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El Pecado De Los Inmortales

El Pecado De Los Inmortales

Status: En proceso
Genre:Demonios / Ángeles / Reencarnación / Romance oscuro
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Lumina Bazan Enamorado

«El Cielo la condenó. El Infierno la reclamó. Ella decidió que ambos debían arder».

Desde el principio de los tiempos, ángeles y demonios han protegido un equilibrio sostenido por juramentos de sangre y secretos que jamás debieron revelarse.

Cuando una joven comienza a recordar vidas que nunca vivió y a soñar con un hombre de ojos carmesí, su existencia se convierte en una amenaza para ambos reinos.

El Cielo ordena destruir su alma. El Infierno exige capturarla.

Y él, un soberano infernal que una vez la amó y la odió con la misma intensidad, recibe la misión de entregarla a sus enemigos.

Pero ella no recuerda su rostro, sus promesas ni la traición que los separó.

Entre pactos prohibidos, recuerdos manipulados y un amor condenado, descubrirá que los monstruos no siempre habitan en el Infierno.

Porque ella no fue creada para salvar el mundo.

Fue la razón por la que una vez estuvo a punto de desaparecer.

Y el mayor pecado de los inmortales fue olvidar a quién debían temer.

NovelToon tiene autorización de Lumina Bazan Enamorado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La puerta que respondió

La convocatoria llegó a Nocthar antes del anochecer.

No la trajo un mensajero ni apareció entre los documentos que guardaban la firma del soberano. Se manifestó sobre la mesa de la sala de mapas, envuelta en una luz blanca que hizo retroceder las sombras de las paredes.

Kaelith levantó la mirada.

El sello del Reino Celestial ardía sobre el pergamino.

Darius, que examinaba los planos de las cámaras inferiores, esperaba que su soberano hiciera una señal antes de acercarse.

—¿La abro? —preguntó.

—No hace falta. Dudo que Aurelian haya enviado una invitación.

Aún así, Kaelith tomó el documento.

Las palabras aparecieron bajo sus dedos.

Por incumplimiento del ultimátum relativo a Seraphine Veyrath, el soberano de Nocthar deberá comparecer ante el tribunal celestial para responder por sus actos y por las modificaciones registradas tras la extinción de la séptima llama.

No se especificaba una fecha para la audiencia.

Solo una última línea:

La negativa a comparar será considerada una declaración de hostilidad.

Kaelith dejó el pergamino sobre la mesa.

—Quiere obligarme a presentarme en su territorio mientras Seraphine permanece en Vespera.

—O quiere que crea que ambas cosas son inseparables —respondió Darius.

Kaelith lo observó con atención.

—¿Crees que es una trampa?

—Creo que todavía no tenemos información suficiente para afirmarlo.

—Una respuesta sensata. Procura conservar esa costumbre.

—Haré lo posible, majestad.

Kaelith volvió a examinar la convocatoria.

—Asegura las fronteras, pero no movilices tropas. No le daré a Aureliano una excusa para convertir una audiencia en una guerra.

—¿Y la caja?

La expresión del soberano se endureció levemente.

—Seguiremos vigilándola. No quiero que esta convocatoria nos distraiga de lo que está ocurriendo dentro de nuestro propio reino.

Darius.

—Me encargaré personalmente.

Cuando el general se retiró, Kaelith volvió a mirar al pergamino.

Aurelian exigía una respuesta, pero no había explicado qué esperaba obtener de aquella audiencia ni qué pretendía hacer si Kaelith aceptaba.

El soberano de Nocthar no temía enfrentarse al juez celestial.

Temía que, mientras él estuviera lejos, alguien aprovecharía su ausencia para acercarse a Seraphine.

Tomó su teléfono y le escribió.

En Vespera, Seraphine llevaba varios minutos mirando la hora.

—Si sigues observando el reloj, no harás que llegue mañana más rápido —comentó Eveline.

—No estoy intentando acelerar el tiempo.

—Claro. Y yo no estoy intentando convencer a esta impresora de que deje de tragarse mis documentos.

Seraphine levantó la vista.

