Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El huésped que no debía entrar
El sonido de la lluvia llegó antes que la luz.
Golpes constantes contra los techos de madera.
Un murmullo húmedo que se colaba por cada rincón del ryokan.
El ambiente era distinto.
Pesado.
Inquieto.
—Vamos, muévete.
La voz de Rita rompió el silencio sin cuidado.
Hikari abrió los ojos de golpe, aún atrapada en el sueño, el cuerpo pesado, la mente… no del todo en ese lugar.
—El clima está horrible —continuó Rita, jalando ligeramente una de las mantas—. Y eso solo puede significar problemas.
Hikari se incorporó con rapidez.
—Ya voy…
—Hay que limpiar, así que muévete.
No hubo más opción.
Minutos después, Hikari ya estaba con el uniforme puesto, el cabello recogido de cualquier forma y las manos buscando automáticamente sus herramientas de limpieza.
Cubeta.
Paños.
Cepillo.
Todo se sentía… más familiar ahora.
Más automático.
—Te toca el pasillo del ala este —dijo Rita, entregándole un paño limpio—. Junto al jardín.
Hikari levantó la mirada.
—¿El que tiene las puertas corredizas?
—Ese mismo.
Rita sonrió.
Pero no fue una sonrisa inocente.
—Es el más pesado en este temporal.
Una pausa.
Luego añadió, guiñándole un ojo y sacándole la lengua—
—Parece que alguien no está muy contento contigo.
Y se fue.
Hikari se quedó quieta un segundo.
—…¿eh?
Pero no preguntó más.
Ya sabía.
No necesitaba que se lo explicaran.
Caminó por el pasillo, sintiendo el aire más frío conforme avanzaba.
La lluvia golpeaba fuerte del otro lado.
El sonido era constante.
Insistente.
Cuando llegó—
lo vio.
Lodo.
Por todos lados.
Huellas marcadas sobre la madera.
Agua arrastrada desde el exterior.
Suciedad acumulada en las esquinas.
Hikari dejó escapar un suspiro.
—…ok…
Se acercó primero a las puertas corredizas que daban al jardín.
Las cerró con cuidado.
El sonido de la lluvia se volvió más apagado.
Más contenido.
Pero no desapareció.
Tomó el paño.
Se arrodilló.
Y comenzó.
El primer contacto fue frío.
El agua mezclada con tierra hacía el piso resbaloso.
Pesado.
Frotó.
El lodo no cedía fácil.
Frotó otra vez.
Más fuerte.
El movimiento se volvió repetitivo.
Rítmico.
Pero más pesado que el día anterior.
La humedad se pegaba a la piel.
El aire se sentía denso.
—…esto sí está peor…
murmuró.
Pero no se detuvo.
Porque algo dentro de ella—
ya no la dejaba rendirse tan fácil.
Pasó de una sección a otra.
Limpiando.
Arrastrando.
Secando.
El sonido del paño contra la madera se mezclaba con la lluvia.
Hasta que—
se detuvo.
Algo no estaba bien.
No era el lodo.
Era el ambiente.
El aire se volvió más frío.
De golpe.
Hikari frunció ligeramente el ceño.
Miró alrededor.
Las puertas estaban cerradas.
No había corrientes de aire.
Y aun así—
ese frío.
Se colaba.
Como si viniera de otro lado.
—…¿Rita…?
murmuró.
Pero sabía que no estaba ahí.
El silencio respondió.
La lluvia… seguía.
Pero algo más—
también.
Un leve sonido.
Como pasos.
Sobre el lodo.
Detrás de ella.
Hikari se quedó completamente quieta.
El paño detenido en su mano.
El corazón… acelerándose.
No había escuchado a nadie entrar.
No había visto—
Pero lo sintió.
Presencia.
Lenta.
Pesada.
—…no es gracioso…
susurró.
Más para darse valor que para otra cosa.
El sonido volvió.
Más cerca.
Un paso.
Arrastrado.
Hikari tragó saliva.
Y lentamente—
giró.
Pero no había nadie.
El pasillo estaba vacío.
Las huellas seguían ahí.
Pero no había—
—…
Entonces lo vio.
Las huellas.
No estaban quietas.
Se estaban formando.
Frente a ella.
Una.
Luego otra.
Marcándose sobre el lodo.
Como si algo invisible—
estuviera caminando.
Hikari retrocedió un paso.
El corazón le golpeó el pecho.
—…no…
Otra huella.
Más cerca.
El aire se volvió aún más frío.
Y entonces—
una gota.
Cayó.
Pero no del techo.
Desde arriba.
Como si algo—
estuviera justo frente a ella.
Respirando.
El paño cayó de sus manos.
—…¿quién…?
El silencio respondió.
