"Cuatro esposos, cuatro muertes misteriosas, una viuda sospechosa. El detective Eduardo Rizzo se infiltra en la vida de Julieta Vera, la enamora y se casa con ella. Pero cuando la verdad sobre su investigación salga a la luz, ¿podrá su amor sobrevivir al peligro y la traición?"
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Capítulo 16
«Betty, una amiga más de Julieta»
Betty conoció la rutina de su jefa. En la mañana estaba en la inmobiliaria haciendo su papel de CEO y las tardes de los lunes, miércoles y viernes las dedicaba a la fundación.
Primero estaba con niños leyéndoles un cuento y después verificaba los libros contables, revisaba los proyectos y verificaba las donaciones. Ese era su trabajo; entre la inmobiliaria y la fundación pasaba sus días.
Al terminar su jornada, Julieta entregaba a cada niño de la mano a su mamá. Todas la abrazaban con cariño y ella les devolvía ese gesto con una gran sonrisa.
Luego de que la guardería quedó vacía, Julieta invitó a Florecita y a Maribel a su apartamento para prepararles una comida deliciosa. También invitó a Betty, completando así su pequeño círculo de amigas. Eso es un privilegio, porque Julieta es muy reservada y son pocas las personas a las que deja entrar en su vida.
Al llegar al apartamento, Betty observó todo a su alrededor. Aunque la zona era de estrato alto, no había nada ostentoso: los muebles eran sencillos y la decoración hacía que el lugar se sintiera como un hogar acogedor.
Luna llegó dormida en brazos de Julieta. Maribel sacó del cuarto útil un pequeño corral para acostar a la bebé, mientras Florecita sacaba del refrigerador los ingredientes que Julieta necesitaba para cocinar.
Todo fluía entre ellas con tanta naturalidad que parecían hermanas criadas juntas. Betty se sentía fuera de lugar, así que decidió ayudar a Florecita lavando las verduras. Julieta sirvió cuatro copas de vino para que brindaran mientras cocinaban.
―Juli, ¿ahora sí nos vas a contar cómo te fue en la cita? ―le pregunta Florecita.
―Demás que le fue muy bien. Juli es una compañía muy agradable. ―Le responde Maribel.
―Ustedes no dejan de ser unas cotilleras. Solo les diré que mi socio se quiso pasar de romántico conmigo y yo no estoy para romances con nadie. Así que no hubo cita; mi cita fue con mi almohada. ―Julieta les respondió, mientras picaba un pimentón.
Las tres se quedaron mirándola asombradas. Julieta les contaba lo que había sucedido como si hablara del clima.
Ellas siempre le aconsejaban que rehiciera su vida, sobre todo por su deseo de ser mamá, pero Julieta les respondía con evasivas. Su excusa era que estaba maldita: decía que por su culpa habían muerto sus cuatro esposos y que no quería volver a pasar por ese dolor.
―Juli, date una oportunidad. Estás muy joven y la soledad no es buena. ―Florecita le aconsejaba.
―Amiga, ¿cómo vas a cumplir tu sueño de ser madre? ―añadía Maribel.
―Es mejor sola que volver a pasar de nuevo por un dolor tan grande, y mi sueño de ser madre lo puedo cumplir sin necesidad de tener un esposo. Hay tantas formas. Una adopción o una inseminación. ―Julieta responde muy segura, y es que la verdad esa es una opción que ha contemplado hace mucho tiempo.
Betty tomaba nota de todo lo que decía Julieta a sus amigas. Hasta que la atención de Maribel y Florecita se centró en ella.
―Y tú, Betty, cuéntanos de tu vida. ―Ups, las verdaderas detectives ya están haciendo su respectiva indagatoria.
―Pues, ejm, yo también soy viuda y tengo un bebé de un año. Mi mamá me lo cuida para poder trabajar. ―Inmediatamente, el instinto protector de las mujeres se activa al sentirse identificadas con el drama de Betty. Viuda, joven y con un hijo pequeño.
