Violetta Bianchi tiene veinte años, estudia Administración de Empresas y sueña con construir una vida lejos del mundo al que pertenece. Nacida en una de las familias más poderosas de la mafia italiana, Violetta ha crecido rodeada de lujos, secretos y reglas que nunca pidió. Sin embargo, hay algo que siempre ha deseado más que cualquier otra cosa: encontrar el amor verdadero y escribir su propia historia. Oleg Petrov tiene veinticuatro años y es el heredero de un enorme imperio ruso. Empresario brillante, reservado y temido dentro del mundo criminal, aprendió desde muy joven que confiar en alguien puede convertirse en una debilidad. Y, sobre todo, no cree en el amor. Sus familias se conocen desde hace décadas y, cuando eran niños, Violetta y Oleg fueron inseparables. Pero cuando la familia Petrov regresó a Rusia, los dos perdieron el contacto y sus caminos tomaron rumbos completamente diferentes. Años después, sus padres toman una decisión que ninguno de los dos está dispuesto a aceptar: comprometerlos. Violetta y Oleg se niegan rotundamente. Sus familias, sin embargo, tienen otra idea. Antes de decidir definitivamente, deberán reencontrarse y pasar tiempo juntos para descubrir si aquellos dos niños que alguna vez fueron amigos todavía existen detrás de los adultos en los que se han convertido. El problema es que Violetta ya no recuerda al niño que conoció. Y Oleg parece haber olvidado por completo cómo sonreír. Entre familias poderosas, secretos, enemigos, negocios peligrosos, celos, discusiones y una atracción que ninguno de los dos quiere admitir, ambos descubrirán que algunas historias de amor comienzan exactamente donde menos las esperas. Porque quizá el destino ya había decidido por ellos mucho antes de que aprendieran a decir que no.
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LO QUE NUNCA DEBIÓ PASAR
Violetta seguía pensando en el beso.
Había sido breve.
Casi inocente.
Pero para ella significaba mucho más.
Por primera vez, no había sido una promesa de sus padres.
No había sido un acuerdo.
No había sido una obligación.
Había sido elección.
La suya.
La de Oleg.
—¿Estás pensando demasiado? —preguntó él.
Violetta levantó la mirada.
—Tal vez.
Oleg sonrió.
—¿En el beso?
Ella abrió los ojos.
—¡No!
—Mentirosa.
—Tú también estás pensando en él.
—Sí.
Violetta intentó ocultar una sonrisa.
—Entonces estamos empatados.
Oleg se acercó.
—No exactamente.
—¿Por qué?
—Porque yo quiero repetirlo.
Violetta sintió que sus mejillas se calentaban.
—Oleg…
Él soltó una pequeña risa.
—Está bien. No te molesto.
—Gracias.
—Por ahora.
Violetta negó con la cabeza.
—Eres imposible.
—Y aun así me besaste.
—¡Oleg!
Ambos terminaron riendo.
Por unos minutos, olvidaron todo.
Los documentos.
Las familias.
La amenaza.
La herencia.
Solo eran ellos.
Como si hubieran vuelto a ser aquellos dos niños que corrían por el jardín sin saber lo complicado que sería crecer.
⸻
Pero la tranquilidad duró poco.
Anastasia entró al jardín.
—Tenemos que hablar.
Oleg inmediatamente cambió su expresión.
—¿Qué ocurre?
Anastasia miró a Violetta.
—Es sobre el acuerdo.
Violetta se puso seria.
—¿Qué descubriste?
Anastasia sacó la última página del documento.
—Esto.
Violetta la tomó.
Leyó.
Y su rostro cambió.
—No entiendo.
Oleg tomó el documento.
—Yo sí.
Violetta lo miró.
—¿Qué dice?
Oleg tardó en responder.
—Que el acuerdo original tenía una condición.
—¿Cuál?
—El heredero Moretti no podía unirse al heredero Petrov por voluntad propia.
