Kaelen llega a la mansión más poderosa de la ciudad con un solo propósito: venganza. Su hermana murió a manos de la hija favorita del dueño, y él está dispuesto a destruirlo todo desde adentro. Pero entre lujos, secretos y noches prohibidas, lo que comenzó como odio se transforma en un amor imposible ..
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— Promesa de sangre y cenizas
El funeral de Mila fue silencioso, sin flores, sin familia, solo dos chicos rotos bajo la lluvia. Kaelen puso una flor de papel en la tumba sin nombre y se arrodilló, con el puño cerrado hasta que las uñas se clavaron en la palma y brotó sangre.
—Te lo juro —dijo, con voz que no temblaba porque ya no le quedaba miedo—. Seraphina Valerius va a pagar por cada lágrima, cada golpe, cada segundo de dolor que te causó. La destruiré. Y nadie se interpondrá en mi camino.
Jax lo miró, con lágrimas en los ojos pero sin soltarlas.
—Voy contigo —dijo, poniendo una mano en su hombro—. Donde tú vayas, yo voy. Como siempre.
Kaelen se giró hacia él, y por primera vez vio algo más que amistad en esos ojos. Algo que lo hizo sentir culpable antes de tiempo.
—No tienes que hacerlo, Jax. Esto es mi guerra.
—¿Crees que no sé lo que es perderla? —respondió Jax con voz quebrada—. Ella era mi hermana también. Y además… —se calló y bajó la mirada—. No te dejaré solo. Nunca.
Los años siguientes fueron de fuego y acero. Kaelen escapó del reformatorio a los trece, Jax lo siguió. Vivieron en la calle, en casas ocupadas, en garajes. Kaelen empezó a correr: carreras clandestinas en carreteras oscuras, motos que rugían como bestias, dinero que llegaba rápido y peligroso que lo seguía de cerca. Se hizo tatuajes: una llama en el antebrazo, tres estrellas en la muñeca —una por cada uno—, una rosa negra sobre el corazón. Su cuerpo cambió: creció alto, musculoso, con abdominales tallados a golpes de trabajo y disciplina. Sus ojos azules, antes llenos de luz, ahora eran un hielo que quemaba.
—Te estás volviendo peligroso —le dijo Jax una noche, viéndolo limpiar el casco de su moto—. A veces me asustas.
—El peligro es lo único que me mantiene vivo —respondió Kaelen sin mirarlo—. Y la venganza es lo único que me da un motivo para despertar.
A los diecisiete, Kaelen empezó a investigar. Pasó noches enteras frente a pantallas, hackeando bases de datos, leyendo cada detalle de la Gran familia Valerius.
Draven Valerius, 38 años. CEO de Valerius Corp, imperio de tecnología y bienes raíces. Exlíde de la organización mafiosa "Las Serpientes de Esmeralda". Se retiró tras casarse con Elara, su esposa que la conoce desde la infancia. Tiene dos hijas: Seraphina, 17 años, de la que es sobreprotector; y Liora, 14 años, hija de una mujer que la abandonó (secretaria,en una noche de copas a lo cual él se arrepintió 14 años). Vive en la Mansión Valerius, en lo alto de la colina más exclusiva de la ciudad.
—Ahí es donde vas a entrar —murmuró Kaelen, marcando la ubicación en el mapa—. Como un lobo entre ovejas. Y cuando estés adentro…
—La destruyes desde la raíz —completó Jax, mirándolo con una mezcla de admiración y miedo.
Un día antes de cumplir los dieciocho, Kaelen se miró al espejo. Ya no era el niño asustado que llegó al reformatorio. Era un hombre. Y era un arma cargada, apuntando directamente al corazón de la familia más poderosa de la ciudad.
—Mírame, Mila —susurró a su reflejo—. Estoy a punto de entrar en su mundo. Y voy a hacerlos pedazos.