Laura descubre que su prometido Javier la engaña, tiene otra pareja. No es la primera vez que pasa, ella le habia dado otra oportunidad y creyo que cambio, pero tan solo se habia vuelto mas experto en sus mentiras. El tio de Javier, Ricardo, ofrece su ayuda a Laura, no solo para que salga de ese amor posesivo que tenia su sobrino, sino que a la vez él mismo como su pareja predestinada, al confesar sus sentimientos prohibidos que arrastraba por ella al ser la pareja de su sobrino. ¿Laura podra vengarse de Javier? ¿Laura y Ricardo, Tendrán su final feliz?
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16- Tú te vas a casar, no yo.
🔴LAURA
Desde que sali del sanatorio Javier estuvo presente.
"Patético"
Conozco su jugada, conozco como es.
Estará un tiempo mostrándose como el prometido devoto, como si fuera la única en su vida.
Dos dias aguanto y después nuevamente volvió a responder a Linda, a darle me gusta a sus post.
Y el mensaje, como siempre, mintiendo, diciéndole que: yo soy la hija de su jefe, que lo amenazo con que perdera su empleo si no me elige.
"Patético"
Ya no soportaba estar en esa casa, rodeada de pruebas de colores para los manteles, para las tarjetas, todo para supuestamente nuestra boda, la boda del año que prometió, pero se que va atrás de mi herencia, de lo que puede sacar al apellido Love.
Fingi tranquilidad, fingí que me sentía bien y salía a hacer las compras como siempre, pero la verdad que me invadía una enorme tristeza, la misma que le invadía a Ricardo.
Logramos hablar al respecto, de frente, me explico que él no estaba interesado en esa chica que resulto alumna de él, que solo se le lanzó justo y llegue en ese momento presenciando esa escena, que él la apartó al segundo. Me mostré comprensiva y le pedí espacio para poder asimilar todo, que la perdida de un bebe era muy duro para mí, él lo comprendió, sobre todo porque Javier esta atrás mío peor que una sombra, no me deja un segundo en paz.
Por eso ir al supermercado es mi escape, mi libertad, a Javier no le gusta, es muy público, y se la razón, no quiere encontrarse con su amante.
Llegue al Supermercado Don León, me dirijo al pasillo de lácteos. Es Sábado por la mañana, 10:43 a.m., persigo las ofertas, cuanto menos gaste por ese maldito mejor.
El aire acondicionado me pega en la nuca y huele a lavandina barata. Y ahí está ella. Linda. La tiktoker de los labios inflados y las uñas kilométricas. Me reconoce antes de que yo alcance el yogurt.
—Mirá quién apareció. La nena de papá. ¿Te pensás que por ser la hija del jefe podés amenazar a Javier para que ande con vos?
Se escuchaba tan ridícula, Javier me habia dicho eso de ella, usaba la misma escusa para ambas.
Se me planta adelante del carrito. Tiene una mano en la panza. No mucha panza, pero suficiente para el show. La gente ya mira. El teléfono en su otra mano apunta medio disimulado. Grabando, obvio.
Respiré. Conté hasta tres. Javier. El mismo Javier que me pasó cada proveedor escrito a mano, con letra de nene aplicado. El mismo que me traía café sin que se lo pidiera mientras “planificábamos”. El mismo que me miraba como si yo fuera el premio y resulta que el premio ya venía con moño. No lo tolero. No tolero su cara de perro arrepentido ni su manía de resolver todo con notitas adhesivas.
—Bajá el teléfono, Linda. No vas a necesitarlo.
Le sonreí. La sonrisa que uso con los clientes difíciles de mi tio Toto. Calma. Control.
—¿Qué lo baje? Voy a escracharte en todas las redes, mami. Este bebé (se toca la panza) es de Javier. Y vos lo estás apretando para que te elija. Pero se acabó.
Tengo pruebas de que ese bebe no es de Javier, pero todo a su tiempo, no sacare mis cartas, no aún.
"Escracharme". La palabra favorita de su generación. Si supiera.
Metí la mano en la cartera. Saqué el sobre marfil. Lo había mandado a hacer ayer, después de ver la ecografía que Javier “olvidó” en su escritorio. Tarjeta gruesa, letras en relieve. Clase.
—Yo no quiero sacarte a Javier, Linda. Al contrario.
Le extendí la tarjeta. Dudó, pero la agarró. El curserío funciona. Siempre.
—¿Qué es esto? (Abre el sobre) “Reserva de fecha. 17 de Mayo , Estancia Los Álamos, 18:00 hs”. ¿Qué carajo...?
—Solo lo ayudé a planificar su boda con vos. Es una sorpresa.
Parpadeó. El teléfono le tembló en la mano.
—Javier no quiere que te estreses con los preparativos. Te conoce. Sabés cómo sos con los detalles. Por eso me pidió a mí que me encargue de todo. Soy organizadora de eventos. Freelance.
Mentira. Pero dicha con la voz de quien ya cerró quinientas bodas.
—¿Me estás jodiendo? ¿Él... Se va a casar conmigo? ¿Por eso estaba tan raro?
—Raro de enamorado. Y de ocupado. Por eso me dio todo a mano: la lista de invitados, la música, hasta el color de las servilletas. Quiere que vos solo aparezcas ese día, a esa hora. Divina. Sin ojeras.
Le toqué apenas el brazo. El contacto justo para vender confianza.
—Pero hay una condición, Linda. Y es importante. No podés decirle nada. A nadie. Ni subirlo a redes. Si Javier se entera de que sabés, se arruina la sorpresa. Y créeme, cuando a ese hombre se le arruina algo, se pone imposible. ¿Querés que el día de tu boda esté de mal humor?
Negó con la cabeza, rápido. Ya estaba adentro. Ya se veía con el vestido.
—No, no. O sea, yo no... Yo pensé que ustedes...
—¿Nosotros? Por favor. Tengo alergia a los tipos que anotan todo en post-its de colores.
Puse cara de asco. No tuve que actuar mucho.
—Pasame tu número. Te voy a ir consultando por algunos arreglos. El ramo, las flores de la iglesia. Después de todo, es tu boda. Yo solo ejecuto.
Desbloqueó el teléfono, me lo dio. Agendé: “Linda - Boda 17/05”. Sonreí otra vez.
—Andá tranquila. Cuidá ese bebé. Javier va a querer que llegues radiante.
Se fue casi trotando, tocándose la panza, ya hablándole al bebé.
“Tu papito nos va a casar, ¿viste?”.
Me quedé sola frente a los yogures. Agarré el de vainilla, el que a Javier le gusta.
No tolero a Javier. Pero más no tolero que crea que puede usarme de libreta de casamientos mientras embaraza tiktokers.
El 17 de Mayo hay boda, sí. Lo que Linda no sabe es que el único que va a estar sentado en el altar es su humillación. Y la voy a transmitir yo. En vivo.
Pero eso todavía no. Ahora toca ser amable. Toca preguntarle si prefiere rosas blancas o peonías.
"Que pague"
Sonrió imaginando la cara de Javier al levantar el velo y ver a Linda parada a su lado, después de decir "si acepto", y como cereza al pastel, las imágenes en pantalla gigante de su amor, de como me engañaban, de sus encuentros, mi tío Toto tiene gente siguiéndolos, capturando cada momento.
Suspiro orgullosa de mi.
Laura no es la del problema eres tu queridito mira que quedó embarazada de tu tío , tu debes ser estéril