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Según Mis Vecinos, Soy Un Villano

Según Mis Vecinos, Soy Un Villano

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Malentendidos
Popularitas:591
Nilai: 5
nombre de autor: Jan Vilar

Josué Elian Morel solo quería empezar de nuevo.

Mudarse al Residencial Horizonte 9 parecía una buena idea... hasta que sus vecinos decidieron convertirlo en el principal sospechoso de absolutamente todo.

Una señora con demasiado tiempo libre, un anciano filósofo, un millonario excéntrico y una ilustradora que siempre aparece en sus peores momentos están convencidos de que oculta algo.

El problema es que Josué no es un villano.

Tiene muy mala suerte.

Aunque, siendo honestos...

ya está cansado de intentar explicarlo.

NovelToon tiene autorización de Jan Vilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6 — La policía llegó... y todos miraron al apartamento 908

A las nueve de la mañana del día siguiente...

una patrulla se detuvo frente al Residencial Horizonte 9.

Solo una.

Con dos policías.

Nada fuera de lo normal.

Pero en el Residencial Horizonte 9...

la normalidad duraba aproximadamente siete segundos.

La primera en ver la patrulla fue Patricia.

—¡MILAGROS!

Cinco pisos más arriba...

Doña Milagros salió al balcón con una velocidad sorprendente para alguien de sesenta y siete años.

—¿Qué pasó?

—¡La policía!

Silencio.

Doña Milagros tomó sus binoculares.

—...Ay, Dios mío.

Sacó el celular.

Grupo: Residentes Horizonte 9

🚨 URGENTE 🚨

"Hay una patrulla frente al edificio."

En menos de un minuto...

setenta personas ya estaban viendo por sus ventanas.

Desde la calle...

los dos policías sintieron algo extraño.

—¿Sientes que nos observan?

—Muchísimo.

—¿Cuántos apartamentos tiene este edificio?

—No lo sé.

—Pues creo que todos están mirando.

Mientras tanto...

Josué seguía profundamente dormido.

Había trabajado hasta las tres de la mañana editando videos.

Su alarma sonó.

La apagó.

Volvió a dormir.

Cinco minutos después...

sonó el timbre.

No respondió.

Volvió a sonar.

Tampoco.

Hasta que alguien comenzó a golpear la puerta.

—¡Señor Morel!

Josué abrió un ojo.

—¿Qué...?

—¡Abra, por favor!

Se levantó medio dormido.

Abrió la puerta.

Era el señor Ramírez.

Agitado.

—Buenos días.

—¿Qué pasó?

—Hay policías abajo.

Silencio.

—...¿Y?

—Todos creen que vienen por usted.

Josué tardó unos segundos en procesarlo.

—¿Perdón?

—No pregunte.

Solo baje.

Cinco minutos después...

Josué salió del ascensor.

Y se encontró con una escena completamente absurda.

Los vecinos estaban distribuidos estratégicamente.

Algunos fingían barrer.

Otros paseaban al perro.

Un señor estaba leyendo el mismo periódico desde hacía veinte minutos.

Todos...

sin excepción...

mirándolo.

—Buenos días...

Nadie respondió.

Uno de los policías lo vio acercarse.

—¿Josué Elian Morel?

El edificio entero contuvo la respiración.

Hasta el perro dejó de ladrar.

Josué tragó saliva.

—Sí...

El policía sonrió.

—Traemos esto para usted.

Le entregó...

una cartera.

Silencio.

—¿Mi cartera?

—La olvidó ayer en una cafetería.

—Un repartidor la encontró y la entregó en la comandancia.

Como tenía su identificación, vinimos a devolvérsela.

Josué abrió la cartera.

Todo estaba ahí.

Dinero.

Tarjetas.

Documentos.

—Muchas gracias.

—No hay problema.

Que tenga buen día.

Los policías se marcharon.

Silencio absoluto.

Los vecinos seguían inmóviles.

Patricia fue la primera en hablar.

—Eso fue... raro.

Doña Milagros entrecerró los ojos.

—Demasiado raro.

Marta la miró.

—¿Qué tiene de raro?

—No lo arrestaron.

—Porque no hizo nada.

—O porque tiene contactos.

Silencio.

—Milagros...

—¿Qué?

—Acabas de inventar una teoría nueva en menos de diez segundos.

—Es un don.

Mientras tanto...

Josué subía nuevamente al ascensor.

Negando con la cabeza.

—Este edificio necesita terapia.

Las puertas estaban por cerrarse...

cuando una mano las detuvo.

Era Aileen.

Entró.

Miró la cartera.

Luego lo miró a él.

—Así que era eso.

—¿Qué cosa?

—Pensé que te arrestarían.

Josué abrió mucho los ojos.

—¡¿TÚ TAMBIÉN?!

Ella bajó la mirada.

Un poco avergonzada.

—Solo durante unos cinco segundos.

—Cinco segundos de más.

Aileen soltó una risa.

La primera risa de verdad.

Era suave.

Natural.

Y por un instante...

Josué olvidó completamente el ridículo de esa mañana.

—Lo siento.

Él la miró.

—¿Por qué?

—Creo que me dejé llevar por los rumores.

Josué sonrió.

—No te preocupes.

Pausa.

—Ya me estoy acostumbrando.

El ascensor llegó al quinto piso.

Antes de salir...

Aileen giró hacia él.

—Por cierto...

—¿Sí?

—Creo que tu porcentaje bajó.

—¿Ah, sí?

—Ahora estás en 52%.

Josué sonrió.

—Voy mejorando.

Ella respondió con una pequeña sonrisa.

—No te emociones.

Todavía me preocupa la pala.

Las puertas se cerraron.

Josué negó con la cabeza, riéndose solo.

No lo sabía.

Pero detrás de la esquina...

Tomás había escuchado toda la conversación.

Abrió su libreta.

Y escribió:

✔ La señorita Aileen empieza a confiar en el sospechoso.

Luego añadió otra línea.

Esto podría cambiar el curso de la investigación.

Y salió corriendo hacia el apartamento 604.

Porque había noticias urgentes que contar.

1
Liliana Filipuzzi
Es de esas lecturas que te sacan de los standard, no sabes si ahorcar a la vecina metiche o reírte con ella. De darle un zape al mocoso inquieto o volverte niño con él. Cada personaje que acompaña a los prota le dan el condimento a la historia.
Muy bueno!
Jan Vilar: Gracias por la reseña. Me alegra que la historia te esté pareciendo diferente a lo habitual. Y veo que ya vas por otra novela mía 😂. Espero que esta también te dé unos cuantos dolores de cabeza con los vecinos.
total 1 replies
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