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BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Amor eterno / Mujer poderosa
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

En el reino de Aethelgard, el príncipe Aelion es un guerrero élfico invicto, de alma pura y de magia indomable. Pero cuando una traición lo expone a un afrodisíaco, su cordura se desmorona en las profundidades del bosque. Allí se cruza con Mia, una mestiza de ardientes ojos ámbar que, para salvarlo del fuego que lo consume, accede a entregarse a él.
En medio del calor de la pasión, Aelion descubre lo impensable: ¡ELLA ES SU ALMA GEMELA!
Sin embargo, cuando Mia acepta su dinero por desesperación para salvar la vida de su tío enfermo, el orgullo del príncipe se rompe al creer que la mujer de su vida no tiene honor. Obligados a reencontrarse bajo la mirada de la realeza y aplastados por malentendidos, celos e impulsos incontrolables, ambos descubrirán que la peor cicatriz no es la que se lleva en la piel... sino la que se queda grabada en el alma.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17 PRETENDIENTES Y LA INSISTENCIA DE ARAGÓN

Mia

Noticias sobre lo ocurrido en el Pabellón del Elementalismo corrieron por las cumbres de la academia como un reguero de pólvora. En cuestión de tres días, el anonimato que tanto me había esforzado por mantener se desintegró por completo. La "campesina" ya no era una figura invisible a la que los nobles miraban con desdén; se había convertido en el enigma más codiciado del recinto.

El cambio en la actitud de los estudiantes fue tan repentino como abrumador. Serena y yo no podíamos cruzar el Patio de los Candelabros hacia la biblioteca o la arcada central sin que las miradas se posaran sobre nosotras.

Para mi amiga, que amaba el dramatismo y la atención, aquello era un espectáculo divertido; para mí, una campesina acostumbrada a la soledad de las Comarcas, resultaba una auténtica tortura para los nervios.

—Sonríe un poco, Mia —murmuró Serena a mi lado mientras caminábamos por la galería de piedra, dándome un codazo juguetón—. Pareces una prisionera camino al cadalso, y tienes a medio campus haciendo fila solo para saludarte.

No exageraba. Mi casillero en el pabellón de práctica se había convertido en un depósito improvisado de obsequios extravagantes.

Había orquídeas de cristal enviadas por magos de la Casa de Agua, frascos de esencias perfumadas de los alquimistas del norte y notas escritas en pergaminos perfumados con poesía rimbombante.

Jóvenes de altos linajes, que apenas dos días atrás me habrían esquivado en el pasillo para no ensuciar sus capas, ahora se cruzaban "casuales" en mi camino para ofrecerme escolta, cargar mis tomos de estudio o elogiar con palabras almibaradas el color de mis ojos.

—Es ridículo —susurré, apretando los libros contra mi pecho mientras aceleraba el paso para esquivar a dos diplomáticos de la estirpe de los vientos que nos sonreían desde una balustrada—. Hace una semana ni siquiera me habrían mirado a la cara. No les me intereso yo, Serena. Les interesa el espectáculo que hice frente al profesor.

—Por supuesto que les interesa el poder, pero no te restes crédito —sonrió Serena, haciendo bailar una pequeña chispa entre sus dedos—. Además de haber dejado con la boca abierta a la Junta de Archimagos, eres hermosa, Mia. Tienes esa belleza misteriosa, esa mirada dulce pero feroz que vuelve locos a los elfos y a los brujos de alto rango. Acéptalo: eres la sensación de la academia.

Tragué saliva, sintiendo que un rubor incómodo me quemaba las mejillas. Aquellos galanteos vacíos no provocaban absolutamente nada en mí. Cada vez que un joven noble me dedicaba una reverencia ensayada o me ofrecía una flor encantada, mi mente, de forma inevitable y despiadada, regresaba a Aelion.

Recordaba la calidez genuina de sus manos, la forma en que su mirada azul me escudriñaba sin máscaras ni títulos, la ferocidad de su abrazo en la cabaña abandonada y la devoción salvaje con la que me amaba en la penumbra.

Aelion no me buscaba por un despliegue de poder deslumbrante ni por impresionar a la corte; me amaba por quien era en lo más profundo de mi ser o eso creía. Comparados con él, todos los pretendientes de la academia parecían simples sombras de papel.

Sin embargo, había alguien a quien no resultaba tan fácil ignorar ni esquivar.

—Hablando del rey de Roma... —masculló Serena, deteniéndose en seco a mitad del corredor circular del gran jardín.

Levanté la vista y el corazón me dio un pequeño vuelco de aprehensión.

A pocos metros de nosotras, apoyado contra una de las monumentales columnas de mármol con una actitud de absoluta confianza, se encontraba Aragón.

