Un simple tropiezo frente a la universidad cambió la vida de Amelia para siempre. Ahora su corazón y su hijo están atrapados entre dos mundos el humano y el del Reino de Fuego. Con Gael a su lado y el poderoso rey Dante observándola, Amelia deberá enfrentarse a decisiones, secretos peligrosos y una magia que puede alterar su destino… para siempre.
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Sombras que vienen del fuego
Amelia todavía estaba intentando procesar lo que había visto.
Una llama.
Real.
Flotando sobre la mano de Gael.
No había trucos.
No había explicación lógica.
Y eso hacía que todo lo demás que él había dicho empezara a tener sentido… aunque fuera imposible.
—Entonces… —dijo Amelia lentamente.
Miró la mano de Gael.
—¿Puedes hacerlo cuando quieras?
Gael apoyó los codos sobre sus piernas.
—Sí.
—¿Y no te quema?
—No.
Amelia suspiró.
—Ok… definitivamente estoy saliendo con alguien que no es normal.
Gael soltó una pequeña risa.
—Eso es una forma de decirlo.
El viento nocturno movió suavemente el cabello de Amelia.
Ella lo observó con curiosidad.
—¿Qué más puedes hacer?
Gael dudó.
—Muchas cosas.
—Eso no responde mi pregunta.
Gael giró la cabeza hacia ella.
—Porque si te lo digo todo ahora, te vas a asustar.
Amelia levantó una ceja.
—Después de ver fuego aparecer de la nada, creo que ya pasé esa etapa.
Gael no respondió.
Pero había algo en su expresión que hizo que Amelia frunciera el ceño.
—Gael…
—¿Sí?
—¿Es peligroso?
Gael no mintió.
—Sí.
Amelia tragó saliva.
—¿Para ti?
Gael negó lentamente.
—Para los que están cerca de mí.
Amelia se quedó en silencio.
Eso cambió el peso de la conversación.
Porque ahora entendía algo importante.
—Por eso no querías decirme nada.
Gael asintió.
—Exactamente.
Amelia miró al frente.
Pensativa.
—Pero ese hombre dijo algo…
Gael ya sabía a qué se refería.
—Que el reino vendría por mí.
—Sí.
Amelia cruzó los brazos.
—Eso no sonó como una advertencia cualquiera.
Gael respiró profundamente.
—Porque no lo es.
Amelia lo miró de inmediato.
—¿Qué significa?
Gael se tomó un momento antes de responder.
—Significa que mi hermano no está acostumbrado a que le digan que no.
—¿Y tú acabas de hacerlo?
—Sí.
Amelia soltó una pequeña risa nerviosa.
—Genial.
Miró el parque oscuro.
—Entonces probablemente vendrá a buscarte.
Gael la observó.
—Es posible.
Amelia volvió a mirarlo.
—¿Y qué pasa cuando venga?
Gael no respondió.
Y ese silencio fue suficiente para que Amelia entendiera que la respuesta no era buena.
—Gael…
Su voz fue más suave.
—¿Esto puede convertirse en un problema para mí?
Gael la miró fijamente.
No quería mentirle.
—Sí.
Amelia cerró los ojos por un segundo.
—Perfecto.
Suspiró.
—Mi vida definitivamente se volvió peligrosa muy rápido.
Gael la observó con preocupación.
—Si quieres mantenerte lejos de todo esto…
Amelia lo interrumpió.
—No.
Gael parpadeó.
—¿No?
Amelia lo miró con determinación.
—No voy a desaparecer solo porque tu vida sea complicada.
Gael no esperaba esa respuesta.
—Amelia…
—Además —continuó ella— ya vi magia real.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—No pienso fingir que no pasó.
Gael no pudo evitar sonreír un poco.
Ella era más valiente de lo que parecía.
Pero también sabía algo.
Ese valor podía ponerla en peligro.
—No entiendes lo que mi mundo puede hacer.
Amelia lo miró directamente.
—Entonces explícamelo.
Gael guardó silencio unos segundos.
Luego habló.
—En mi reino hay guerreros.
—¿Guerreros?
—Personas entrenadas para usar el fuego como arma.
Amelia frunció el ceño.
—Eso suena bastante extremo.
—Lo es.
El viento sopló nuevamente entre los árboles.
El parque estaba completamente vacío ahora.
—Gael…
—¿Sí?
—Tu hermano.
Gael esperó.
—¿Es peligroso?
Gael tardó unos segundos en responder.
—Es un buen rey.
Amelia levantó una ceja.
—Eso no responde mi pregunta.
Gael finalmente dijo la verdad.
—Sí.
Amelia suspiró.
—Lo imaginé.
Se levantó de la banca lentamente.
—Creo que necesito caminar un poco.
Gael se levantó también.
Comenzaron a caminar por el sendero del parque.
Las luces de los faroles iluminaban el camino.
—Entonces dime algo más —dijo Amelia mientras caminaban.
—¿Qué?
—Si tu hermano llega…
Se detuvo y lo miró.
—¿Intentará llevarte a la fuerza?
Gael no pudo evitar una pequeña sonrisa.
—Probablemente.
Amelia abrió los ojos.
—¿Probablemente?
Gael asintió.
—Dante no es una persona paciente.
Amelia cruzó los brazos.
—Empiezo a notar eso.
Caminaron unos metros más.
Pero algo cambió.
Gael se detuvo de repente.
Su expresión se volvió seria.
Amelia lo notó inmediatamente.
—¿Qué pasa?
Gael miró hacia el cielo oscuro.
—¿Gael?
Sus ojos se entrecerraron ligeramente.
—Llegaron.
El corazón de Amelia se aceleró.
—¿Quiénes?
Gael no respondió de inmediato.
Porque en ese momento…
Una ráfaga de viento caliente cruzó el parque.
Las luces de los faroles temblaron.
Amelia sintió el cambio en el aire.
—Gael…
Entonces lo vio.
Tres figuras aparecieron en el extremo del sendero.
Sus siluetas estaban cubiertas por capas oscuras.
Pero algo brillaba en sus manos.
Fuego.
Amelia sintió un escalofrío.
—No puede ser…
Gael apretó ligeramente la mandíbula.
—Son guardias del reino.
Amelia lo miró con sorpresa.
—¿Vinieron por ti?
Gael dio un paso al frente.
Su mirada se volvió fría.
—Sí.
Las figuras comenzaron a caminar hacia ellos.
El fuego en sus manos iluminaba la oscuridad.
Amelia sintió cómo su corazón latía con fuerza.
—Gael…
Él no apartó la mirada de los hombres.
—Quédate detrás de mí.
Los guardias se detuvieron a pocos metros.
Uno de ellos habló.
—Príncipe Gael.
Su voz fue firme.
—El rey Dante exige su regreso inmediato.
El aire alrededor parecía vibrar por el calor.
Gael no se movió.
—Dile a mi hermano…
Su voz fue igual de firme.
—Que ya le di mi respuesta.
El guardia lo miró fijamente.
Luego dijo algo que hizo que la tensión aumentara aún más.
—Entonces tendremos que llevarlo…
Las llamas en sus manos crecieron.
—Por la fuerza.
Y Amelia entendió en ese instante…
Que el mundo de Gael acababa de alcanzarlos.