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Marcas De La Infancia

Marcas De La Infancia

Status: En proceso
Genre:Maltrato Emocional / Centrado emocionalmente / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Heimy Zuñiga

No todas las cicatrices se ven en la piel. Algunas habitan en la memoria, en las emociones y en los recuerdos que tratamos de callar. La historia de Liam es un testimonio vivo de esas cicatrices invisibles y de la valentía de ponerlas en palabras.

NovelToon tiene autorización de Heimy Zuñiga para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: El lenguaje de los cuerpos rotos

La comida llegó a la mesa como un tratado de paz improvisado.

No era nada especial: recipientes de cartón, cubiertos de plástico y el vapor escapando al abrirlos. Pero el simple acto de sentarnos frente a frente, en silencio, tuvo algo de ceremonia. El ruido de la lluvia contra las ventanas era ahora un murmullo constante. De vez en cuando, el eco de un portazo en el pasillo o el motor de un coche pasando por la calle nos recordaba que el mundo seguía allí, pero dentro de estas cuatro paredes, la gravedad funcionaba distinto.

Hazel comió despacio. Yo observé detalles innecesarios: cómo apartaba el cabello húmedo detrás de la oreja, cómo fruncía el ceño al probar algo muy caliente. Sus movimientos eran elegantes incluso en medio del cansancio; se notaba que había sido educada para mantener la compostura hasta el fin del mundo.

—Está bueno —dijo ella finalmente.

Asentí. Era una tregua. Por primera vez en horas, mi cuerpo no estaba en alerta máxima. Y eso me resultó sospechoso.

Fue entonces cuando el teléfono de Hazel vibró sobre la mesa. El sonido fue breve, pero su efecto inmediato. Hazel se tensó como si alguien hubiera pronunciado su nombre en voz alta desde la puerta. Miró la pantalla y su expresión cambió: no miedo puro, sino cálculo.

—Es Sofía —murmuró—. Mi amiga.

Respondió rápido, levantándose del sofá.

—¿Sí? —dijo en voz baja—. Sí… estoy contigo. No, ahora no… dile eso. Por favor. No estoy en casa. Estoy contigo, Sofía. ¿Sí? Gracias.

Colgó. Se quedó de pie, inmóvil. A través de la ventana, las luces de la ciudad parpadeaban, recordándome que allá afuera, en alguna mansión fría, Federico Brechel estaba moviendo piezas para encontrarla.

—¿Tu padre? —pregunté.

Hazel asintió.

—Llamó al teléfono fijo. No respondí. Así que empezó a llamar a todo el mundo.

—Sofía dirá que estás con ella —añadí.

—Eso espero.

El silencio volvió, pero este tenía bordes afilados. Me incliné hacia adelante, reduciendo la distancia.

—Hazel —dije—, en la universidad… y ahora aquí… No me pasa. No siento pánico contigo.

Deslicé la mano sobre la mesa, dejándola visible, abierta. No invadí su espacio. Solo ofrecí una coordenada. Hazel se movió hacia atrás de inmediato. No bruscamente, pero sí con la rapidez de alguien entrenado para reconocer el peligro. Su espalda chocó contra el respaldo del sofá.

—Liam —dijo, firme—. No.

Retiré la mano al instante.

—No era eso. No quería…

—Lo sé —me interrumpió—. Pero mi cuerpo no. Cuando alguien se acerca demasiado, mi cabeza entiende una cosa… y el resto entra en modo huida.

Asentí. Lo entendí con una claridad incómoda.

—Entonces estamos igual —murmuré—. Solo que reaccionamos distinto.

Hazel me miró. Esta vez no se apartó. Hubo un silencio largo, donde el ruido de la lluvia pareció cobrar fuerza. Ella me observó, midiendo mi quietud, analizando si yo era realmente un lugar seguro o solo otra trampa. Finalmente, como si decidiera confiar en la anomalía que ambos compartíamos, estiró su mano.

Fue un movimiento casi imperceptible, pero cargado de una valentía que me dejó sin aliento. Sus dedos, todavía algo fríos, rozaron el dorso de mi mano sobre la mesa. Fue un contacto mínimo, apenas una caricia de piel contra piel, pero sentí que la estructura entera de mi búnker vibraba.

No apretó. Solo dejó su mano allí, permitiéndose el contacto por voluntad propia.

—Tal vez por eso… —dijo despacio—, no fue tan terrible estar contigo.

No se retiró esta vez. Dejó que sus dedos descansaran sobre los míos, un puente frágil en medio de una tormenta. Afuera, un relámpago iluminó el salón por un segundo, y aunque ella se tensó ligeramente, no soltó mi mano. Se quedó allí, anclada a mí mientras el mundo seguía girando de forma caótica.

Seguimos comiendo, ya con la comida fría, pero con nuestras manos compartiendo ese espacio pequeño sobre la mesa. Y por primera vez, entendí algo con inquietante precisión: no todo retroceso es un rechazo. A veces, es solo la forma más segura de encontrar el camino de vuelta.

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señorita_cash
.
señorita_cash
que personal..
Yorjany González Rodríguez
bien sigue haci pero trata de que cuando termines un capitulo el siguiente lo continue desde donde se quedo /Slight/
Heimy Zuñiga: Jaja muchas gracias... lo tendré en cuenta de ahora en adelante 👏
total 1 replies
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