Valentina Montenegro a sus 27 años creyó que lo tenía todo: un matrimonio estable, una familia influyente y un futuro junto al hombre que amaba.
Durante siete años permaneció al lado de Leonardo de la Vega, soportando silencios, ausencias y un secreto que decidió cargar sola por amor, hasta que una noche descubrió que su esposo llevaba años compartiendo su vida con otra mujer.
Y entonces apareció él....
Alexander de la Vega, el tío de su esposo, un hombre diez años mayor a ella, que siempre permanecía en las sombras de la familia, el único que vio su dolor cuando todos los demás miraban hacia otro lado.
Lo que comenzó como consuelo se convirtió en una amistad peligrosa y lo que jamás debió ocurrir terminó cambiando sus vidas para siempre, porque mientras Leonardo cree que tiene el control de la herencia y de mi vida, él no tiene idea de que en este tablero de traición, dinero y poder... su propio tío ya se quedó con la corona, y con la mujer que él nunca supo valorar.
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Capítulo 15 "Bofetada con guante blanco"
La respiración se le cortó en la garganta, incapaz de asimilar esa voz masculina que acababa de romper el silencio, sin embargo, antes de que el pánico le obligara a gritar, una risa suave y familiar resonó desde la oscuridad, se giró asustada solo para encontrarse con los ojos brillantes y burlones de su hermano menor, quien estaba apoyado cómodamente entre varias de las pinturas del rincón junto a su maleta de viaje. El susto se transformó instantáneamente en una oleada de alivio y una inmensa felicidad, dejó el pincel en la mesa y corrío hacia él, envolviéndolo en un abrazo apretado, Dimitri le correspondió de la misma manera, levantándola un poco del suelo con esa fuerza juvenil de sus diecinueve años.
—¡Eres un tonto! —le reclamó al separarse, dándole un golpe cariñoso en el hombro— Casi me sacas un susto de muerte.
—¿A poco no reconoces la voz de tu propio hermano? —respondió él con una sonrisa traviesa, acomodándose el cabello
—Claro que sí, pero no esperaba tu llegada en lo absoluto, de haberlo sabido, hubiera ido a buscarte al aeropuerto.
—Esa era la idea, quería que fuera una sorpresa —confesó, encogiéndose de hombros— Ni siquiera nuestros padres saben que estoy aquí.
—¿Tienes mucho tiempo esperándome? Seguro tienes hambre,vamos a casa, te prepararé tu platillo favorito.
No dejó que respondiera, lo tomó de la mano firmemente con un brazo mientras con el otro sostenía su bolso.
Mientras caminaban hacia la salida y ella se aseguraba de cerrar la puerta del taller con llave, no pude evitar preguntarle:
—Por cierto, ¿cómo entraste? Estaba todo cerrado.
—Tengo una copia de la llave original —respondió Dimitri, sacando un llavero de su bolsillo—Papá me la dio la última vez que lo vi en el extranjero.
Asintió, entendiendo de inmediato el gesto protector de su padre. Subieron a su auto y el trayecto hacia la mansión transcurrió en un ambiente sumamente relajante, sintonizaron una estación con la música que les gustaba a ambos y aprovechó para hacerle las preguntas básicas: cómo estaba, cómo iban sus estudios de leyes, qué tal había estado el vuelo; él respondió a cada una con entusiasmo, hasta que recordó un detalle importante.
—Ahora que lo pienso Dimitri, tú aún no sales de vacaciones en la universidad,¿Cómo conseguiste el permiso para viajar?
—Conseguí que me adelantaran los exámenes finales —respondió con un tono de suficiencia— Ya sabes, privilegios de ser el estudiante con honores del campus.
—Eso lo explica todo —sonreí, orgullosa de su inteligencia.
Después de varios minutos de conducción, el auto se detuvo frente a las rejas de la mansión De la Vega, la casa que compartía con Leonardo. Se adentraron en la propiedad y tras ordenar al personal de servicio dejar su maleta en la habitación de invitados, se puse manos a la obra directo en la cocina, quería preparar una cena espectacular para celebrar la honorable e inesperada visita de su hermano.
Dimitri se recargó en la barra de la cocina, observando el lujo impersonal del lugar con una mueca de desagrado.
—¿Y tu querido marido dónde está? —preguntó de pronto, cruzando los brazo—¿Sigue siendo el mismo idiota arrogante de siempre?
