Un grupo de amigos y una policía encubierto arriesgan sus vidas, tratando de acabar con la corrupción que azota la ciudad.
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CAPÍTULO 18
—¿Cómo estuvo tu día después del entredicho con el señor Alonso? — preguntó Amanda, haciendo un gesto de inocencia.
—Complicado... de verdad. Ese tipo de cosas me enervan. Uno va a trabajar lleno de buenas intenciones y siempre hay alguien que quiere boicotear la jornada...
—Si, entiendo que no debe ser fácil soportar tanta presión. Pero al fin y al cabo hay que tratar de quedarse siempre con lo bueno que nos pasa durante el día, de lo contrario viviríamos amargados, y eso no es muy saludable que digamos...
«Por supuesto. Yo me estoy quedando con lo bueno de estar compartiendo contigo, mi cielo! ¡Te adoro por eso»— pensó Germán, mientras la miraba con cara de inocencia.
—Es verdad, los momentos malos hay que dejarlos pasar sin darles demasiada importancia, yo lo hago, y ahora estoy super contento, por ejemplo...
«Qué bueno que estés super contento, así no tendré muchos problemas en interrogarte, digo, también en pasar un lindo rato contigo, cariño»
—Me alegra que puedas salir rápido de esas situaciones incómodas. Yo también suelo salir rápido. Es más, muchas veces utilizo esas situaciones y les saco provecho escribiendo...
—¿Escribiendo? ¿Qué escribís? Si se puede saber, claro...
—Me da un poco de vergüenza decirlo, pero, mi sueño es ser escritora, y estoy haciendo mis primeras armas con una novela que está en proceso— mintió —En fin... Veremos que sale de todo esto...
—¿Una novela? ¡Qué bueno!...
—Si, tiene una trama policial. Un poco de mafias y narcos, algo que lamentablemente está muy de moda por estos días...
—Es verdad, algo muy recurrente que parece que se está normalizando, quiero decir, que la gente ya lo toma como algo común, parte de nuestras vidas...
—Es que la gente se acostumbra rápido a lo que le imponen. La mayoría son incapaces de revelarse, y los pocos que lo hacen, quedan solos a merced del sistema que poco a poco los va devorando y va acallando sus voces.
—Entonces, ¿con tu novela pensás darle voz a los que son devorados y acallados por el sistema?
—¡Noo, no tengo tanto talento para eso! Acordate que recién comienzo con mi proyecto...
—Bueno, ¿vas a contarme algo sobre la trama de tu novela? ¿O me vas a decir lo que imagino dicen todos los escritores? ¡Cuando la termine podrás leerla! ¡Ja!
—Ya te dije, trata un poco sobre eso, delincuencia y esas cosas. Pero pensándolo bien, vos podrías darme algunas ideas, algunos piques...
—Sobre escritura tengo cero ideas, no se..., ¿que podría aportar yo?...
—Siempre hay algo para aportar. Dicen que todo pueblo esconde secretos bien guardados, por ejemplo, yo me vine a La Paz porque es una ciudad tranquila, ideal para escribir. En estos días que he permanecido aquí, escuché varios rumores sobre casinos y prostíbulos clandestinos.
—Si, rumores se corren siempre, lo difícil es comprobar que sean ciertos...
«¡Ya picó! Comenzó a comer de la palma de mi mano. Ahora lo hago cantar como un pajarito ¡je! »
—¿También escuchaste sobre esos rumores? —-preguntó Amanda, poniendo cara de niña buena.
—Si, escuché —Germán cebó otro mate y se lo dió a ella —- Pero si te cuento no creo que te sirva de mucho...
—¡Todo sirve! No te olvides que mi novela será ficticia. Sea cierto o no lo que me cuentes, podré ponerlo en el libro.
—Entonces si llegás a ser famosa me vas a dar mi crédito por haber colaborado, ¿verdad?—Germán se rió al decir esto.
—¡Por supuesto! —Amanda también rió—Te voy a mencionar en la dedicatoria...
—¿Cómo es tu apellido? —quiso saber él — Así cuando seas famosa podré jactarme con mis amigos de que te conozco.
—Le... Lencina...
—¿Con doble Le?
—¡Noo, con una! Lencina, es que a veces se me lengua la traba jaja..
«¡La puta madre!, casi meto la pata y le digo Ledesma. Menos mal que es un poco lento y ni se dió cuenta».
—Suele pasar, no te preocupes...
«Está nerviosa y se le nota... ¿Será que yo la pongo así? ¡Noo, no sueñes Germán!».
—Bueno, ¿en que estábamos? —ella terminó de tomar el mate y se lo alcanzó. — ¡Aaa si! En que me ibas a contar sobre esos rumores...
—Es cierto. Bueno... si, dicen las buenas lenguas que en el hotel de Alonso se llevan a cabo todo tipo de actividades criminales...
—¿Por ejemplo?...
—Por ejemplo que el quinto piso es exclusivo para las amistades más cercanas al viejo Alonso...
—¿A vos te consta eso? ¿Pudiste ver algo raro o fuera de lo común alguna vez?
—Si... Un par de veces anduve haciendo algunas tareas en los pisos superiores, y al llegar al quinto no me dejaban permanecer mucho tiempo cerca. Incluso hay guardias en la puerta del ascensor, día y noche. Los tipos son recelosos con los que se acercan demasiado. A mi me conocen y no me hacen mucho drama. Pero igual se nota que cualquier persona ajena al piso no es bienvenida...
—¿Entonces pensás que es verdad que esconden algo turbio ahí?
