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UN ERROR DE NEON. MI ESPOSO MULTIMILLONARIO

UN ERROR DE NEON. MI ESPOSO MULTIMILLONARIO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio contratado / Amor tras matrimonio / Romance / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cristine Gómez es una talentosa diseñadora de Queens que acaba de conseguir el trabajo de sus sueños. Para celebrarlo, viaja a Las Vegas con su novio, sin imaginar que él planea emborracharla para casarse por interés. En el mismo registro civil se encuentra Jacob Fernández, el frío y arrogante heredero del imperio textil Vanguard, quien asiste bajo el chantaje de su ambiciosa prometida.
Un error administrativo de la capilla, sumado a una severa resaca etílica, hace que Jacob y Cristine firmen el acta equivocada. Al despertar, están legalmente casados.
Cuando la foto del escándalo llega a la prensa de Nueva York, las acciones de la multinacional se desploman. Para salvar el imperio, Jacob obliga a Cristine a firmar un contrato de convivencia forzada y fingir que se aman ante la alta sociedad. En un ático lleno de lujo, desprecio e hilos de una pasión secreta e intensa, descubrirán que el peor error de sus vidas fue el diseño perfecto del destino.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 20. EL PRIMER DIA EN LA TORRE

El lunes de la incorporación oficial de Cristine a Vanguard Textiles llegó acompañado de un sol radiante que se reflejaba en los inmensos paneles de cristal de la Quinta Avenida. La joven de Queens entró al imponente vestíbulo de la torre ejecutiva vistiendo un elegante traje de chaqueta azul marino de corte moderno, confeccionado por ella misma. Ya no era la asustada estudiante que recogía el título en Queens; ahora caminaba con la espalda recta, amparada por los consejos de su madre Melani y un arma secreta que nadie en aquella corporación textil imaginaba.

El ascensor privado la llevó directo a la planta de diseño creativo. Las puertas se abrieron y Jacob ya la esperaba allí, luciendo impecable con un traje sastre negro que marcaba su imponente porte de CEO. Al verla llegar, sus ojos claros brillaron con un destello de sutil posesividad. La tensión física de la noche en el ático seguía latente entre ambos, pero el entorno corporativo exigía profesionalidad.

—Bienvenida a tu taller, Cristine —saludó Jacob con una voz profunda que atrajo las miradas de los veinte diseñadores senior de la planta—. El consejo de administración ha aprobado tu presupuesto para la colección cápsula de la temporada. A partir de hoy, eres la diseñadora junior al mando de la línea de innovación. Marcos te guiará a tu despacho privado.

El despacho de Cristine era un sueño hecho realidad: una mesa de corte inmensa, percheros de acero inoxidable, luz natural directa y un ordenador de última generación equipado con los programas de patronaje digital más avanzados del mercado.

En cuanto Jacob y los directivos la dejaron a solas para que empezara a trabajar, Cristine cerró la puerta con pestillo, se sentó frente a la pantalla y sacó un pequeño dispositivo de almacenamiento encriptado de su bolso. Antes de teclear una sola línea de sus nuevos diseños, marcó un número de marcado rápido.

Al primer tono, la voz despierta de su hermano menor resonó al otro lado de la línea.

—¿Richard? Ya estoy en el despacho de la Quinta Avenida —anunció Cristine en un susurro, sonriendo con alivio al escuchar el murmullo de los servidores de la NYU de fondo.

—Perfecto, hermana. Estoy listo desde la biblioteca del campus —respondió el informático justiciero, tecleando con rapidez en su teclado—. Tal y como acordamos anoche en casa, no te fíes de la red interna de Vanguard Textiles. He creado un servidor espejo en la nube, encriptado con un protocolo de seguridad militar de extremo a extremo que solo nosotros dos controlamos. Ningún cortafuegos de la empresa de Jacob puede rastrearlo.

—Ya estoy acostumbrada a tus manías, Richard —rio Cristine, recordando cómo su hermano la había obligado desde los dieciocho años a blindar cada uno de sus trabajos escolares—. He subido los bocetos preliminares de la colección de seda a la carpeta oculta. He guardado tres diseños extras en el archivo fantasma por si acaso.

—Esa es mi chica —aprobó Richard con orgullo—. Si el pijo de Mike o la estirada de Sara intentan meter un sabueso informático en tu ordenador del despacho para borrar o alterar tus patrones, saltará una alarma silenciosa en mi terminal y les bloquearé los accesos de la planta entera. Tienes el escudo activado, Cristine. Haz tu magia con las telas.

