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Una Corona Para Mi Enemigo

Una Corona Para Mi Enemigo

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Matrimonio arreglado / Fantasía épica
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Isolde de Valenne nunca quiso una corona. Pero cuando una tragedia destruye a su familia, se convierte en la única heredera de un reino que se niega a ser gobernado por una mujer. Su única oportunidad de conservar el trono es casarse con Kael de Draven, un rey temido por sus enemigos, conocido por su carácter implacable y acostumbrado a que todos obedezcan sus órdenes. El matrimonio será un acuerdo político. Sin amor, sin promesas y sin expectativas. Ella no piensa someterse a un hombre que cree poder gobernarlo todo. Él no está dispuesto a permitir que su esposa desafíe su autoridad. Entre discusiones, miradas desafiantes y celos que ninguno querrá reconocer, ambos descubrirán que compartir una corona es mucho más sencillo que aprender a compartir el corazón. Pero mientras sus sentimientos amenazan con destruir las barreras que los separan, una conspiración comienza a revelar secretos capaces de enfrentar a sus reinos y convertir su matrimonio en el principio de una guerra. Porque Isolde puede aceptar una corona junto a su enemigo. Lo que jamás aceptará es convertirse en su posesión.

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Anillo Draven

Isolde no pronunció una palabra durante el camino de regreso.

El documento descansaba entre sus manos, arrugado por la fuerza con la que lo había sujetado. Cada vez que leía el nombre de Lucien, sentía que algo dentro de ella se quebraba un poco más.

Su primo había estado a su lado desde la muerte de su padre. La había ayudado a soportar los funerales, había permanecido junto a ella cuando el consejo cuestionó su derecho a gobernar y había jurado proteger Valenne.

¿Todo había sido una mentira?

—Deja de mirarlo como si pudieras quemarlo con los ojos —murmuró Kael, cabalgando a su lado.

—No estoy de humor para tus comentarios.

—Lo he notado. Ni siquiera me has insultado desde que salimos de la capilla. Empiezo a preocuparme.

Isolde giró la cabeza hacia él.

—Si continúas hablando, puedo remediarlo.

—Ahí está mi princesa favorita.

Ella quiso responder, pero no encontró fuerzas.

Kael lo notó. Esta vez no hizo ninguna broma.

—No sabemos si Lucien firmó esa orden voluntariamente.

—Su nombre está ahí.

—También podría haber sido falsificado.

—¿Y si no lo fue?

Kael guardó silencio unos segundos.

—Entonces tendrás que enfrentarte a la verdad. Pero no tienes que decidir qué significa antes de escucharlo.

Isolde bajó la mirada hacia su colgante.

—Es mi familia, Kael. Lo único que me queda.

—Lo sé.

—No. No lo sabes.

La dureza de su voz lo hizo mirarla.

—Tienes a tu madre. Tienes a Rowan, a tus hombres, a personas que te quieren. Yo enterré a mi padre y a mis hermanos en cuestión de días. Y ahora descubro que quizá alguien de mi propia sangre participó en sus muertes.

Respiró hondo, intentando contener las lágrimas.

—No sé cuánto más puedo perder.

Kael acercó su caballo al suyo.

—No voy a decirte que todo saldrá bien. Sería mentirte. Pero sí puedo prometerte que no tendrás que descubrir la verdad sola.

Isolde lo observó en silencio.

Por primera vez, no encontró una respuesta mordaz que darle.

Y eso le molestó casi tanto como el miedo que sentía.

Lucien los esperaba en el salón privado cuando regresaron al castillo.

Al ver sus expresiones, dejó la copa que sostenía.

—¿Qué ocurrió?

Isolde caminó hasta la mesa y arrojó el documento frente a él.

—Explícamelo.

Lucien palideció.

No necesitó leerlo entero. Bastó con ver la firma.

—¿Dónde encontraste esto?

—En la capilla abandonada. Un hombre murió delante de nosotros por intentar entregárnoslo.

Lucien levantó la mirada.

—¿Está muerto?

—Sí —respondió Kael—. Alguien le disparó antes de que pudiera revelar quién dio la orden.

El primo de Isolde cerró los ojos un instante.

—Maldita sea.

—¿Qué significa eso? —preguntó ella—. ¿Por qué aparece tu nombre en una orden militar relacionada con la muerte de mi padre?

—Porque yo no firmé esa orden.

—¡Entonces explícame cómo llegó tu firma allí!

Lucien no respondió inmediatamente.

