Ella renace decidida a cambiar su futuro, sin perder su sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Lady Rebecca 2
A pesar de que Amber ya se movía por el ducado con naturalidad, había algo que no cambiaba.
El duque… seguía sin confiar en ella.
No era algo evidente para todos. No levantaba la voz, no la confrontaba directamente. Pero Amber lo notaba en los detalles.. en cómo se tensaba apenas cuando ella hablaba, en las preguntas indirectas que hacía a otros sobre su trabajo, en ese silencio suyo que no era indiferencia… sino evaluación constante.
[me está midiendo]—pensó una vez, mientras organizaba unos documentos.
Y no le molestaba.
En realidad… lo entendía.
Ella había aparecido de la nada.
Había entrado directamente al círculo de Rebecca.
Y ahora estaba involucrada en decisiones importantes.
[Si yo fuera él… también desconfiaría]
Así que no intentó convencerlo con palabras.
No intentó agradarle.
No intentó forzar una cercanía.
Simplemente… trabajó.
El cambio comenzó de forma sutil.
Casi imperceptible.
Pero constante.
Amber tenía una costumbre.
Una que no abandonaba nunca.
—“La futura duquesa Dempster”.
Siempre.
Sin excepción.
—Lady Rebecca, creo que esto quedaría mejor para la futura duquesa Dempster.
—La agenda de la futura duquesa Dempster necesita un pequeño ajuste.
—Esto debe estar perfecto. Representa a la futura duquesa Dempster.
Al principio, algunos lo tomaban como formalidad.
Otros, como entusiasmo.
Pero el duque… lo notó.
Porque Amber no lo decía para impresionar.
No lo decía frente a él.
Lo decía siempre.
Con todos.
Incluso cuando Rebecca no estaba presente.
Y eso… era distinto.
Una tarde, mientras revisaban listas para la boda, Rebecca suspiró levemente.
—Esto es demasiado.
Amber levantó la vista.
—¿Demasiado complicado?
—Demasiado… todo.
Amber sonrió.
—Es su boda.
—Lo sé.
—Entonces debe ser perfecta.
Rebecca soltó una pequeña risa.
—Eso suena agotador.
—No para usted.. usted el día de su boda solo debe brillar
Rebecca la miró.
—lo intentare..
Amber asintió, completamente seria.
—Mi trabajo es asegurarme de que todo esté a la altura de la futura duquesa Dempster.
Un pequeño silencio.
Luego…
Rebecca negó suavemente con la cabeza, pero sonriendo.
—Eres imposible.
—Eficiente —corrigió Amber.
Y así, sin darse cuenta del todo, Amber empezó a involucrarse más.
No solo en lo administrativo del ducado…
Sino en la boda.
Primero fueron detalles pequeños.
Listas.
Horarios.
Confirmaciones.
Luego…
Coordinación.
—El proveedor llegará antes del mediodía.
—Los arreglos florales deben ajustarse al salón principal.
—La distribución de invitados necesita reorganizarse.
Y cuando alguien dudaba..
—Esto representa a la futura duquesa Dempster.. No podemos permitir errores.
No era arrogante.
Era precisa.
Y poco a poco…
Todos empezaron a seguir su ritmo.
El duque observaba.
Siempre.
Sin intervenir directamente.
Pero escuchando.
Midiendo.
Analizando.
Una mañana, mientras Amber daba indicaciones a varios sirvientes sobre la disposición de la ceremonia, él estaba cerca.
En silencio.
—No, esa mesa debe moverse un poco más hacia la izquierda.. No es solo estética. Es equilibrio visual.
—Sí, señorita.
—Y asegúrense de que la iluminación sea suave. La futura duquesa Dempster no debe verse opacada por sombras innecesarias.
Los sirvientes asintieron y se movieron con rapidez.
Amber revisó todo una vez más… y luego dio un pequeño paso atrás.
Satisfecha.
—Perfecto.
El duque observaba y desde ese momento, su desconfianza no desapareció.
Pero se transformó.
Ya no era rechazo.
Era… atención real.
Porque Amber no había intentado ganarse su aprobación.
Había hecho algo más difícil.
Había demostrado coherencia.
Y en un lugar donde las palabras podían ser decorativas… eso valía más que cualquier discurso.
Mientras tanto, Amber seguía moviéndose entre documentos, listas y decisiones, con esa energía que no disminuía.
—Todo debe ser perfecto —murmuraba, revisando una vez más los detalles.
Y no era solo por la boda.
Era por algo más grande.
Porque, en el fondo…
Sabía que cada pequeño paso que daba aquí… la alejaba aún más de aquel futuro que una vez la había esperado en la oscuridad.
Y eso… hacía que cada esfuerzo valiera la pena.
El día de la boda amaneció antes de que el sol siquiera tocara el horizonte… al menos para Amber.
Porque cuando otros recién despertaban, ella ya estaba de pie, con una lista mental interminable y la energía completamente encendida.
