Hay secretos que deberían permanecer enterrados. Y verdades que pueden destruirte.
Cuando un crimen sacude la tranquilidad de un pueblo donde todos parecen conocerse, una joven queda atrapada en un juego de mentiras, sospechas y traiciones. Cada pista conduce a una nueva pregunta, cada sospechoso oculta algo y cada respuesta parece alejarla aún más de la verdad.
En medio del caos, un enigmático chico despertará su curiosidad… aunque confiar en él podría ser su peor error.
Todos tienen un motivo. Todos guardan un secreto. Pero alguien ha conseguido mantenerse un paso por delante de los demás, escondiéndose a plena vista.
Y cuando la verdad salga a la luz, desearás no haber sospechado de la persona equivocada.
Novela 100% mía, acepto correcciones🤞
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Prologo.
Algunos secretos no mueren, solo esperan a que alguien los encuentre.
Diez años antes
La última vez que alguien vio a Mara Vidal con vida, ella estaba llorando.
No eran lágrimas silenciosas ni de esas que una persona puede ocultar con una sonrisa. Lloraba como si acabara de descubrir algo tan terrible que el simple hecho de conocerlo la hubiera convertido en otra persona.
Eran las 23:47 de una noche de octubre cuando llegó al antiguo observatorio de Santa Aurelia, un pueblo donde las noticias viajaban más rápido que la verdad y donde las familias importantes podían enterrar cualquier escándalo con suficiente dinero.
Mara tenía diecisiete años, el uniforme escolar arrugado y una pequeña grabadora escondida en el bolsillo de su abrigo.
Había recibido un mensaje veinte minutos antes.
Si de verdad quieres saber qué pasó aquella noche, ven sola. Trae las pruebas. No confíes en nadie.
No había firma.
Pero Mara conocía demasiado bien a la persona que lo había enviado.
El observatorio llevaba años cerrado. Las ventanas estaban cubiertas de polvo, la puerta principal se encontraba asegurada con una cadena oxidada y el cartel de peligro se balanceaba sobre su cabeza cada vez que el viento soplaba desde el bosque.
Mara no entró por la puerta principal.
Rodeó el edificio y encontró la ventana que alguien había dejado entreabierta.
—Sabía que vendrías —dijo una voz desde el interior.
Mara se quedó inmóvil.
La oscuridad parecía tragarse las paredes. A través de una abertura en el techo entraba una franja de luz lunar que iluminaba el viejo telescopio, los muebles cubiertos con sábanas y las partículas de polvo suspendidas en el aire.
—¿Dónde estás? —preguntó.
—Eso no importa.
—Claro que importa. Me pediste que viniera.
—Y viniste.
Mara apretó la grabadora dentro del bolsillo.
—Sé lo que hicieron.
El silencio que siguió fue tan absoluto que pudo escuchar el golpeteo de la lluvia contra los cristales.
—No sabes nada —respondió la voz.
—Tengo las cartas. Las fotografías. También sé quién estuvo allí aquella noche.
Algo se movió al otro lado de la sala.
Mara retrocedió un paso.
—No quería que terminara así —susurró la voz.
Por primera vez, Mara sintió miedo de verdad.
No por lo que acababa de descubrir, sino porque reconoció aquella manera de hablar. La conocía desde hacía años. Había confiado en esa voz durante los peores momentos de su vida.
—Por favor —dijo, y su voz se quebró—. Podemos contarlo todo. Todavía podemos arreglarlo.
—No entiendes lo que pasaría.
—Entonces deja que lo entiendan los demás.
Una ráfaga de viento golpeó la ventana.
El viejo reloj del observatorio marcó las doce.
Y después, alguien pronunció el nombre de Mara como si estuviera despidiéndose de ella.
A la mañana siguiente, encontraron su mochila junto al río.
Dos días después, la policía anunció que la adolescente había muerto en un accidente.
El caso se cerró antes de que terminara el mes.
Nunca encontraron la grabadora.
Nunca encontraron las cartas.
Y nadie preguntó por qué, en la última fotografía que Mara había guardado en su habitación, aparecían cinco personas sonriendo frente al observatorio.
Cinco personas que juraron no haber estado allí aquella noche.
Diez años después, cuatro de ellas seguían viviendo en Santa Aurelia.
La quinta había desaparecido.
Y una de las cuatro estaba a punto de cometer el error que cambiaría sus vidas para siempre.
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