hundió su rostro en mi cuello, devorándome con besos mientras yo aceleraba el paso. Sentí su cuerpo tensarse, sus dedos enterrándose en mis caderas, hasta que un gemido profundo escapó de su garganta y sentí el calor final de su orgasmo sobre mis manos.

Me abrazó de inmediato, un gesto instintivo y protector que me tomó por sorpresa.

—Epa... ¿qué haces? —pregunté, un poco aturdida.

Él soltó una carcajada suave, relajada.

—Okey, lo siento. Ya te suelto.

Nos quedamos en silencio un rato más, terminando la botella de vino bajo el cielo nocturno que se vislumbraba tras los vidrios. A la una de la mañana, el frío empezó a ganar la batalla. Me puse de pie, sintiéndome extrañamente ligera, y me envolví en el sobre todo de paño.

—Me voy —dije.

—Yo también.

Lo seguí por el pasillo. Al pasar frente a su puerta, él se detuvo y me sujetó suavemente de la muñeca.

—Aguarda. Quédate aquí esta noche. No pasará nada, lo prometo.

—¿Por qué razón lo haría?

Rodrigo me miró con una honestidad desarmante.

—Quiero sentir tu calor junto al mío para dormir. Es un tacto que extraño. He notado que te gusta usarme para sentir placer sin extralimitarte; te gusta la reacción de tu cuerpo ante el mío. No lo tomes a mal, solo quédate. Tengo la bandera blanca arriba.

Su análisis era tan preciso que no pude rebatirlo. Él estaba empezando a entender mis propósitos mejor que yo misma.

—¿Y por qué no te quedas tú en el mío? —pregunté.

—Es más sencillo aquí. Menos riesgo de que alguien nos vea.

Tenía razón. Entré en su cuarto, un espacio que olía enteramente a él.

—Dame una camisa para quitarme el bañador mojado —le pedí.

Me entregó una camisa blanca sin botones. Me encerré en el baño y me cambié. La prenda me llegaba a las rodillas, ocultando mi desnudez pero dejándome sentir la suavidad del algodón contra mi piel aún sensible. Cuando salí, él ya estaba en la cama, en boxers secos. Me deslicé a su lado, manteniendo mi vista en el techo.

—Sé cuál es tu propósito, Sofía. Leo fácilmente a la gente. Y me parece injusto que yo terminara y tú no... —Me miró de lado—. ¿Me permites?

Antes de que pudiera protestar con mi léxico médico, él se acercó.

—Ya lo sé, no quieres "aparearte". Solo disfruta.

Sus labios regresaron a mi cuello. Levantó la camisa blanca con una delicadeza que no le conocía, recorriéndome con la mirada como si me estuviera memorizando. Sus besos bajaron por mi vientre, lentos, húmedos, hasta que su lengua encontró el centro de mi placer en mi intimidad.Con su pulgar presionando rítmicamente y su lengua trabajando en círculos profundos, perdí la noción del tiempo. Empecé a sentir contracciones internas, un estallido que recorrió cada nervio de mi cuerpo. Mis piernas temblaron involuntariamente mientras soltaba un suspiro que fue casi un grito de satisfacción.

—Wao... esto fue fenomenal —dije, cuando recuperé el aliento.

—Pareces sorprendida —sonrió él, victorioso.

—Haz silencio.

—Vale. Solo acércate. Quiero dormir pegado a ti.

Sin protestar, busqué el refugio de su pecho. Sentir su brazo rodeando mi cintura me dio una seguridad que no esperaba encontrar. En segundos, me hundí en un sueño profundo, formando esa imagen cliché de una pareja común, aunque nosotros fuéramos cualquier cosa menos eso.

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Estefaniavv
🥰🥰👏
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