Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.
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Capítulo 18: La reliquia de las llanuras prohibidas
La tormenta había cesado.
Un suave manto de niebla cubría las antiguas llanuras prohibidas, transformando aquel lugar en un paisaje casi irreal. Las enormes piedras sagradas permanecían inmóviles bajo el cielo gris, como si hubieran esperado durante siglos la llegada de alguien.
Muy lejos de allí, Emilia despertó sobresaltada.
Había tenido un sueño extraño.
Caminaba por un bosque oscuro mientras una niña de cabello negro corría delante de ella.
Cada vez que intentaba alcanzarla, la pequeña desaparecía entre las sombras.
Al final del bosque, una voz susurró:
—Encuéntrame... antes de que me olviden otra vez.
Emilia abrió los ojos.
Su corazón latía con fuerza.
Llevó una mano al pecho.
Y sintió el vínculo.
—¿Derek?
Preguntó mentalmente.
La respuesta llegó casi al instante.
—También lo vi.
Ella se incorporó rápidamente.
—¿Tú también soñaste con esa niña?
—Sí.
Y creo que nos estaba llamando.
Ambos permanecieron en silencio.
Aquello era nuevo.
Ya no solo compartían emociones.
Ahora también compartían sueños.
En el Palacio de Edredón.
Derek caminaba por el jardín mientras las primeras luces del amanecer iluminaban las flores.
Vestido con la elegante ropa de Ester, observó una rosa blanca cubierta por gotas de rocío.
Por alguna razón le recordaba a Emilia.
Delicada por fuera.
Más fuerte de lo que cualquiera imaginaba.
—Milady.
Una voz interrumpió sus pensamientos.
Era el general Rodrigo.
El joven militar hizo una reverencia.
Su uniforme azul oscuro estaba impecablemente cuidado y sus ojos azules reflejaban serenidad.
—El príncipe Eduardo me pidió acompañarla hasta la biblioteca real.
Derek sintió un pequeño alivio.
Mientras menos tiempo pasara en reuniones sociales, mejor.
—Gracias, general.
Comenzaron a caminar.
Rodrigo notó algo extraño.
—¿Puedo hacerle una pregunta?
—Claro.
—¿Es feliz?
Derek lo miró sorprendido.
—¿Por qué pregunta eso?
El general observó el camino de piedra.
—Porque antes veía en sus ojos mucho orgullo.
Ahora veo tristeza.
Derek guardó silencio.
No podía responder.
Rodrigo sonrió levemente.
—No tiene que contestar.
Pero recuerde que algunas personas desean verla sonreír de verdad.
Aquellas palabras quedaron grabadas en su corazón.
Mientras tanto, en el Reino Dragón.
Emilia había decidido visitar nuevamente la biblioteca.
El anciano bibliotecario la esperaba.
Como si supiera que regresaría.
—Alteza.
Dijo inclinando la cabeza.
—Busco información sobre una niña.
Respondió Emilia.
El anciano levantó una ceja.
—¿Una niña?
—Cabello negro.
Vestido antiguo.
Apareció en mis sueños.
El hombre permaneció en silencio durante unos segundos.
Luego caminó hasta una estantería oculta.
Sacó un pequeño libro cubierto por polvo.
—Hace muchos años existía una leyenda.
Emilia abrió el volumen.
En la primera página había un dibujo.
Una niña.
Cabello negro.
Ojos rojos.
Exactamente igual a la del sueño.
Debajo podía leerse:
"Lyra, la primera hija de las sombras."
Emilia sintió un escalofrío.
—¿Quién era?
El anciano habló en voz baja.
—La primera portadora de la oscuridad.
La joven que sacrificó su vida para salvar el continente.
Pero la historia la llamó monstruo.
Y su nombre fue borrado.
Emilia continuó leyendo.
"Se dice que su alma espera a quienes hereden su poder."
Un fuerte viento atravesó la biblioteca.
Las páginas comenzaron a moverse solas.
Y una pequeña pluma negra cayó sobre el libro.
El anciano palideció.
—La elegida ha despertado.
Aquella misma tarde.
Emilia y Derek volvieron a comunicarse mediante el vínculo.
—Encontré información sobre la niña.
Dijo Emilia.
Le contó todo lo sucedido.
Derek escuchó atentamente.