—¿Has considerado que quizás la impresora tenga algo personal contra ti?

—No necesito que me des esperanzas.

Lucien, sentado junto a la ventana, cerró la carpeta que había estado revisando.

—La autorización está confirmada. Mañana podremos consultar la documentación complementaria, siempre que el personal del archivo encuentre la carpeta en la ubicación registrada.

—Y si no estás? —preguntó Seraphine.

—Solicitaremos constancia de su ausencia y revisaremos los movimientos documentales disponibles. No vamos a inventar una explicación antes de conocer los hechos.

Eveline apoyó los brazos sobre la mesa.

—Entonces nuestro plan consiste en llegar, pedir una carpeta y leerla.

—Exactamente —respondió Lucien.

—Qué decepcionante. Esperaba al menos una puerta secreta.

Seraphine bajó la mirada hacia la fotografía de la autorización guardada en su teléfono.

—A veces las puertas más importantes no parecen puertas.

Eveline la observa.

—Eso ha sonado muy profundo.

—No era mi intención.

—Pues ahora tendrás que vivir con ello.

Seraphine se rio, y durante un instante ocurrió la inquietud.

Entonces su teléfono vibró.

Era Kaelith.

Kaelith: Aurelian ha enviado una convocatoria para que comparezca ante el tribunal celestial.

La sonrisa de Seraphine desapareció.

Seraphine: ¿Cuándo?

Kaelith: No ha especificado una fecha. La negativa a comparar será considerada hostilidad.

Seraphine: ¿Qué vas a hacer?

La respuesta tardó unos segundos.

Kaelith: Todavía no lo ha decidido.

Aquello la sorprenderá. Kaelith rara vez reconocía su incertidumbre de forma tan directa.

Seraphine: No tienes que resolverlo todo tú solo.

Kaelith: Lo sé.

Seraphine: Y no voy a permitir que una amenaza celestial decida qué puedo investigar.

Kaelith: Tampoco esperaba que lo hicieras.

Seraphine guardó el teléfono.

—Malas noticias? —preguntó Eveline.

—Aurelian ha convocado a Kaelith ante el tribunal celestial.

Lucien se enderezó.

—¿Con qué fundamento?

—Por incumplir el ultimátum y por las modificaciones registradas después de la extinción de la séptima llama.

Lucien permanece pensativo.

—Eso significa que está relacionando ambos acontecimientos oficialmente. No demuestra que conozca la causa de las alteraciones.

—Ni que nosotros la conozcamos —añadió Seraphine.

Eveline soltó un suspiro.

—Perfecto. Mañana revisamos una carpeta posiblemente incompleta mientras un juez celestial intenta convertir una investigación en un conflicto político.

—Dicho así, parece complicado —comentó Seraphine.

—Porque lo es.

Por una vez, ninguna de las dos encontró una respuesta ingeniosa.

La cámara inferior permanecía en silencio.

Darius había dispuesto dos guardias en el corredor y ordenó que nadie entrara sin su autorización. La caja seguía en el mismo lugar, cubierta por una fina capa de polvo que parecía intacta.

El general se detuvo a unos pasos.

La inscripción de la tapa era antigua. Eso podía afirmarlo por la forma de los trazos, aunque no le permitía determinar cuándo se había fabricado la caja ni por qué no figuraba en los inventarios disponibles.

Sacó su cuaderno y anotó la hora, la ubicación y el estado del objeto.

Después se apartó.

Entonces cerró el sonido.

Tres golpes.

Secos.

Espaciados.

Darius se quedó inmóvil.

Los sonidos no habían procedido de la puerta de la cámara ni del corredor.

Habían surgido del interior de la caja.

Los guardias se miraron, pero ninguno se movió.

—¿Lo habéis oído? —preguntó Darío.

—Sí, general.

Se acercó lo suficiente para comprobar que la tapa continuaba cerrada. No había grietas nuevas ni señales visibles de que el sello hubiera cambiado.

—Alguno de vosotros ha tocado la caja?

—No, general.

Darius escribió la hora exacta en su cuaderno.

No intentó abrirla.

