NovelToon NovelToon
Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Fantasía épica
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Él ahora será mi espada.
En su primera vida, Cassandra amó al hombre equivocado.
El príncipe heredero, su madrastra y su propia familia conspiraron contra ella hasta llevarla a una muerte cruel. Pero el destino le concedió una segunda oportunidad.
Al despertar diez años atrás, Cassandra recuerda perfectamente el día en que comenzó su desgracia.
Esta vez no elegirá al príncipe que la traicionará.
Cuando el emperador le ofrece escoger a su futuro esposo como recompensa por su salvar a un miembro de la familia real, Rosalind señala al hombre que todos temen: Balkan Trudeau, el Demonio de Moldavia, heredero de un reino de guerreros que cabalgan dragones.
Él es cruel. Ella es vengativa.
Él descubre que su nueva prometida esconde un corazón tan oscuro como el suyo.
Y Cassandra solo necesita una cosa de su futuro esposo:
Que sea su espada mientras ella cobra cada deuda pendiente.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Agua sucia

El mercado de las especias olía a canela, a miel caliente y a vida.

Cassandra caminaba entre los puestos con un cucurucho de dulce de almendra en la mano, riéndose de algo que Balkan acababa de murmurar. Llevaba un vestido sencillo, sin joyas, y por primera vez en dos vidas, su risa no era una actuación: era solo risa.

Balkan, a su lado, con el cabello blanco recogido y las vetas carmesí latiendo suaves bajo los ojos, le tendió otro dulce.

—El de miel está envenenado —dijo él, muy serio.

—Lo sé —Cassandra lo mordió igual, sin dejar de sonreír—. Por eso me gusta.

El Demonio de Moldavia soltó una carcajada baja, de esas que hacían girarse a las vendedoras. Y por un segundo, en medio del mercado de Solaria, los dos monstruos se parecieron a una pareja cualquiera.

A veinte pasos, cojeando entre la multitud, Livia los vio.

Se detuvo. El dolor del latigazo de ayer le subió por la espalda como una cuerda tirante, pero no fue el dolor lo que la paralizó. Fue la risa.

*Ella ríe*, pensó Livia, con la bilis subiéndole a la garganta. *Ríe con un hombre magnífico. Come dulces. Lleva la cabeza alta.*

Se miró a sí misma: el vestido apagado de concubina, las manos sin anillos, el moretón amarillento en la muñeca donde la duquesa viuda la había sujetado para el segundo latigazo. Ni los esclavos de la casa de Vireo eran tratados como ella.

La envidia, que hasta entonces había sido un carbón tibio en su pecho, se convirtió en un incendio.

—Tú tienes que ser feliz —siseó Livia, con los ojos clavados en la nuca de Cassandra—. Mientras yo soy tratada como una paria. Como basura.

Apretó los puños hasta que las uñas le mordieron las palmas.

—Morirás, maldita —susurró, y la palabra le supo a promesa—. Vas a morir.

Se dio la vuelta y cojeó hacia la mansión de Vireo, sin ver que, a su espalda, Balkan había dejado de reír y la miraba con la calma de quien cuenta las hojas de un cuchillo.

—Tu hermanastra te mira como un ahogado mira una soga —dijo él, sin volverse.

Cassandra le dio un mordisco a su dulce de miel.

—Bien —dijo, serena—. Los ahogados agarran cualquier cosa. Incluso una daga.

***

Cuando Livia llegó a la mansión de Vireo, la duquesa viuda la estaba esperando en la puerta.

Con un cubo.

El agua sucia —gris, con restos de col hervida y ceniza— cayó sobre Livia en una ola fría y apestosa, empapándole el vestido, el cabello, la cara. El cubo vacío rodó por los escalones con un estruendo alegre.

—¿Qué…? —Livia se atragantó, escupiendo agua—. ¿Por qué hace esto?

La duquesa viuda la miró de arriba abajo, y sonrió.

—La mala suerte se quita tirando agua sucia —dijo, con la voz dulce de una abuela que cuenta un cuento—. Ahora sí puedes ir a tu habitación.

Detrás de ella, en el umbral, todas las doncellas se ríeron. Una risa pequeña, coral, ensayada, que dolía más que el latigazo.

Livia entró hecha una desgracia, goteando agua gris sobre las losas limpias, con la espalda ardiendo y el orgullo hecho trizas.

***

En su habitación —la habitación de invitados, porque una concubina no merece alcoba— su marido la esperaba sentado, con una copa de vino y un libro de cuentas abierto sobre las rodillas.

Vireo alzó los ojos. La miró empapada. Y no dijo nada durante tres segundos exactos: los contó.

—¿Y ahora qué hiciste? —preguntó al fin, con la calma de quien audita un error.

—Nada —Livia temblaba de frío y de rabia—. No hice nada.

—No te creo —Vireo pasó una página de su libro de cuentas—. Mi madre no es una mujer estúpida. Sobrevivió a dos cortes y enterró a cada rival que la subestimó. Si logró lo que logró, es porque es extremadamente astuta, sigilosa e inteligente. Así que tú debiste haber hecho algo que la molestó de sobremanera.

—¡Me odia! —gritó Livia—. ¡Me odia porque mi madre murió acusada, porque el rey nos desprecia, porque mi dote no existe! ¡Me odia por existir!

Vireo cerró el libro de cuentas. La miró, y en sus ojos no había furia, ni lástima, ni siquiera desprecio: había aritmética.

—Mi madre no odia —dijo—. Odio es una palabra que no rinde intereses. Mi madre *descarta*. Y tú, Livia, estás siendo descartada.

Se puso de pie, dejó dos monedas sobre la mesa —el precio de una noche de una sirvienta, no de una esposa— y caminó hacia la puerta.

—No dormiré aquí hoy —dijo, sin volverse—. Saldré de fiesta con mis amigos.

Y se fue.

Livia se quedó sola, empapada, hambrienta, con la espalda en llamas y dos monedas sobre la mesa como única respuesta.

Alguien tenía que pagar por todo esto.

Y ese alguien, pensó mientras miraba las monedas con los ojos inyectados, sería Cassandra.

***

Esa noche, en el balcón de la residencia de la prometida del demonio, Cassandra recibía el informe de su capitana.

—La hermanastra de vuestra merced cojea. La duquesa viuda la azotó ayer y le tiró agua sucia hoy. El duque la ha descartado. Está hambrienta, humillada y sola.

Cassandra miró hacia la ciudad dormida, con la taza de té entre las manos.

—¿Y qué hará? —preguntó Balkan, a su espalda.

—Lo que hacen los animales acorralados —Cassandra bebió un sorbo, serena—. Morder. Torpemente. A ciegas. A lo primero que tenga cerca.

—¿Y qué tendrás cerca?

Cassandra sonrió. Dejó la taza sobre la balaustrada, con un sonido pequeño y definitivo, como el de una ficha cayendo sobre el tablero.

—A mí —dijo—. Y yo no muerdo de vuelta, alteza.

Apagó la vela de un soplo.

—Yo preparo el escenario.

1
EspirituCreativo
Cassandra marca su camino... Pobre del que trate de pararla
Belky Gonzalez0
Ho Dios...Casandra es de temer.. me encanta 🥰
EspirituCreativo
🤭 Jaja lectora
Enderlay Correa
🤣🤣🤣 se la comió
EspirituCreativo
Gracias, ☺️
Enderlay Correa
muy buena me gusta
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play