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Estoy De Vuelta

Estoy De Vuelta

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Reencarnación
Popularitas:951
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

El mundo de Julián se desplomó el mismo día en que descubrió que la lealtad tiene un precio. Lo tenía todo: un imperio financiero en ascenso, la admiración de la alta sociedad y el amor de la mujer con la que planeaba pasar el resto de sus días. Pero la ambición ciega de su mejor amigo destruyó cada uno de sus logros en cuestión de meses. Traicionado, despojado de su fortuna y abandonado por su prometida.
Su final no tuvo ni un ápice de gloria. Murió solo, tirado en un callejón frío, ahogado con un mendrugo de pan duro mientras hurgaba entre los desperdicios para sobrevivir un día más. Pero la muerte no fue el final; fue la grieta que reescribió su destino.

Al abrir los ojos de golpe, el olor a basura y el dolor en la garganta desaparecieron. Frente a él, el reflejo del espejo de su antiguo pent-house le devolvió la mirada. Estaba tres años atrás, intacto. haría que cada traidor pagara el precio exacto de su ambición.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Caoitulo 6: La Trampa de las Acciones

    El reloj de pared de la oficina de la presidencia marcaba las nueve de la mañana en punto cuando Marcos atravesó la puerta sin llamar, sosteniendo una carpeta de piel con la arrogancia de quien se sabe dueño del lugar. Olía a una loción cara y traía esa sonrisa ensayada que, en la vida anterior de Julián, habría pasado por camaradería fraternal.

—Julián, qué bueno que te encuentro a solas —dijo Marcos, cerrando la puerta tras de sí con un movimiento suave y acomodándose en uno de los sillones de cuero frente al escritorio—. Necesitamos arreglar el tropiezo de ayer. Los abogados de la firma internacional están inquietos. La postergación de la firma por tu "auditoría de rutina" levantó algunas sospechas innecesarias.

    Julián no levantó la vista del documento que estaba leyendo. Ajustó el puño de su camisa a medida y continuó revisando los informes financieros con una calma casi exasperante antes de recargarse en su sillón.

—Los mercados son nerviosos por naturaleza, Marcos —respondió Julián con voz pausada, entrelazando las manos sobre el escritorio de caoba—. Si un par de días de revisión contable los asusta, tal vez no tengan la liquidez que prometen. Un buen inversionista no le teme a la luz.

—No se trata de temor, se trata de oportunidad —insistió Marcos, reclinándose hacia adelante y bajando el tono de voz para darle un matiz de confidencia conspirativa—. Mira, para evitar que la operación se enfríe y demostrar buena fe, redacté una adenda de emergencia. Un traspaso temporal de un paquete accionario clave —el quince por ciento de tu participación— a una cuenta puente blindada a mi nombre. De esa forma, garantizamos la fianza que exige el grupo extranjero mientras tus auditores terminan de jugar a los detectives.

    Julián observó fijamente a Marcos. Era exactamente el mimo movimiento, palabra por palabra, que en su primera vida lo había dejado despojado de la mayoría de voto en el consejo de administración. En aquel entonces, cegado por la confianza ciega en su "mejor amigo", Julián había firmado sin pestañear.

Un chispazo de desprecio helado le recorrió la espalda, pero en su rostro solo se dibujó una leve sonrisa contemplativa.

—Una cuenta puente... —murmuró Julián, tomando la pluma estilográfica que yacía a un lado de su agenda—. Un movimiento audaz, Marcos. Realmente te preocupa la salud de esta empresa.

—Sabes que daría la vida por este negocio, hermano —aseguró Marcos, palmeando el escritorio con entusiasmo falso—. Somos un equipo. Tú pones la visión y yo me encargo de que las piezas encajen. Firma aquí y en el anexo B. Yo mismo me encargo de llevarlo al registro antes del mediodía.

Julián tomó la carpeta y comenzó a hojear las páginas. Sabía de memoria lo que decía la letra pequeña del anexo B: una cláusula de renuncia irrevocable a los derechos de retractación en caso de insolvencia provisional.

    Sin embargo, mientras Marcos lo observaba con la avaricia brillándole en las pupilas, Julián extendió la mano hacia el teclado de su computadora personal, disimulando el movimiento bajo la excusa de buscar un sello digital. Con tres comandos rápidos ejecutados en la plataforma del sistema contable interno —al cual solo él tenía acceso de alta dirección—, modificó la ruta de destino del código de la cuenta puete, vinculando la recepción de las acciones a un fideicomiso de garantía condicionado a una prueba de solvencia personal del tenedor. Si Marcos intentaba usar esas acciones para declararse en bancarrota fraudulenta o liquidarlas a espaldas de Julián, la responsabilidad penal y las deudas asociadas caerían de manera automática y exclusiva sobre el patrimonio privado de Marcos.

Julián descapotó la pluma de oro, hizo un trazo elegante sobre la línea de firma y stampó su rúbrica con firmeza.

—Listo, Marcos —dijo Julián, cerrando la carpeta de golpe y entregándosela con una serenidad absoluta—. Las acciones están en juego. Haz tu trabajo.

—No te vas a arrepentir de esto, Julián. Te lo juro —exclamó Marcos, tomando los documentos con una prisa casi infantil, incapaz de ocultar el temblor de triunfo en sus manos—. Esto cambia las cosas por completo. Voy directo a la notaría.

—Ve —asintió Julián, viéndolo ponerse de pie—. Y asegúrate de leer bien cada párrafo antes de meter esos papeles al registro. A veces la letra pequeña cambia de sentido cuando uno no presta suficiente atención.

—Tranquilo, yo conozco este contrato como la palma de mi mano —respondió Marcos con una risita condescendiente antes de salir a paso apresurado, cerrando la puerta tras de sí.

    Julián se quedó solo en la inmensidad de su oficina. Se puso de pie, caminó hacia el ventanal que dominaba la zona financiera de la ciudad y se sirvió un vaso de agua mineral. Observó el tráfico matutino avanzar bajo el cielo despejado. La trampa estaba puesta y el depredador acababa de morder la carnada pensando que había obtenido su presa.

    Sin embargo, a pesar de la satisfacción helada de la venganza en marcha, la mente de Julián no podía quedarse atrapada en las cifras de la bolsa. Un recuedo completamente ajeno a los negocios se coló en su pensamiento: el calor del fogón a gas, la lona azul sacudida por la lluvia y los ojos negros e indomables de Jimena Méndez desafiándolo con un plato de tacos en la mano.

Sacó su billetera de piel del saco, extrajo un billete limpio de cien pesos locales y lo contempló con una sonrisa ligera.

—Noventa pesos... ni un dólar más —murmuró para sí mismo, sintiendo por primera vez en años que tenía una cita a la cual realmente deseaba asistir.

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Maria Cristina Roldan Rodam
aparenta ser muy interesante
Isa Yguaro: Espero que sea de su agrado. Si tiene alguna sugerencia, la recibiré con gusto.
total 1 replies
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