Las amigas terminaron de cenar y se despidieron de Julieta. Florecita se fue en su auto con Maribel y la pequeña Luna, pues vivían cerca, y Betty se fue en un Uber. Julieta quedó sola otra vez.
Los miércoles eran uno de los días que más la relajaban, porque preparaba la cena para sus amigas. En esta ocasión decidió incluir a Betty.
Su historia la conmovió, pero lo que no sabe es que todo es una vil mentira. Betty no es viuda; solo es una madre soltera. Quedó embarazada una noche en que su amor platónico se emborrachó. Ella corrió a auxiliarlo y terminó en sus brazos y en su cama. Pero al día siguiente, él actuó como si nada hubiera pasado.
Betty se tragó su orgullo y no le dijo nada, aunque tenía que verlo casi todos los días. Cuando descubrió que estaba embarazada, tampoco les dijo a sus padres quién era el padre. Mucho menos se lo iba a decir a su papá, que era el jefe directo de ambos.
Llegó el viernes y, con él, otra semana sin avances de Eduardo y su equipo. En cambio, Julieta y su inmobiliaria cumplían el cronograma: en una semana le entregarían a Eduardo el edificio totalmente renovado para su inexistente concesionaria de autos.
Eduardo debía enfrentar otra vez a su jefe. El comisario ya lo tenía en la mira y él todavía no encontraba las pistas necesarias para inculpar a Julieta en los crímenes.
Ese viernes en la tarde llegaron a la oficina del comisario, que siempre estaba de mal genio y con ganas de acabar con alguien. Ahora, con los pocos avances de la investigación, lo más seguro era que sí iba a haber un muerto.
Se sentaron a la mesa y Eduardo, junto con Betty, empezó a exponer cada muerte y los posibles beneficios que Julieta habría obtenido al sacarlos del camino.
―Primer muerto. Móvil: quedarse con su inmobiliaria.
Julieta sostuvo un romance con su jefe que no era un secreto para nadie. Recién había llegado a la empresa como becaria. Lo sedujo, lo enamoró y seis meses después se casaron en una ceremonia íntima. No asistieron sus familias, solo los escoltas del difunto.
Esa misma noche él falleció. Julieta Vera estuvo en la cárcel dos días hasta que fue liberada, porque Medicina Legal dictaminó que la muerte fue causada por combinar sildenafil con un problema de hipertensión mal controlado. —Eduardo expuso el primer caso.
―Entonces sí hay un antecedente de una patología de base. Ese punto desestima la versión de que fue su homicida. ―El comisario hizo la observación.
―Los hijos de Reynel Lozano declararon en contra de Julieta. Sin embargo, ella fue liberada tras el dictamen de Medicina Legal, así que después demandaron para impugnar la herencia, pero sus demandas fueron desestimadas.
La heredera de la mitad de los bienes es Julieta Vera y, desde entonces, es la CEO de la inmobiliaria.
Aun así, ella pudo haber sabido del diagnóstico y darle las pastillas. Al parecer hubo una sobredosis. No creo que un empresario tan inteligente como Reynel Lozano lo hiciera premeditadamente. —Eduardo continuó su análisis.
―Los hijos de ese señor la siguen hostigando. Yo fui testigo de cómo la tratan y ella, aunque se ve fuerte al manejar la situación, sé que esto la rebasa. ―Betty expone lo que ha observado en la oficina.
―¿Y por qué la hostigaron esta vez? ―Eduardo pregunta y el comisario también espera la respuesta.
―Por el negocio que hizo contigo del hotel. Ellos insinúan que ese negocio lo está haciendo a espaldas de ellos y que los está estafando. Pero ella les dejó claro que son negocios aparte, y eso lo confirmé cuando se reunió con el abogado. El contrato no tiene ninguna maña y es totalmente legal. Con eso aclaré que Julieta no está haciendo esta inversión aprovechándose de su papel de CEO de la inmobiliaria. ―Betty quiere aclarar que ella en realidad no se ha beneficiado de nada; antes, por el contrario, con su buen trabajo es que la inmobiliaria ha crecido tanto desde que ella está al mando.