Aragón no era un estudiante común. Pertenecía a los grados superiores y era, sin discusión alguna, el alumno más poderoso y destacado de la Academia Celestial. Perteneciente a una de las familias guerreras más antiguas del continente, poseía una maestría aterradora sobre la magia de tierra y combate. Era alto, de hombros anchos y complexión atlética, con la piel dorada por el sol de las batallas y un cabello castaño oscuro que le caía en mechones rebeldes sobre la frente. Sus ojos, de un marrón profundo y cálido como la tierra húmeda, irradiaban un magnetismo que hacía que tanto hombres como mujeres se apartaran a su paso con una mezcla de respeto y temor.

Al vernos, una sonrisa lenta, arrogante y desarmadamente atractiva se dibujó en sus labios.

—Señorita Mia —saludó Aragón, su voz grave y resonante retumbando en el pasillo mientras caminaba despacio hacia nosotras. Se detuvo a un metro de distancia, haciendo una reverencia impecable que rozaba la caballerosidad militar—. Señorita Serena.

—Aragón —asintió Serena con cierta cautela, aunque no pudo evitar examinar al guerrero con el ojo crítico de una bruja que reconocía el peligro.

—Espero no estar interrumpiendo su paseo hacia la biblioteca —continuó Aragón, fijando sus ojos castaños exclusivamente en mí. La intensidad de su mirada era casi física, un peso denso que me hizo dar un paso involuntario hacia atrás—. Aunque debo confesar que llevo casi una hora esperando a que cruces por este jardín, Mia.

—¿Esperándome a mí? —articulé con un hilo de voz, tratando de mantener la compostura mientras apretaba mis tomos de magia elemental contra el vientre.

—Así es —sonrió él, dando un paso más hacia mí, acortando el espacio entre ambos. Tenía un aroma masculino a roble, cuero y ozono que me resultaba ajeno—. Ayer no tuve la oportunidad de decírtelo en el gran comedor, pero la manifestación que creaste en la clase del Profesor Theron fue lo más fascinante que he presenciado en este lugar en mis cuatro años de estancia. Y créeme, he visto a los mejores magos de la corte intentar proezas semejantes sin lograr ni una fracción de la belleza que tú alcanzaste.

—Solo... fue un impulso. No sé controlar del todo lo que ocurrió —respondí, bajando la mirada para no ahogarme en la fijeza de sus ojos.

—El poder puro no necesita disculparse por su naturaleza, Mia —dijo Aragón con una galantería fluida, alcanzando una pequeña caja de madera de nogal tallada a mano que llevaba en la cintura—. Acepta esto. Es una piedra de sintonía telúrica de las minas de mi familia. Si la llevas contigo durante las prácticas, te ayudará a estabilizar el flujo de tu energía cuando intentes canalizar.

Abrió la caja. En el terciopelo negro descansaba una gema dorada que emitía un pulso cálido y constante de magia de tierra. Era un regalo extremadamente costoso, una reliquia que solo los nobles de la más alta alcurnia podían poseer.

—No... no puedo aceptar algo así, Aragón —rechacé de inmediato, dando un paso atrás con firmeza—. Es un regalo demasiado valioso y apenas nos conocemos.

Aragón no pareció molestarse en lo absoluto por mi negativa; al contrario, la chispa de interés en sus ojos pareció encenderse con más fuerza. Serró la cajita con un chasquido suave, guardándola de nuevo sin perder la sonrisa conquistadora.

—Admiro tu modestia, Mia. Una mujer con tu poder y tu belleza podría exigir reinos enteros a sus pies, y sin embargo te mantienes distante. Eso solo te hace diez veces más fascinante ante mis ojos.

Me quedé helada. Las palabras de Aragón eran calculadas, seductoras, diseñadas para derretir la resistencia de cualquier muchacha. Pero en lugar de derretirme, me provocaron un nudo de angustia en el estómago. La sombra de Aelion volvió a alzarse entre nosotros, gigante e infranqueable.

Aelion nunca usaba palabras grandilocuentes ni halagos ensayados. Cuando Aelion me miraba, no había arrogancia en su rostro; había una vulnerabilidad profunda, una pasión ardiente y una necesidad feroz que me hacía temblar.

Aelion no intentaba impresionarme con regalos de valor o con su estatus de guerrero; me ofrecía su verdad, sus promesas en el carruaje, sus besos desesperados en la penumbra y el calor de su cuerpo unísono al mío.

Aragón era el guerrero perfecto, el número uno de la academia, el hombre que todas las estudiantes deseaban tener cerca. Pero para mí, no era más que un extraño intentando derribar un muro que ya le pertenecía a un príncipe elfo.

—Tenemos que ir a clase, Aragón —intervino Serena, notando mi incomodidad y colocándose sutilmente a mi lado para cortar la tensión—. El Profesor Theron no es muy paciente con los retrasos.

