Josué Elian Morel solo quería empezar de nuevo.
Mudarse al Residencial Horizonte 9 parecía una buena idea... hasta que sus vecinos decidieron convertirlo en el principal sospechoso de absolutamente todo.
Una señora con demasiado tiempo libre, un anciano filósofo, un millonario excéntrico y una ilustradora que siempre aparece en sus peores momentos están convencidos de que oculta algo.
El problema es que Josué no es un villano.
Tiene muy mala suerte.
Aunque, siendo honestos...
ya está cansado de intentar explicarlo.
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Capítulo 18: El Retrato
El lunes por la mañana...
Aileen despertó con una sensación extraña.
La exposición había sido un éxito.
Sus dibujos recibieron muchos elogios.
Pero había un problema.
Uno muy grande.
El retrato de Josué seguía escondido en su estudio.
Y, por alguna razón...
cada vez que lo veía, le daba vergüenza.
—Tengo que guardarlo en otro lugar...
—murmuró.
Lo colocó dentro de una carpeta azul y salió rumbo al trabajo.
Sin darse cuenta...
la carpeta quedó abierta sobre el escritorio.
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Mientras tanto...
Josué estaba ayudando a Don Aurelio a cambiar un foco en el pasillo.
—Sostén la escalera, muchacho.
—No se preocupe.
No dejaré que se caiga.
—Eso espero.
Ya no estoy para romperme otro hueso.
Los dos rieron.
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En ese momento...
Clara apareció corriendo.
—¡Aileen!
—¿Qué pasó?
—Dejó unas llaves en la administración.
Voy a llevárselas.
—Yo voy.
Su apartamento queda en mi piso.
—Perfecto.
Gracias, Josué.
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Cinco minutos después...
Josué llegó al apartamento 507.
Tocó la puerta.
Nadie respondió.
Volvió a tocar.
Silencio.
Miró las llaves.
—Debe haber salido.
Justo cuando iba a irse...
la puerta se abrió lentamente.
No estaba cerrada por completo.
—Qué raro...
Empujó apenas unos centímetros.
—¿Aileen?
Nadie respondió.
Desde la entrada vio el estudio.
Y sobre el escritorio...
la carpeta azul abierta.
Una hoja comenzó a deslizarse lentamente por el viento que entraba por la ventana.
—Se va a caer...
Entró solo un paso para evitar que el dibujo tocara el piso.
Lo tomó con cuidado.
Y entonces...
lo vio.
Era un retrato.
Su retrato.
Josué abrió los ojos con sorpresa.
El dibujo era tan detallado que parecía una fotografía.
Cada sombra.
Cada expresión.
Cada detalle.
Se quedó completamente inmóvil.
—¿Ella... me dibujó?
En ese instante...
una voz sonó detrás de él.
—¿Josué?
Era Aileen.
Había regresado porque olvidó su tableta.
Al verlo con el retrato en las manos...
se quedó congelada.
Durante varios segundos...
ninguno de los dos dijo una palabra.
—Yo...
—comenzó Josué.
—¡No es lo que parece!
—dijo Aileen de inmediato.
Él parpadeó.
—Solo entré porque...
—La puerta quedó abierta...
Lo sé.
Silencio.
Aileen sintió que quería desaparecer.
—Puedes reírte si quieres.
Josué bajó la mirada hacia el dibujo.
Luego volvió a verla.
—¿Reírme?
Ella asintió lentamente.
—Nunca.
Le devolvió el retrato con mucho cuidado.
—Es... increíble.
Aileen lo miró sorprendida.
—¿De verdad?
—Sí.
Jamás alguien me había dibujado.
Ella sonrió, todavía avergonzada.
—Solo estaba practicando retratos.
Josué levantó una ceja.
—¿Y tuviste que elegir mi cara?
Aileen soltó una pequeña risa.
—Supongo que sí.
Los dos comenzaron a reír.
Toda la tensión desapareció.
Entonces...
desde el pasillo...
se escuchó una voz.
—¡Lo sabía!
Josué y Aileen salieron rápidamente.
En el pasillo estaba Tomás.
Con su libreta en una mano.
Y una enorme sonrisa en la otra.
—¿Qué haces aquí?
—preguntó Josué.
Tomás respondió con total naturalidad.
—Venía a devolver una pelota.
Miró a los dos.
Luego al dibujo.
Y volvió a sonreír.
Abrió su libreta.
✔ La señorita Aileen dibujó al sospechoso.
Debajo escribió otra línea.
Esto ya no parece una investigación...
Parece una historia de amor.
Tomás salió corriendo escaleras abajo.
Josué y Aileen se miraron.
Luego miraron las escaleras.
Y dijeron exactamente lo mismo.
—Estamos perdidos.
Muy bueno!