Tampoco respondió a los golpes.

Esperó.

Durante varios segundos no ocurrió nada más.

Entonces, desde el otro lado de la tapa, llegó un sonido distinto.

Un roce lento, como si algo hubiera pasado sobre la piedra.

Darius retrocedió un paso.

—Nadie se acerca —ordenó—. Registrado cualquier cambio, por insignificante que parezca. No respondáis a ningún sonido ni intentéis establecer contacto.

Uno de los guardias salió para transmitir la noticia al soberano.

Darius permaneció frente a la caja, con el cuaderno abierto entre las manos.

No sabía qué había dentro. No sabía si los golpes eran una advertencia, una reacción o un fenómeno provocado por la alteración de los sellos.

Pero podía registrar tres hechos: la caja no había sido abierta, los presentes habían escuchado los golpes y el sonido parecía proceder de su interior.

Todo lo demás seguía siendo una incógnita.

La caja había permanecido fuera de los inventarios disponibles.

Y ahora había respondido con tres golpes.

Darius miró la inscripción una vez más.

Registro. Testigo.

No tenía pruebas de que aquellas palabras se refirieran a los documentos que investigaba. Sin embargo, tampoco podía descartar que la caja contuviera información relevante.

Por el momento, observar era más importante que descubrir a la fuerza.

En el Reino Celestial, Aurelian recibió el informe sobre la convocatoria.

El mensajero guardaba frente a su escritorio mientras el juez examinaba el sello empleado para enviar el documento.

—¿Ha respondido el soberano de Nocthar?

—Todavía no, mi señor.

—¿Y Seraphine Veyrath?

—Continúa en Vespera. No tenemos constancia de que haya abandonado la universidad.

Aureliano dejó el sello sobre la mesa.

—Mantengan la vigilancia. No intervengan sin mi autorización.

— ¿Debemos investigar las alteraciones de Nocthar?

—Ya están siendo investigadas.

—¿Por Kaelith?

—Por sus propios subordinados, según nuestros informes.

El mensajero vaciló antes de formular su siguiente pregunta.

— ¿Y si las alteraciones no están relacionadas con el incumplimiento?

Aureliano levantó la mirada.

—Entonces tendremos que descubrir qué las provocaron.

El guardia inclinó la cabeza.

El juez se levantó y se acercó al altar de las llamas.

Seis luces ardían con normalidad.

El lugar de la séptima permanecía vacío.

Aurelian apoyó dos dedos sobre la piedra y cerró los ojos.

Durante un instante, creyó sentir una vibración bajo la superficie.

Retiró la mano.

La sensación había desaparecido.

Permaneció inmóvil, observando el altar. No podía asegurar que aquello hubiera sido real. Tampoco podía permitirse ignorarlo.

—Aplaza cualquier intervención directa en Vespera —ordenó finalmente—. Hasta que comprendamos qué está ocurriendo, nadie tocará a Seraphine.

El mensajero se retiró.

Aurelian volvió a contemplar las seis llamas.

Había convocado a Kaelith para exigirle respuestas, pero una duda comenzaba a abrirse paso entre sus certezas.

Si las alteraciones de Nocthar eran consecuencia del ultimátum, ¿por qué había sentido aquella vibración en el altar celestial?

Y si no lo eran…

¿Qué había comenzado realmente cuando la séptima llama se apagó?

Por primera vez, Aureliano no estaba seguro de quién había iniciado el siguiente movimiento.

Y esa incertidumbre podía ser más peligrosa que cualquier desafío.

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Orlov ♛ ★J² de mafia♾️ 🚬
Wooow, tenias razón quiero maaaas
Elizabeth Bazan Enamorado: espero y el nuevo capítulo te guste tanto como a mi lamento no haber estado publicando continuamente, me enferme pero regresamos con todo.
total 1 replies
Erislandy Quevedo Horta
siguiente capítulo por favor
Elizabeth Bazan Enamorado: Hola el día de mañana publicaré otros 6 capítulos 🤭 me sorprende la velocidad de tu lectura gracias por apoyar mi trabajo ☺️.
total 1 replies
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