Cristine colgó la llamada, sintiéndose completamente invencible. El entrenamiento de vivir con un genio de la informática la había convertido en una mujer previsora. Empezó a trabajar con una pasión frenética, volcando todo su talento creativo en los nuevos bocetos.

El peligro, sin embargo, no tardó en manifestarse de forma sibilina. A media tarde, la puerta de su despacho se abrió tras un leve toque de cortesía.

Sara entró a la estancia portando una falsísima sonrisa diplomática en su rostro perfectamente maquillado. Vestía un conjunto de Chanel en tonos crema y arrastraba consigo el mismo perfume francés empalagoso que Jacob tanto detestaba. Detrás de ella, una de las asistentes de diseño senior —que estaba secretamente a sueldo de la familia de Sara— sostenía una tableta corporativa.

—¡Cristine, querida! Qué alegría verte tan instalada —exclamó Sara con un tono de voz falsamente dulce, caminando por el despacho y rozando con sus dedos las telas expuestas en el burro—. He venido con mi padre a la junta de presupuestos y no he podido evitar pasar a saludarte. Quiero que sepas que lo de la cena en Long Island quedó atrás. Si Jacob ve talento en ti, yo soy la primera en querer apoyarte. De hecho, he traído a la jefa de taller para que te ayude a volcar tus bocetos digitales en la red central de la compañía esta misma tarde, para que los inversores los vean.

Cristine entornó sus ojos marrones, manteniendo una calma gélida que descolocó sutilmente a su ex-prometida. Sabía perfectamente, gracias a la intuición de su padre Austin, que las hienas no se vuelven vegetarianas de la noche a la mañana. Captó de inmediato la mirada esquiva de la asistente hacia su ordenador. Mikel y Sara estaban moviendo su primera ficha, intentando conseguir acceso inmediato a sus archivos para ejecutar el plagio masivo que habían planeado en el club nocturno.

—Te agradezco el detalle, Sara, pero no va a ser necesario —respondió Cristine con una sonrisa serena y una seguridad inquebrantable, cruzándose de brazos frente a la mesa—. Las normas de Vanguard Textiles dictan que los diseñadores junior entregamos las colecciones directamente a la presidencia bajo llave digital en la fecha del cierre. Mis bocetos de seda ya están a buen recaudo en un sistema seguro y he guardado tres líneas de patronaje alternativas por si el consejo de administración exige cambios de última hora. No hay nada en la red central que podáis revisar todavía.

Sara se tensó de golpe bajo su traje de Chanel, y su falsísima sonrisa diplomática flaqueó por un segundo. Al mirar la pantalla del ordenador de Cristine, vio que la sesión estaba protegida por un código de cifrado matricial que su asistente senior jamás lograría vulnerar con un simple USB de clonación.

El primer intento de boicot de los villanos acababa de estrellarse de frente contra el escudo informático de Richard y la astucia de Cristine. Sara apretó los dientes, conteniendo un bufido de pura rabia, dándose cuenta de que la chica del extrarradio no era la presa fácil que pensaba pisotear en las oficinas de la Quinta Avenida.

—Vaya… qué precavida eres para ser solo una junior —siseó Sara, dando un paso atrás hacia la salida mientras sus ojos inyectados en un veneno letal prometían venganza—. Espero que esa colección sea tan perfecta como tus sistemas de seguridad, Cristine. Porque en la pasarela de presentación del mes que viene, el mercado de Nueva York no perdona los errores. Nos vemos en el ático, querida.

Sara salió del despacho pegando un taconazo violento contra la moqueta, dejando a Cristine a solas con una sonrisa de triunfo grabada en las facciones. El frente de la guerra corporativa se había trasladado a la torre textil de la Quinta Avenida, pero armada con los códigos de su hermano Richard y el orgullo de su sangre de Queens, la legítima esposa de Jacob acababa de ganar la primera batalla de la farsa obligatoria, obligando a los villanos a replegarse en las sombras para urdir tretas mucho más peligrosas y oscuras.

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Helizahira Cohen
Excelente novela corta y buena
Helizahira Cohen
La novela me parece muy interesante, me esta gustando 👏
Perla Arbos
Excelente historia!!!. Felicitaciones!!!
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