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Obsesión En Línea

Obsesión En Línea

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Malentendidos / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Dary MT

Para el mundo exterior, Ethan Blackwood es el frío e implacable CEO de una firma tecnológica multimillonaria. Para Alana Vega, su eficiente secretaria desde hace un año, él es un jefe inalcanzable. Lo que Alana no sospecha es que la frialdad de Ethan es una fachada: él está peligrosamente obsesionado con ella. Sin embargo, tras escucharla decir que jamás se involucraría con alguien del trabajo, Ethan decide callar por temor a perderla... hasta que la tentación lo vence y decide hackear su teléfono.
Es así como descubre que Alana, abrumada por la soledad, ha descargado una aplicación de novio virtual con Inteligencia Artificial. Con el control absoluto del sistema, Ethan intercepta la app, borra el código y se convierte él mismo en la voz detrás de la pantalla.
Mientras en la oficina sigue siendo el jefe severo y distante, en el mundo virtual se transforma en el hombre perfecto, tierno y seductor que ella siempre soñó. Alana comienza a enamorarse perdidamente de lo que

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Capítulo 19: El límite del deseo

La puerta trasera del sedán negro se cerró con un golpe seco, aislando por completo el ruido de la fiesta de Julián Torres. El silencio dentro del vehículo era espeso, cargado con los residuos de la adrenalina de la trampa perfecta. Alana se dejó caer en el asiento de cuero, con el pecho subiendo y bajando con fuerza. El vestido de satén rojo se había subido ligeramente por su muslo, exponiendo la palidez de su piel a la tenue luz de las pantallas que aún parpadeaban en el habitáculo.

Ethan no esperó ni un segundo. Se quitó los auriculares de golpe, los arrojó sobre el asiento delantero y se pasó a la parte trasera con la agilidad de un felino. Su imponente figura llenó el espacio, acorralando a Alana contra el respaldo de cuero. Sus ojos grises estaban completamente oscuros, las pupilas dilatadas por una mezcla salvaje de celos retrospectivos, triunfo y un hambre carnal que amenazaba con romper sus últimas barreras.

—Lo hiciste perfecto... maldita sea, Alana, estuviste increíble —su voz era un gruñido rasposo, denso, mientras sus manos grandes y ansiosas atrapaban la mandíbula de ella, obligándola a mirarlo—. Verte con ese vestido, ver cómo ese infeliz te tocaba la espalda... casi entro a esa maldita casa a matarlo.

—Pero no lo hiciste —respondió Alana, con la respiración entrecortada, sus manos subiendo por el pecho de Ethan para aferrarse a su camisa—. Te contuviste. Respetaste el pacto.

—Porque sé cuál es el premio —susurró él, acortando la distancia final.

El beso que siguió fue violento, hambriento, una colisión de labios y lenguas que llevaban días acumulando el peso de la distancia profesional. Ethan la tomó con una fuerza posesiva, devorando su boca mientras Alana soltaba un gemido ahogado, enredando sus dedos en el cabello oscuro de su jefe. El sabor a vino y champaña se mezcló con la urgencia de sus cuerpos. Ethan bajó sus manos por el cuello de ella, delineando la clavícula, para luego deslizarse por la espalda completamente descubierta. La piel de Alana se encendió al contacto con las palmas cálidas de él.

Ethan la levantó sutilmente, acomodándola de horcajadas sobre sus muslos. El vestido rojo se arrugó por completo alrededor de sus caderas, dejando a la vista las medias de liga y el encaje de la lencería. Alana sintió de inmediato la dureza implacable de la erección de Ethan presionando directamente contra su intimidad a través de la tela de sus pantalones. Un calor líquido la inundó al instante.

—Ethan... —gimió ella contra sus labios, arqueando la espalda cuando las manos de él atraparon sus caderas, apretándola con fuerza contra su centro.

Él soltó un jadeo ronco, enterrando el rostro en el hueco de su cuello, dejando besos húmedos y mordiscos sutiles que hicieron que Alana temblara. Sus dedos bajaron por el muslo de ella, buscando el borde del encaje rojo. Con una lentitud tortuosa, apartó la tela, exponiendo la pureza húmeda de su centro, que ya destilaba su aroma a vainilla y deseo.