Aragón miró a Serena y luego volvió a fijar su atención en mí. Dio un paso atrás, inclinando la cabeza con una compostura envidiable.

—Por supuesto. No quisiera ser la causa de una reprimenda para la estudiante más prometedora de la institución —dijo, dedicándome una última mirada cargada de una promesa implícita—. Pero no te mantengas tan lejos, Mia. Los entrenamientos de combate de los grados superiores comienzan la próxima semana. Me gustaría mucho que estuvieras en las gradas. Reservaré un asiento para ti.

Sin esperar mi respuesta, el guerrero se giró y caminó por el pasillo con la soltura de quien se sabe dueño del mundo, dejando tras de sí un rastro de murmullos entre los estudiantes que habían presenciado la interacción.

Dejé salir un largo suspiro que no sabía que estaba reteniendo, apoyándome levemente contra el hombro de Serena.

—Por los dioses... —murmuró Serena, mirándome con los ojos desorbitados—. El mismísimo Aragón de la Casa de la Tierra te está cortejando abiertamente frente a todo el campus. Mia, ese chico hace que la mitad de las elfas de tercer año se desmayen con solo sonreírles, ¿y tú estás temblando como si te hubiera amenazado con una espada?

—Me pone nerviosa, Serena —confesé, echando a andar hacia el aula de teoría con pasos apresurados—. Siento que me observa como si fuera un trofeo que quiere conquistar. No me conoce. No sabe nada de mí.

—Bueno, es un guerrero noble. Están acostumbrados a conseguir todo lo que quieren —dijo Serena, ajustándose la túnica mientras caminaba a mi lado—. Pero admito que la forma en que lo rechazaste fue épica. La mayoría de las chicas habrían tomado la gema y se habrían desmayado en sus brazos.

—No quiero gemas ni galanteos de nadie —susurré en un hilo de voz, apretando el amuleto de mi madre que colgaba bajo mi ropa, sintiendo el leve calor que aún conservaba del recuerdo de Aelion.

—Aún piensas en él, ¿verdad? —preguntó Serena con voz suave, dejando de lado el tono burlón y mirándome con genuina preocupación.

No tuve que responder. Mi mirada lo dijo todo.

—Ese hombre del que nunca me has querido decir el nombre... debe de ser alguien muy especial para que ni siquiera el estudiante más codiciado de esta academia pueda hacerte dudar ni un solo segundo —concluyó la bruja con una sonrisa comprensiva.

Nos adentramos en el pabellón de clases bajo el murmullo incesante de los alumnos. El mundo a mi alrededor parecía empeñado en empujarme hacia la fama, el poder y pretendientes de la alta nobleza, pero mientras cruzaba el umbral de la sala, mi corazón seguía atrapado a leguas de allí, en los brazos del príncipe elfo al que había dejado atrás en el valle.

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Nery Guerrero
así me gusta q te superes y le calles la boca a la gente
Nery Guerrero
así es Mia para adelante y más nada
Nery Guerrero
q bien Mia les diste en la mera torre nadie se burla de ti
Nery Guerrero
así es demuestra lo que eres y lo q sabes q todos te respeten
Nery Guerrero
te admiro Mia supérate para q estés a la altura del Príncipe no dejes q nadie te pisotee
Nery Guerrero
Bueno Mia ese es un riesgo que tú tienes que correr
Nery Guerrero
q Rico y a la vez frustrante la interrupción pero lo disfrutaron un rato
Nery Guerrero
bien por Dorian y Mia pero los humillaran por ser pobres los defenderá la reina estará embarazada Mia
Nery Guerrero
q lindo conquista a tú chica ella es una buena niña no la hagas sufrir
Nery Guerrero
esa Mia si es boba dígale la verdad y punto deja q el Príncipe crea lo peor de ella en el fondo ellos dos se gustan
Nery Guerrero
q Mia ella sabe que el Príncipe la consigue dónde sea pero es una necia y el Príncipe la humilló muy feo
Nery Guerrero
q chimbo Mia de dijo lo del novio para no delatar al Príncipe pero el Príncipe no se lo q está pensando
Nery Guerrero
será q la reina se dará cuenta de lo q pasó entre ellos
Nery Guerrero
hay q ver q los hombres son idiotas la embarran y después se hacen los inocentes después de q la disfruta la caga
Nery Guerrero
q rico seguro q ella queda embarazada más a favor de el
Nery Guerrero
wow ese afrodisiaco si q es fuerte ojala y la chica le haga el favor y después q castigue a la princesa por mala gente
Nery Guerrero
por el pedazo que leí se ve q va ser buena
Zaida Sanchez
primera vez que la protagonista quiere el aborto 😭🤔
Zaida Sanchez
excelente historia me encanta 😍😍😍😍
Zaida Sanchez
puro fuego 😵‍💫🫨🥵
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