Se pasó una mano por el rostro y pareció envejecer varios años en cuestión de segundos.

—Tu padre me pidió que firmara algunos documentos en su nombre durante los últimos días de su vida. Estaba enfermo, y el consejo insistía en que ciertas decisiones no podían esperar.

Isolde sintió un escalofrío.

—¿Qué decisiones?

—Movimientos de tropas. Suministros. Órdenes de vigilancia en la frontera.

—¿Y firmaste sin leerlos?

—¡No todos! —replicó él, perdiendo la calma—. Había decenas de documentos. Algunos ya llevaban el sello real. Confiaba en los hombres que los preparaban.

—¿En quién confiabas?

Lucien apretó los labios.

Kael dio un paso hacia la mesa.

—Será mejor que respondas.

—No recibo órdenes tuyas, rey de Draven.

—Y yo no tengo paciencia para los hombres que esconden información mientras otros mueren.

—¡Basta! —intervino Isolde.

Ambos callaron.

Ella miró a su primo.

—No quiero que Kael te interrogue. Quiero que me respondas a mí. ¿Quién preparó esos documentos?

Lucien bajó la mirada hacia la firma.

—Lord Cedric.

El silencio que siguió fue absoluto.

Kael no se movió, pero su expresión se volvió glacial.

—Mi consejero.

—Sí —confirmó Lucien—. Vino a Valenne varias semanas antes de la muerte de tu padre. Dijo que llevaba propuestas para fortalecer la alianza fronteriza.

—¿Y nunca pensaste mencionarlo? —preguntó Isolde.

—Porque no sabía que estaba relacionado con esto. Cuando comenzaron las muertes, investigué por mi cuenta. Encontré irregularidades y comprendí que alguien había utilizado mi firma. Entonces recibí amenazas.

Isolde recordó las palabras de su primo, aquella tarde en que le había confesado que alguien lo vigilaba.

—¿Por qué no me lo contaste todo desde el principio?

Lucien la miró con una tristeza que parecía sincera.

—Porque tenía miedo de que el culpable fueras tú.

Isolde retrocedió un paso.

—¿Yo?

—No tú personalmente. Tu posición. Tu corona. Si el responsable estaba dentro de la familia real, necesitaba saber quién más podía estar implicado antes de ponerlo en tus manos.

—¿Y decidiste ocultármelo mientras yo arriesgaba la vida?

—Intentaba protegerte.

—¡No necesito que nadie me proteja mediante mentiras!

Su voz resonó por el salón.

Lucien bajó la cabeza.

Por un instante, Isolde vio al muchacho que había compartido con ella los jardines de su infancia. Pero ya no sabía si aquel recuerdo era suficiente para confiar en él.

Kael recogió el documento.

—Si Cedric preparó las órdenes, tendremos que averiguar si actuó por iniciativa propia o si alguien se lo ordenó.

—Hay algo más —dijo Lucien.

Isolde se volvió lentamente.

—¿Qué cosa?

Su primo tragó saliva.

—La noche antes de morir, tu padre me entregó una llave. Me dijo que, si algo le ocurría, debía destruir lo que había escondido en la cripta familiar.

Isolde sintió que el corazón se le detenía.

—¿Y lo hiciste?

Lucien negó con la cabeza.

—No pude. No sabía qué encontraría allí.

—¿Dónde está la llave?

Él sacó una pequeña pieza de hierro de debajo de su camisa y la dejó sobre la mesa.

Isolde la reconoció inmediatamente.

Pertenecía a su padre.

La tomó entre los dedos, rozando con el pulgar el colgante que llevaba al cuello.

—Vamos a la cripta —decidió.

Kael asintió.

Pero Lucien no se movió.

—Isolde… hay algo que debes saber antes de entrar.

Ella lo miró, exhausta de secretos.

—Habla.

Su primo palideció.

—Tu padre no estaba solo cuando murió. El hombre que estuvo con él esa noche llevaba el anillo de la familia Draven.

Kael se quedó inmóvil.

Y por primera vez, Isolde vio algo parecido al miedo en los ojos del rey que había elegido como enemigo.

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Paula Giaccaglia
por favor, no tardes tanto en escribir y bajar capitulos, espero me lleguen, no sé cómo se hace
Paula Giaccaglia
me encanta escritora, sólo espero no tarde en ir bajando capitulos y con continuidad
Paula Giaccaglia
me fascinan las novelas de época, ahora pobre rey no le dió de comer y cuándo se cambió el vestido? era negro en un capítulo y en el próximo Verde
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