—Si, pienso que es verdad. Es más, estoy seguro que esconden mucha mugre en ese piso. Pero no tiene porqué importarme, ¿o si?...
—No, no tendría por qué importarte Mientras no se metan contigo...
—Es lo que yo digo... Pero a veces pienso que si tendría que importarme...
«Bueno, decidite. ¿Te importa o no te importa?. Si vas a actuar así para declararme tu amor... ¡Estoy en el horno! Pero... ¿qué estás pensando, Amanda?... ¡Controlate por favor!»
«La dejé pensando, ¡je! Amo hacer eso, como que si y que no, como que encaro y no encaro... Se que a ellas las vuelven locas los hombres así»
«¡Si supieras como odio a los hombres así! ... Son inseguros, inmaduros... Parecen nenes de mamá».
—En fin —Amanda rompió el silencio —Creo que ya es hora de la retirada. ¡Muy rico tu mate, he!
—-Gracias, no soy muy buen cebador, pero me defiendo...
—De verdad, muy bueno. ¿Podrías hacer algo por mí?
—¡Sí, lo que sea! —Germán la miró, prestando mucha atención.
—Quiero decir, ¿cabe la posibilidad de que puedas averiguar algo más sobre el quinto piso? No sé... Tal vez conozcas a alguno de los guardias que pueda darte alguna pista, acordate que todo sirve...
—Si, de hecho unos de los guardias nuevos es conocido. No somos amigos, pero nos tenemos confianza. Trataré de hablar con el a ver que onda...
—¡Excelente! Pero tenés que prometerme que no te vas a arriesgar a nada. Necesito datos solo para escribir un libro, no un prontuario. Incluso los nombres de los personajes son desconocidos, la historia transcurre en otra ciudad y la trama nada que ver con la realidad. Así que decile eso al guardia, que no se preocupe que nadie se va a enterar...
—Trataré de averiguar todo lo posible, te lo prometo. ¡Sii ya se, sin arriesgarme!
—Ok..., ¿nos vemos mañana entonces?... Digo... ¿vas a estar mañana en el restorán?
—Si, mañana sábado trabajo. Estoy hasta el mediodía, ¿Por qué preguntabas?
«Si preguntaste es porque querés verme, bandida, no lo niegues... Yo también me muero por verte mañana, ¡mi vida!».
—¡Aaa noo! Por nada en especial, te preguntaba porque mañana temprano voy a estar por ahí, y si tenés alguna novedad me gustaría escucharte...
«También voy a ir para verte, las novedades que tengas me tienen sin cuidado. ¡Voy a ir temprano para verte a vos! ¡ A ver si alguna vez entendés las indirectas de una mujer! ¡Qué lento que sos!»
—Bueno, yo también me marcho
Germán se puso de pie. Los dos quedaron frente a frente, y solo se miraron.
—Bien, ¡hasta mañana! —-saludó Amanda, pero sin moverse de donde estaba
—¡Hasta mañana! Gracias por la compañía —saludó él, tampoco sin moverse.
—Bueno... Me voy... —dijo ella
—Yo también...
«Capaz que está esperando que le de un beso»... Pensó Amanda
«Me parece que quiere que le de un beso»... Pensó Germán
—¿Vas para el hotel? Si no te molesta te acompaño hasta ahí, me queda de pasada...
—¡Bueno! —asintió ella, comenzando a caminar.
—¡Esperame! — Germán se apresuró a recoger el termo y el mate que habían quedado encima del banco. Luego corrió cuatro o cinco metros y la alcanzó, poniéndose a la par.
—No me dijiste de donde sos... — quiso saber Germán, cuando ya iban caminando lado a lado.
—Cierto, no te lo dije... Soy de Montevideo.
—¿Cómo se te ocurrió venir a La Paz?
¿Habías venido antes?
—Por pura curiosidad. Me habían comentado que es un sitio muy tranquilo y no dudé en venir para acá.
—¡Aaa, que bien! Espero que tu estadía sea acorde a lo que esperabas.
—Gracias, por el momento la ciudad ha colmado mis expectativas...
—¿Hasta ahora qué fue lo que más te gustó de la ciudad?
«Decime que lo que más te gustó fui yo, ¡por favor! Yo te lo diría, que desde el primer momento en que te vi caí rendido ante tus encantos... ¡Pero no me da la nafta! »
—¿Lo que más me gustó? Aa, muchas cosas... La limpieza de la ciudad, por ejemplo...
—¿Qué más?...
«Por la cara de burro atorado con gofio que puso, imagino que está esperando que yo me deschave... Pero no pienso caer en su jueguito, ¡al menos por ahora! »
—La calidez de la gente también me gusta, eso y tantas cosas...
—Bueno, me alegra que te lleves una buena impresión de mi ciudad...
—Si, claro. ¡Gracias!...
Cuando llegaron a la puerta del hotel, se despidieron por enésima vez.
—¡Hasta mañana! —saludó ella.
—¡Hasta mañana, que descanses! —contestó él.
—Igualmente...
Amanda tomó el pestillo de la puerta, disponiéndose a entrar.
Cuando estuvo del otro lado, cerró y lo miró a través del vidrio.
—¡Bay!... — saludó él, levantando su mano.
—¡Bay bay!... — saludó ella, levantando la suya.
Germán finalmente se alejó de allí, perdiéndose de vista.
Amanda dió media vuelta y se encaminó hacia el ascensor, mientras pensaba: «No fuiste capaz ni de amagar a darme aunque sea un piquito... ¡Lentoo!!! »
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si hubiera ido con el pelo suelto lo hubiera llamado roquero drogadicto?
café con leche descremada
ojalá no mueran