—Bien —murmuró mientras caminaba rápido por los pasillos—. Hoy no se improvisa nada.
Desde el primer momento, todo fue movimiento.
—¿Las flores?
—Listas, señorita Amber.
—Revísenlas otra vez.
—Sí.
—¿La disposición del salón?
—Tal como indicó.
—Perfecto… no, esperen, ajusten esas dos filas, no están simétricas.
Corría de un lado a otro sin perder el hilo de nada.
Coordinaba.
Corregía.
Anticipaba.
—La música entra justo después de la señal, no antes.
—Sí, señorita.
—Y por favor, nadie cambia nada sin avisarme.
Los sirvientes ya no cuestionaban.
Solo seguían.
Porque sabían algo muy claro.. Si Amber estaba a cargo… todo saldría bien.
Rebecca, mientras tanto, estaba en sus aposentos.
Y, por primera vez… nerviosa.
Amber entró sin hacer ruido, pero con una sonrisa tranquila.
—Buenos días, futura duquesa Dempster.
Rebecca soltó una pequeña risa, más por alivio que por otra cosa.
—Si dices eso una vez más hoy, voy a empezar a creerlo demasiado.
Amber se acercó, revisando detalles con ojo clínico.
—Ese es el objetivo.
Ajustó un pequeño pliegue del vestido.
—Hoy no es un ensayo.
Rebecca la miró a través del espejo.
—¿Todo está bajo control?
Amber se detuvo un segundo.
Y luego sonrió.
—Todo está perfecto.
Y por primera vez en todo el día…
Era verdad sin necesidad de correcciones.
La ceremonia comenzó.
El ambiente… era impecable.
Cada detalle encajaba.
Cada elemento fluía.
Y Amber, desde un costado, observaba.
Atenta.
Pero también… emocionada.
[lo logramos]
Pero entonces…
Algo inesperado ocurrió.
Un murmullo recorrió el lugar.
Sutil.
Creciente.
Amber frunció levemente el ceño.
—¿Qué pasa?
Su mirada buscó el origen.
Y lo encontró.
El duque.
Raphael.
Había algo… era distinto.
Su postura.
Su expresión.
Sus ojos.
Sus ojos.
Amber se quedó completamente quieta.
[no puede ser]
Porque ya no estaban perdidos en la nada.
Ahora… Miraban.
Directos.
Claros.
Presentes.
El duque… podía ver.
Un silencio cargado de emoción se extendió cuando él avanzó.
Sus pasos, antes medidos por costumbre… ahora eran guiados por algo nuevo.
Por primera vez.
La vista.
Y entonces… él la vio.
Rebecca.
Vestida de novia.
Esperándolo.
El tiempo pareció detenerse.
Amber sintió un nudo en la garganta sin darse cuenta.
Porque en el rostro del duque… había algo que nunca había visto antes.
Asombro.
Real.
Profundo.
Y en ese instante, todo encajó de una forma que no necesitaba explicación.
No era solo una boda.
Era un milagro.
Rebecca, al notar el cambio, dio un paso hacia él.
—¿Raphael…?
Su voz tembló apenas.
Él no respondió de inmediato.
Solo la miró.
Como si quisiera grabar cada detalle.
Cada línea.
Cada gesto.
—¿Cómo…?
Preguntó suavemente.
—¿Cómo puedes ver?
el duque no apartó la mirada de ella.
Ni un segundo.
—No hay poder más fuerte.. que ver a mi mujer vestida de novia el día de su boda.
No lo explicó más.
No necesitó hacerlo.
Porque en ese momento.. no importaba cómo.
Solo importaba que la estaba viendo.
A ella.. a su esposa..
Tomó su mano con firmeza. Pero con cuidado.
—Eres más importante que todo. Que el poder. Que la magia.
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire.
[el duque es temible pero ama a nuestra duquesa]
La ceremonia continuó.
Y todo…
Todo salió como debía.
No hubo errores.
No hubo interrupciones.
Cada paso, cada palabra, cada mirada… fue exactamente lo que Amber había trabajado durante semanas.
Pero lo que no había planeado… fue lo que hizo que todo fuera inolvidable.
Desde su lugar, Amber observaba.
Con las manos finalmente quietas.
Sin listas.
Sin instrucciones.
Solo… presente.
Una sonrisa suave apareció en su rostro.
[valió la pena]
No solo por el trabajo.
No solo por el resultado.
Sino por lo que significaba.
Un futuro que avanzaba.
Personas que elegían su propio camino.
Historias que no terminaban en tragedia.
Y en medio de todo eso… Ella.
Ya no como espectadora.
Sino como alguien que hacía que las cosas ocurrieran.
Cuando los aplausos llenaron el lugar y la ceremonia llegó a su fin, Amber soltó el aire lentamente.
—Misión cumplida.
Pero en el fondo sabía…
Que esto no era un final.
Era solo el comienzo de algo aún más grande.
Y, por primera vez… No tenía miedo de lo que venía después.