—Entonces ella podría estar relacionada con tu magia.
—Eso creo.
El joven permaneció pensativo.
—Yo descubrí otra cosa.
—¿Qué pasó?
—Rodrigo parece una buena persona.
Y Eduardo tampoco es como imaginábamos.
Emilia sonrió.
—La novela nunca contó toda la verdad.
—Quizás porque alguien quería que la historia fuera diferente.
Aquellas palabras hicieron que ambos recordaran algo.
La joya.
Selene les había hablado de la reliquia.
—Debemos ir esta noche.
Dijeron al mismo tiempo.
Cuando el sol desapareció, las llanuras prohibidas quedaron cubiertas por la oscuridad.
Emilia llegó primero.
Vestía la ropa de entrenamiento de Derek y una capa negra.
Pocos minutos después apareció Derek.
Los dos se quedaron observándose.
A pesar del intercambio de cuerpos, comenzaban a reconocer al otro por la mirada.
Y eso les pareció extraño.
Pero también agradable.
—Me alegra verte.
Dijo Emilia.
Derek sonrió.
—Yo también.
Caminaron juntos hasta las antiguas piedras.
El lugar estaba completamente en silencio.
Entonces las sombras comenzaron a moverse.
La pequeña pluma negra que Emilia había encontrado salió de su bolsillo y flotó hacia el centro del círculo mágico.
El suelo brilló.
Y la niña del sueño apareció frente a ellos.
Era transparente.
Como un espíritu.
—Llegaron.
Dijo con una dulce sonrisa.
Emilia dio un paso adelante.
—¿Eres Lyra?
La pequeña asintió.
—He esperado mucho tiempo.
Derek observó sorprendido.
—¿Por qué nos llamaste?
Los ojos rojos de la niña se llenaron de tristeza.
—Porque alguien está intentando repetir la tragedia.
La tierra comenzó a temblar.
Del centro del círculo surgió una pequeña joya negra.
Era hermosa.
Pero de ella salía una energía aterradora.
Lyra señaló la reliquia.
—Ese fragmento perteneció al primer rey de las sombras.
—¿Qué debemos hacer?
Preguntó Emilia.
—Protegerlo.
Antes de que terminara de hablar, una risa resonó entre la niebla.
—Llegaron antes de lo que esperaba.
El hombre de la máscara negra apareció lentamente.
Su larga capa se movía con el viento.
En su mano sostenía un antiguo bastón.
—Entréguenme la reliquia.
Derek se colocó delante de Emilia.
—No lo haremos.
El desconocido inclinó ligeramente la cabeza.
—Valiente.
Pero todavía son demasiado débiles.
Una gigantesca sombra con forma de dragón apareció detrás de él.
El cielo se oscureció.
Emilia sintió que la oscuridad de su interior reaccionaba.
Las llamas azules de Derek también despertaron.
Sin pensarlo, ambos se tomaron de las manos.
La reliquia comenzó a brillar.
Y una luz plateada envolvió sus cuerpos.
Lyra los observó con una pequeña sonrisa.
—Así comenzó hace mil años...
Murmuró.
El hombre enmascarado dio un paso atrás.
Por primera vez parecía sorprendido.
—No...
Eso no debería suceder.
Entonces, una imagen apareció en el aire.
Un antiguo dragón negro azul.
Y a su lado, una joven de ojos rojos.
Eran casi idénticos a Derek y Emilia.
La voz de Selene resonó sobre las llanuras.
—La historia está despertando.
Y los ecos del pasado jamás podrán ser detenidos.
La luz se volvió más intensa.
El hombre enmascarado desapareció entre las sombras.
Pero antes de marcharse dejó una última advertencia.
—Cuando descubran quién escribió la novela que cambió sus destinos...
Desearán no haber nacido.
El silencio volvió.
Lyra comenzó a desvanecerse.
Antes de desaparecer miró a Emilia.
Y luego a Derek.
—No permitan que los separen.
Porque ustedes no son la primera pareja destinada...
Son la última esperanza.
La pequeña desapareció.
La joya negra quedó suspendida en el aire.
Y una marca luminosa apareció en las manos de ambos.
Un símbolo antiguo.
Un dragón rodeado por sombras.
Sin saberlo, acababan de aceptar un pacto que cambiaría el destino de los dos mundos.