"Si el destino insiste en arrebatártelo... entonces destruiré el destino antes de perderte otra vez."
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El Té de las Flores Venenosas
«"Las rosas tienen espinas, no porque odien a quien las toca, sino porque aprendieron a protegerse."»
La tarde llegó envuelta en un cielo despejado.
Una suave brisa recorría los jardines del Palacio Negro mientras Elian caminaba hacia el Pabellón de las Flores, acompañado únicamente por Lina.
En la novela original, aquel lugar era conocido por las constantes disputas entre las concubinas imperiales.
Era un sitio donde una palabra mal dicha podía convertirse en una guerra silenciosa.
Sin embargo, Elian avanzó con total tranquilidad.
—¿Está nervioso, Su Alteza?
Preguntó Lina en voz baja.
Elian negó con una sonrisa.
—No.
Ellas tienen más curiosidad por mí que yo por ellas.
El Sistema apareció.
【Confirmado】
Las probabilidades indican un 96 % de curiosidad por parte de las damas.
Elian reprimió una pequeña risa.
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Una sirvienta abrió las enormes puertas de madera.
—Su Alteza Elian Aster Lucien ha llegado.
El amplio salón quedó en silencio.
Varias concubinas levantaron la vista al mismo tiempo.
Lady Seraphine fue la primera en hablar.
—Bienvenido, príncipe Elian.
Elian realizó una elegante reverencia.
—Es un honor recibir su invitación.
Lady Mireya sonrió con amabilidad.
—Tome asiento.
Habían preparado una mesa junto a una ventana desde donde podían verse los jardines.
El aroma del té recién servido llenaba el ambiente.
Durante unos minutos, la conversación fue completamente formal.
Hablaron sobre las flores del palacio.
Los festivales del imperio.
Los libros que habían leído recientemente.
Elian respondía con calma y educación.
Ni demasiado.
Ni demasiado poco.
Lyssandra lo observaba atentamente.
Cada gesto.
Cada palabra.
No encontraba ningún defecto.
Aquello la desconcertaba.
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En un momento de la conversación, Mireya preguntó:
—¿Extraña Astriel?
Elian bajó la mirada unos segundos antes de responder.
—Allí nací.
Pero ahora este imperio es mi hogar.
Las cuatro mujeres quedaron en silencio.
Era una respuesta sencilla.
Y completamente sincera.
Seraphine dejó lentamente su taza sobre la mesa.
—¿No nos guarda rencor?
Elian inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Por qué debería hacerlo?
—Muchos creen que fue entregado como un sacrificio político.
Elian sonrió.
—El pasado ya no puede cambiarse.
Prefiero pensar en el futuro.
Las concubinas intercambiaron una breve mirada.
Por primera vez...
Comprendieron que aquel joven no vivía aferrado al resentimiento.
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La reunión terminó una hora después.
Cuando Elian se despidió y abandonó el pabellón, el ambiente cambió por completo.
Mireya fue la primera en romper el silencio.
—Es adorable.
Lyssandra asintió lentamente.
—Y mucho más inteligente de lo que aparenta.
Seraphine sonrió mientras observaba la puerta por la que Elian había salido.
—Ahora entiendo por qué Su Majestad le presta atención.
No busca destacar.
Simplemente... es él mismo.
Las demás asintieron.
Sin que Elian lo supiera, ese pequeño encuentro había cambiado la forma en que las concubinas lo veían.
Todavía no confiaban plenamente en él.
Pero ya no lo consideraban un enemigo.
Y, muy en el fondo de sus corazones, comenzó a nacer un inesperado deseo de proteger al joven príncipe de las intrigas que llenaban el Palacio Negro.
Muy lejos de allí, en su despacho, Kael recibió el informe del encuentro.
El emperador terminó de leerlo y preguntó una sola cosa.
—¿Todo transcurrió en paz?
El guardia inclinó la cabeza.
—Sí, Su Majestad.
El príncipe fue tratado con respeto.
Kael dejó el informe sobre la mesa.
Sin decir una palabra más, volvió a su trabajo.
Pero, por primera vez en mucho tiempo, una leve sensación de tranquilidad acompañó sus pensamientos.
Continuará...