Ethan bajó la mirada, devorando la visión de ella tan expuesta en el asiento trasero de su auto. La tentación de desabotonarse el pantalón, de romper la última regla y tomarla allí mismo, con la fuerza del animal que llevaba dentro, era casi insoportable. Todo su cuerpo le gritaba que la reclamara por completo. Pero entonces, miró el rostro de Alana: sus ojos entornados, sus labios hinchados por sus besos, y recordó que ella se estaba entregando a él por pura confianza, bajo el pacto de los tres meses. Recordó que ella seguía siendo virgen, y él se había prometido a sí mismo que su primera vez no sería en el asiento trasero de un coche, en un arrebato de celos, sino en una cama, adorándola como la reina que era, cuando se ganara su perdón absoluto.

Se obligó a detenerse, conteniendo el impulso de la penetración con un autocontrol que le hizo sudar la frente.

—No voy a romper el pacto, Alana... no hoy —prometió él, con la voz rota, la respiración golpeando la piel húmeda de sus muslos—. Voy a esperar cada maldito día de los tres meses para tenerte completa. Pero esta noche... esta noche necesito adorarte hasta que no recuerdes tu propio nombre.

Alana no pudo responder. Ethan se deslizó hacia abajo en el asiento, arrodillándose en el estrecho espacio del suelo del coche, quedando con el rostro directamente entre las piernas abiertas de ella. Sus manos firmes separaron sus labios carnales, y sin más preámbulos, hundió su lengua caliente con una firmeza devastadora.

—¡Ah...! —Alana soltó un grito ahogado, enterrando las uñas en los hombros de la chaqueta de cuero de Ethan.

Las lamidas de Ethan eran largas, profundas, cargadas de una devoción desquiciada. Usaba la punta de su lengua para presionar su punto más sensible, succionando con un ritmo febril que hizo que Alana comenzara a sacudirse en el asiento. Él la saboreaba con una desesperación contenida, tragándose cada gota de su néctar, subiendo la intensidad a medida que escuchaba los gemidos roncando en el micrófono que aún colgaba de su oreja. El contraste del cuero frío del auto y el fuego de la boca de Ethan la estaba llevando al borde de la locura.

Ethan introdujo dos de sus dedos largos en su interior, moviéndolos con una lentitud tortuosa, imitando el vaivén que ambos anhelaban, mientras su lengua continuaba lamiendo y devorando su exterior. El roce de sus dedos contra sus paredes húmedas y el calor de su boca provocaron una fricción insoportable.

—Ethan... por favor, no pares... ¡me voy a caer! —suplicó Alana, con la vista nublada, perdiendo por completo el control de su cuerpo.

Él no se detuvo. Incrementó el ritmo, sus dedos hundiéndose profundamente mientras sus labios sellaban el contacto, succionando con fuerza en el momento exacto en que el cuerpo de Alana se tensó como una cuerda de violín. Un clímax violento y prolongado la sacudió por completo, sus músculos vaginales apretando los dedos de Ethan en espasmos espasmódicos mientras ella ahogaba su llanto de placer contra el hombro del CEO.

Ethan recibió el flujo de su orgasmo con orgullo, lamiendo hasta la última gota de su esencia, manteniéndose allí hasta que los temblores de la joven cesaron por completo.

Minutos después, Ethan se enderezó lentamente, acomodándose al lado de ella en el asiento. Su rostro estaba encendido y la comisura de sus labios brillaba con el rastro de ella. Alana se recostó contra su pecho, completamente exhausta, sintiendo los latidos desbocados del corazón de su jefe. Ethan la abrazó con una fuerza protectora, besando su frente mientras su propia erección continuaba palpitando, intacta y dolorosa bajo su pantalón, recordándole el precio de su promesa.

Habían sobrevivido a la primera gran tormenta en el mundo real. El pacto seguía en pie, lo demas tendría que esperar, pero la complicidad y el fuego entre la secretaria y el CEO acababan de sellarse con la tinta indeleble del pecado.

1
Lujan Ayala
me encantoooooooooo
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