Una doctora rencarnada en un mundo donde los hombres pueden convertirse en bestias, no se puede confiar en nadie incluso ni en la familia y solo aquellos más fuertes son los que gobiernan, ella encontrará hombres de distintas especies que darían su vida por ella.
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Vínculo...
La decisión no llegó de golpe. Durante las semanas siguientes, Luna y Vaelorian siguieron acercándose poco a poco.
Compartieron las tareas del asentamiento, las guardias nocturnas y las comidas junto al fuego. A veces hablaban hasta que todos los demás se habían ido a dormir; otras, simplemente se sentaban juntos, acompañándose en silencio. Vaelorian nunca dio por sentado que ella quisiera tenerlo cerca. Y Luna, cada vez que elegía tomar su mano, lo hacía porque así lo deseaba.
Una noche, cuando la nieve empezó a derretirse y el bosque volvió a llenarse del sonido del agua, Luna le pidió que la acompañara hasta el claro que había detrás de la vivienda.
—Quiero formar el vínculo contigo —dijo, una vez que estuvieron a solas—. No porque necesite que me protejas ni porque te deba algo. Quiero hacerlo porque te elijo. Vaelorian la miró con seriedad. En sus ojos no había sorpresa, sino emoción contenida.
—Yo también te elijo —respondió— pero antes de dar ese paso, quiero asegurarme de que sepas que te amo a ti y a los cachorros. No quiero que el vínculo sea una obligación para ti–.
Luna tomó sus manos. —Lo sé. Y quiero que tú también lo sepas, no espero que dejes de ser tú por estar conmigo. Quiero que caminemos juntos, no que uno pertenezca al otro–.
—Entonces estamos de acuerdo– le dijo acercándose a ella y levantando su rostro con delicadeza. –No tienes idea de las veces que he deseado besarte y hacerte mía–, Luna lo miraba con amor y cariño. Él acorta la distancia entre ambos y la besa con intensidad. El beso va subiendo de tono poco a poco, Vaelorian se aparta con mucho esfuerzo de ella, Luna al ver como él trata de contenerse le dice.
–Vamos a la casa, mis compañeros ya saben lo que haremos y están de acuerdo–, Vaelorian se avergonzó al escuchar esto, Luna empezó a reírse al verlo avergonzado.
Al llegar a la casa, todo estaba en silencio, Vaelorian no aguantó más y le fue arriba a Luna,
empezó a besarla frenéticamente, ella le seguía con dificultad el ritmo, empezó a despojarla de sus prendas mientras le besaba el cuello, le daba besos, lamidas y pequeños mordiscos, Luna era un manojo de sensaciones. Al tenerla completamente desnuda, la observaba como si fuera el mayor tesoro que haya tenido, él empezó a quitarse sus propias prendas, al terminar Luna palideció, aquello no se comparaba al de sus otros compañeros, este era enorme, creía que no hiva a poder. Vaelorian se sonrojó al verla mirarlo fijamente, se acercó y empezó a besarla de nuevo, fue bajando por su cuello, luego por sus pechos, donde le daba pequeños mordiscos y lamidas, al llegar al lugar se lanzó de lleno, Luna pegó un grito ahogado al sentir como él la devoraba.
Cuando Vaelorian la sintió lista se acomoda, al empezar a introducirse, ve como era un poco complicado, era muy grande y ella muy pequeña, pensó que le estaba haciendo daño, Luna al ver como estaba angustiado, le dice.
–Puedes seguir, hazlo suave para no lastimarme, quiero ser una contigo mi amor–, aquellas palabras lo ayudaron a seguir, suavemente se fue introduciendo, al sentirse adentro, soltó un gruñido profundo por la calidez de su interior, Luna se quedó sin aliento al sentirse tan llena, suavemente empezó a moverse, con mucha delicadeza, mirando las reacciones de Luna, ella solo gemía y arañaba su espalda.
–Más–, esa sola palabra bastó para que Vaelorian perdiera la cordura, empezó a moverse con fuerza, aquello los tenía en una burbuja de sensaciones que no querían terminar, así pasaron una noche de pasión inolvidable.
A la mañana siguiente Vaelorian se despierta primero, al mirar a su lado, Luna estaba dormida boca abajo con la espalda de fuera, al verla tenía un enorme tatuaje de dragón que le cogia toda la espalda, el se asombró, nunca había visto nada igual, con manos ansiosas tocaba aquella hermosa marca.
Luna al sentirlo se da la vuelta para mirarlo.
–Que pasa–, le preguntaba todavía adormilada. Vaelorian no sabía que decirle. Luna se miraba en el cuerpo buscando la marca de él, – donde está, no veo tu marca–, le preguntaba angustiada, él al verla le dice.
–Tranquila, si tienes la marca, pero no la tienes delante–, Luna lo miraba sin entender,– la tienes en la espalda, es un hermoso dragón que te coje toda la espalda –, ella se quedó sin palabras, pensaba que sería como los demás que le han salido, luego miró a su nuevo compañero y le pregunta.
–Es normal que sea tan grande–, él le dice que sí, que al ser la raza más fuerte y antigua del mundo bestial su vínculo sería más fuerte. El no apartaban sus ojos de aquella marca. Cuando volvieron a mirarse, él sonrió.
—¿Estás bien?–le decía preocupado ya que la noche anterior fue un poco salvaje.
—Sí, estoy bien, muy bien–, le decía con una enorme sonrisa. Vaelorian inclinó la frente hacia la de ella y esperó. Luna acortó la distancia, apoyándose suavemente contra él.
Más tarde, cuando el fuego empezó a apagarse, Luna y Vaelorian se quedaron juntos, hombro con hombro, observando cómo las brasas iluminaban la noche. El vínculo no resolvía todos los problemas ni les prometía un camino sin dificultades. Era algo más sencillo y más profundo, la decisión compartida de enfrentar lo que viniera sin dejar de escucharse. Luna apoyó la cabeza en el hombro de Vaelorian. Y él, con cuidado, le tomó la mano.