Violetta frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Anastasia respondió:
—Que el compromiso debía ser impuesto por las familias.
Violetta sintió un vacío en el estómago.
—¿Por qué?
—Porque si ustedes se elegían libremente…
Anastasia hizo una pausa.
—La herencia pasaría automáticamente a Violetta.
Oleg levantó la mirada.
—Entonces eso era lo que querían evitar.
—Exactamente.
Violetta apretó el documento.
—No entiendo.
Anastasia explicó:
—Tus antepasados crearon un sistema para mantener el poder dividido. Nadie debía controlar toda la herencia.
—¿Y yo?
—Tú eres la única persona que podría reunirlo todo.
Oleg miró a Violetta.
—Por eso te protegieron.
Ella negó lentamente.
—Entonces mi vida…
—Fue construida alrededor de esa herencia —terminó Anastasia.
⸻
Violetta salió de la casa.
Necesitaba aire.
Oleg la siguió.
—Violetta.
Ella no se detuvo.
—Necesito estar sola.
—No.
Violetta se giró.
—¿Qué?
—No después de todo lo que acabamos de descubrir.
Ella bajó la mirada.
—Tengo miedo.
Oleg se acercó.
—Yo también.
—¿Y si nuestro beso fue un error?
Oleg negó inmediatamente.
—No.
—Pero el documento…
—No me importa.
—¡A mí sí!
Violetta levantó la voz.
—Toda mi vida alguien ha decidido por mí.
Señaló el documento.
—Mis padres.
—Las familias.
—El acuerdo.
—Todos.
Una lágrima cayó por su mejilla.
—No quiero que esto también decida a quién puedo amar.
Oleg se acercó lentamente.
—Entonces no lo hará.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque esta vez no voy a obedecer a nadie.
Violetta lo miró.
—¿Y si eso significa enfrentarte a tu propia familia?
Oleg respondió sin dudar:
—Lo haré.
Ella respiró profundamente.
—¿Por mí?
Oleg sostuvo su mirada.
—Por nosotros.
Violetta sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
⸻
Esa misma noche, Oleg recibió una llamada.
—Habla.
La voz de su padre sonó al otro lado.
—Regresa a Rusia.
—No.
—Oleg.
—No voy a dejarla.
Hubo silencio.
—¿Ya te enamoraste?
Oleg cerró los ojos.
No respondió.
Su padre continuó:
—Entonces ya es demasiado tarde.
—¿Para qué?
—Para protegerla.
Oleg se tensó.
—¿Qué significa eso?
—El acuerdo se ha roto.
Oleg se quedó inmóvil.
—¿Quién lo rompió?
—Tú.
—¿Cómo?
Su padre respondió:
—Al besarla.
Oleg miró hacia la puerta de la habitación de Violetta.
—¿Cómo sabes eso?
Silencio.
—Porque alguien nos está observando.
La llamada terminó.
Oleg se quedó mirando el teléfono.
Entonces levantó la cabeza.
Había una cámara diminuta en la esquina del pasillo.
Alguien había estado observándolos.
⸻
En otro lugar de la ciudad, una mujer dejó el teléfono sobre la mesa.
—Ya lo sabe.
Un hombre frente a ella preguntó:
—¿Y ahora?
La mujer sonrió.
—Ahora hacemos que Violetta crea que Oleg la traicionó.
—¿Y si no funciona?
Ella tomó una fotografía.
Era una imagen de Oleg hablando con Anastasia.
—Entonces le daremos una razón para odiarlo.
La fotografía mostraba algo que parecía una conversación secreta.
Pero había sido tomada desde un ángulo cuidadosamente elegido.
La mujer sonrió.
—El amor es fácil de destruir cuando todavía no sabe cuánto vale.
Mientras tanto, Violetta dormía sin imaginar que, al despertar…
vería una fotografía que podría cambiar para siempre la forma en que veía a Oleg.