—Quizá aún está en la oficina —respondío de espaldas, concentrada en picar los ingredientes.
Él asintió, soltando un bufido despectivo.
—Nunca entendí cómo te casaste con él, son tan distintos, tú eres arte y él es pura fachada.
Valentina estaba a punto de responderle, de pedirle que moderara sus palabras por si el servicio escuchaba, cuando el sonido de la puerta principal abriéndose interrumpió la conversación. Unos pasos firmes se acercaron directo hacia la cocina, quien acababa de llegar era Leonardo, con el saco en la mano y la corbata floja.
Al entrar y ver a Dimitri, se detuvo en seco, visiblemente sorprendido.
—Vaya cuñadito, no te esperábamos —soltó, forzando esa sonrisa de condescendencia que tanto usaba.
—Sí, nosotros tampoco —respondió Dimitri al instante, con una seriedad que hacía referencia directa a que no esperaba que Leonardo arruinara la noche llegando en ese momento.
El esposo soltó una risa ligera, intentando disipar la tensión, aunque un destello de molestia cruzó por sus ojos.
—Vaya, qué sentido del humor tienes —dijo, dándole una palmada un tanto brusca en el hombro a Dimitri.
Acto seguido, se acercó a su esposa y la saludó depositando un beso rápido en el cabello.
— Subiré a ducharme mi amor y después bajo a cenar para darle la bienvenida a mi cuñado.
En cuanto Leonardo se retiró y sus pasos se perdieron escaleras arriba, Dimitri se giró hacia su hermana mayor con una expresión de absoluto fastidio.
—Me cae tan mal, Valentina —susurró con desprecio— Sin duda es el mismo estúpido de siempre.
Un rato más tarde, la cena estuvo lista, se sentaron los tres a la mesa del gran comedor, probando los platillos en medio de una conversación que intentó mantener amena; todo giraba alrededor de Dimitri, de sus notas en el extranjero y de su futuro, ya que él era el invitado de honor, sin embargo, la aparente paz duró poco.
Leonardo, frustrado por el desastre en su cabeza y queriendo demostrar superioridad ante un chico estudiantil soltó un comentario cargado de veneno.
—Dudo mucho que algún día llegues a llenar los zapatos de tu padre, Dimitri —soltó, tomando un sorbo de vino con arrogancia— Te falta carácter y te falta experiencia para manejar un bufete de ese calibre.
Dimitri sintió la bofetada directa que las palabras de Leonardo pretendían darle, atacando el legado de su padre, uno de los abogados más importantes y respetados de la industria en el país; pero él no era un eslabón débil, evidentemente no se quedaría callado, enderezó la espalda, sostuvo la mirada de su cuñado y dibujó una sonrisa burlona.
—Yo podría decir exactamente lo mismo de ti, Leonardo —atacó con un tono arrastrado y letal— Porque si fueras tan capaz como dices ser, tu abuelo ya te hubiera cedido el puesto de presidente de la compañía hace mucho tiempo, ¿no es así?
Leonardo se tensó por completo en su silla, la bofetada verbal de su cuñado le había regresado el golpe con el doble de fuerza, dándole directo en su talón de Aquiles, en su mayor complejo e inseguridad. Miró a Dimitri con los ojos encendidos de furia, apretando el tenedor con fuerza.
—Bueno yo estoy a punto de ganarlo, en cambio tú... —comenzó a amenazar, con la voz alterada.
—Fue suficiente —interrumpió Valentina, elevando su voz con una firmeza que hizo que ambos se callaran al instante.
Después fijo sus ojos en los de su esposo, dedicándole una mirada severa y fría, exigiéndole en silencio que parara la disputa
— No hagamos pasar un mal rato al invitado de honor, después de todo, nosotros somos los anfitriones aquí Leo.
Leonardo tragó saliva, conteniendo la rabia y desvió la mirada hacia su plato.
El resto de la cena transcurrió en un silencio denso y asfixiante, donde solo se escuchaba el chocar de los cubiertos contra la porcelana. Mientras Valentina fingía cenar, su mente no dejaba de trabajar. La impulsividad de su hermano podía traer serios problemas si no lo controlaba, tenía que ser cuidadosa a partir de ahora, sobre todo porque la mecha de su matrimonio ya estaba encendida y no iba a permitir que Dimitri arruinara su próximo paso para terminar con esta farsa de una vez por todas.