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El Yacuza Tiene Un Amante

El Yacuza Tiene Un Amante

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / BL / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Liam solo quería salvar a su hermano.

Cuando el profesor Duncan Ashford descubre al muchacho robando en su oficina, lo denuncia ante la universidad. Desesperado, Liam le ruega que retire los cargos. Su hermano podría ser expulsado y quedar marcado para siempre.

Entonces Duncan le hace una pregunta:

—¿Qué estarías dispuesto a dar para salvarlo?

Liam responde sin pensar:

—Lo que sea.

Acaba de cometer su primer gran error.

Duncan no es solamente un profesor. Es el líder de una poderosa familia yakuza, un hombre casado que nunca deja que nadie altere sus reglas.

Pero Liam ha despertado su interés.

Una noche. Un trato. Un precio que jamás imaginó pagar.

Y cuando Liam descubra quién es realmente el hombre al que le entregó su inocencia, será demasiado tarde para escapar.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Recordatorio

El mensaje llegó el lunes a las siete de la tarde. Una sola línea.

Duncan: Hoy. 21:00. 7-3. No te retrases. No te voy a esperar.

Sin indicaciones, sin detalles. Solo una hora, una puerta y un ultimátum. Liam miró la pantalla, guardó el teléfono y se vistió. No se miró al espejo. No quería ver esa cara de diecinueve años, ojerosa, que ya no reconocía.

A las ocho y cincuenta y ocho estaba frente al 7-3. Llamó. Tres veces. La puerta se abrió.

Duncan estaba en el vestíbulo, de pie, inmóvil. Camisa blanca abotonada hasta el cuello, pelo peinado hacia atrás, ojos oscuros y fijos. No sonrió.

—Entra. Cierra.

El departamento estaba a oscuras. Solo el resplandor azulado de la ciudad por los ventanales. Sin música, sin ruido, solo un silencio tan denso que Liam oía su propia respiración.

—Quítate la chaqueta. Los zapatos. La camisa.

Liam obedeció, los dedos temblando sobre los botones. Duncan lo observó sin moverse, con esa atención fría y clínica de quien inspecciona algo recuperado tras una fuga.

—Mírame.

Se acercó, detuvo a centímetros. El olor a madera llenó el aire. El anillo brilló en la penumbra.

—Intentaste irte. —No fue pregunta. Fue sentencia—. Y yo te encontré. Y te traje de vuelta.

Liam asintió. Duncan le levantó la cara con dos dedos bajo la barbilla.

—Esta noche no hay cena, ni jazz, ni preguntas. Esta noche es para recordarte qué eres. No alumno, no hijo, no hermano. No alguien con un billete y una mochila y una ciudad al sur. Eres mío. Y te lo voy a grabar en la piel hasta que no te quede ninguna duda.

—No cierres los ojos. —Liam los abrió—. Ven.

Caminaron al dormitorio. No hubo besos, ni ternura, ni palabras suaves. Solo manos que desabrochaban, empujaban, colocaban. Un cuerpo que se movía sobre otro con precisión fría, sin prisa, sin piedad. Una voz que repetía, baja y constante al oído:

—Eres mío. No te vas a ir. Eres mío, Liam.

Liam miró el techo. No lloró. Ya no quedaban lágrimas. Su cuerpo estaba ahí, pero su mente estaba a trescientos kilómetros al sur, en el tren que nunca tomó, mirando una vida que nunca sería suya. No era placer. No era deseo. Era una lección. Un sello. Una marca.

Cuando terminó, Duncan se levantó, fue al baño, volvió y se vistió con calma. Se sentó en el borde de la cama.

—¿Lo recuerdas?

—Sí.

—¿Qué recuerdas?

—Que soy tuyo.

Duncan asintió, le acarició la mejilla. El anillo frío rozó su piel.

—Bien. Mañana es martes. Tienes clase a las nueve. Ve, estudia, come, duerme. Y el jueves vienes aquí a las nueve. Como siempre. Como si no hubiera pasado nada. Porque no ha pasado nada. Solo un recordatorio.

Salió. La puerta se cerró. El cerrojo chasqueó desde fuera.

Liam se quedó mirando el techo. El silencio. El rectángulo de luz en el suelo. Se llevó la mano al pecho, al punto donde el peso había estado, donde la voz había repetido eres mío hasta que dejó de ser palabra y se convirtió en latido.

Y lo peor no fue el acto, ni la humillación, ni el recuerdo del tren cerrándose. Lo peor fue esa parte pequeña, podrida, imposible de arrancar: el alivio. Alivio de que no llamara a su madre. Alivio de que no lo dejara ir. De que la jaula siguiera cerrada.

Porque la jaula era conocida. Y afuera, en el andén, en el sur, solo había vacío. Un vacío que daba más miedo que cualquier mano.

Se vistió. Salió. El aire frío de la calle lo recibió. Caminó a la parada, se sentó, miró sus manos —las manos que ya no temblaban—. El autobús llegó. Subió, pagó, se sentó junto a la ventana.

No miró hacia la estación. No miró hacia el sur. No miró hacia ningún sitio que no fuera el próximo jueves.

Porque el próximo jueves era lo único que existía.

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D_a_r_r
Realmente estoy esperando el momento que sufra Duncan 😭
Dalia Lara
me va gustando mucho la historia 🥰🥰más capítulos por favor
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