Pero esta vez—
no estaba vacío.
Estaba lleno.
De algo que no podía ver.
Y que—
no estaba nada contento.
El frío no desapareció.
Se volvió más denso.
Más cercano.
Hikari no podía verlo bien… pero ahora lo sentía claramente.
Había algo ahí.
Frente a ella.
La lluvia afuera golpeaba con más fuerza.
Pero dentro del pasillo…
también estaba lloviendo.
Gotas.
Lentas.
Pesadas.
Cayendo desde un punto fijo en el aire.
La silueta comenzó a formarse.
Alta.
Delgada.
Cubierta por una capa de agua que no dejaba ver del todo su forma.
No tenía rostro.
O al menos… no uno claro.
Solo una superficie lisa.
Oscura.
Vacía.
Hikari sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Pero no retrocedió.
—Señor… —dijo con cuidado— no puede estar aquí…
Su voz fue suave.
Profesional.
Como Rita le había enseñado.
—Es peligroso… podría resbalar…
Silencio.
El yokai dio un paso.
El agua se deslizó con él.
No hizo ruido.
Pero su presencia llenó el espacio.
—Hikari…
El susurro fue hueco.
Distante.
Como si viniera desde muy lejos.
El corazón de Hikari se apretó.
—…sí… ese es mi nombre…
No sabía por qué respondía.
Pero lo hacía.
—Puedo ayudarlo… —añadió, tragando saliva—. Quizá… regresar al área de huéspedes…
El yokai no respondió.
Pero no se fue.
Se quedó ahí.
Frente a ella.
Inmóvil.
Como esperando.
Hikari bajó lentamente la mirada.
Recordó.
Reglas.
Respirar.
No mostrar miedo.
—…sígame —dijo finalmente.
Y se giró.
Un paso.
Luego otro.
Y el sonido no eran pasos.
Era agua.
Siguiéndola.
El trayecto fue lento.
Cada paso de Hikari se sentía medido.
Consciente.
Y detrás de ella—
esa cosa.
Siempre a la misma distancia.
Sin acercarse más.
Pero sin alejarse.
El aire se volvió más frío conforme avanzaban.
Algunos pasillos parecían oscurecerse ligeramente al paso del yokai.
Hikari no volteó.
No debía.
—…todo está bien… —murmuró para sí misma— solo es un cliente…
Pero en el fondo…
sabía que no lo era.
Cuando llegaron al área de huéspedes, Hikari se detuvo frente a una habitación vacía.
Abrió la puerta.
—Puede quedarse aquí…
Se hizo a un lado.
El yokai no se movió de inmediato.
Pero luego—
entró.
El agua se deslizó tras él.
Hikari cerró la puerta lentamente.
Y por primera vez—
respiró.
—…ok…
—¿Qué crees que estás haciendo?
La voz la atravesó.
Fría.
Hikari giró de inmediato.
Tomoe.
Pero no el Tomoe amable.
Este tenía los ojos duros.
La sonrisa…
desaparecida.
—Yo solo— —intentó Hikari.
—¿Lo trajiste aquí?
Su tono no era alto.
Pero sí peligroso.
Hikari frunció el ceño.
—Era un cliente—
—No.
La palabra cayó como un golpe.
Tomoe dio un paso hacia ella.
—Eso no es un huésped.
El aire se tensó.
—Es un yokai de lluvia.
Hikari parpadeó.
—¿…y eso qué significa?
Tomoe la miró fijamente.
—Significa que no sigue reglas.
Otro paso.
Más cerca.
—Que no paga.
Otro.
—Que no se va cuando debe.
Hikari tragó saliva.
—…yo pensé que—
—Ese es el problema.
Silencio.
Tomoe exhaló lentamente, pasando una mano por su cabello.
—Aquí no puedes pensar como humana.
Sus ojos volvieron a ella.
—Eso que acabas de hacer…
Una pausa.
—puede traer problemas.
Hikari apretó ligeramente los puños.
—…solo quería ayudar.
Tomoe la observó en silencio.
Y algo en su expresión—
cambió apenas.
Muy leve.
—Lo sé.
Pero no sonrió.
—Y por eso mismo… es peligroso.
El silencio cayó entre ellos.
Detrás de la puerta—
algo se movió.
Un leve sonido.
Como agua deslizándose.
Hikari giró apenas la mirada.
—…¿se va a quedar ahí?
Tomoe suspiró.
—Por ahora.
Pero su mirada volvió a endurecerse.
—No vuelvas a hacer eso.
Más bajo.
Más serio.
—Sin preguntar.
Hikari asintió.
Pero dentro de ella
algo no estaba de acuerdo.
Porque esa cosa…
no le había parecido mala.
Y eso— le inquietaba más.