Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
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Capitulo 15
La conversación fluía entre recuerdos y sentimientos, hasta que Miriam, al explicar lo que le habían contado hace cuatro años, mencionó algo que heló la sangre de Adam al instante.
—Me aseguraron que te vieron en el viejo muelle, la noche del 12 de noviembre —dijo ella, con voz tranquila al principio—. Dijeron que estabas con ella, muy cariñoso, que ni siquiera te preocupaste por ocultarte. Y esa nota… esa nota que rompió mi corazón, decía exactamente lo mismo: “anoche, bajo las luces del muelle, comprendí que nunca te amé a ti”.
Adam se quedó petrificado, con los ojos muy abiertos y la respiración contenida, como si acabara de recibir un golpe certero en el pecho.
—¿El 12 de noviembre? ¿En el muelle? —repitió él, incrédulo y alterado—. ¡Esa noche no estuve allí, Miriam! ¡Es imposible!
—¿Cómo puedes negarlo si hasta lo pusiste por escrito? —preguntó ella, confundida ante su reacción tan violenta.
—¡Porque esa misma noche estuve con Francisco, en el hospital! —exclamó él, tomándola de las manos con urgencia—. ¡Su madre tuvo una crisis grave y no me separé de su lado ni un solo instante! Estuvimos allí hasta el amanecer, Miriam. Hay registros, hay testigos… ¡era imposible que estuviera en dos sitios a la vez!
Ella sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. De repente, algo encajó… y al mismo tiempo, todo se desmoronó.
—Espera… —susurró Miriam, frunciendo el ceño y esforzándose por recordar bien—. La persona que me entregó esa nota… me dijo que la había recogido de tu bolso en una reunión. Pero… hubo alguien que estuvo en esa reunión, que tenía acceso a todo lo tuyo, que sabía cada detalle de nuestros planes… Elisa.
—¡Elisa! —gritó Adam, y su mirada se llenó de comprensión horrorizada—. Ella sabía que yo estaba con Francisco, ella misma me ofreció apoyo y compañía esos días… ¡y nunca dijo nada de verme en el muelle! ¡Porque sabía que era mentira! Fue ella quien me consoló cuando te fuiste, quien me llenó la cabeza de dudas… ¡todo este tiempo estuvo justo allí, en medio, tejiendo mentiras!
—Todo encaja —susurró Miriam, pálida como la cera—. La letra era muy parecida, sí… pero nunca exacta. Las fechas, los lugares, los horarios… todo lo que me contaban coincidía demasiado con lo que ella sabía de nosotros. Nunca te acusaron por algo que nadie pudiera desmentir, porque ella eligió cada detalle para que pareciera real… ¡pero cometió un error! No contó con que tenías una coartada tan sólida.
Ambos se miraron con los ojos llenos de asombro y una nueva y terrible claridad. Aquel pequeño detalle, una fecha y un lugar imposibles, acababa de abrir una puerta que creían sellada para siempre.
—No fuiste tú… —dijo Miriam con voz quebrada, temblando de pies a cabeza—. Nunca me engañaste. Todo, absolutamente todo… fue una farsa cuidadosamente planeada.
—Miriam, escúchame bien —insistió Adam, con voz firme y brillando con una determinación feroz—. Esa nota, esos rumores, esa separación… todo fue obra de ella. Nos manipuló a los dos como si fuéramos marionetas, y nosotros, ciegos por el dolor, le creímos a ella antes que a nuestro propio amor.
—Cuatro años perdidos… —susurró ella, llevándose una mano a la boca, mientras las lágrimas volvían, pero esta vez cargadas de horror y rabia—. Cuatro años de dolor, de ausencia, de creer lo que nunca pasó… todo por la maldad de una sola mujer.
—Ese detalle lo cambia todo —aseguró Adam, apretando con fuerza sus manos entre las suyas—. Ya no hay duda, Miriam. Ella nos separó, nos mintió, jugó con nuestras vidas. Y ahora que tenemos la primera prueba, no pararemos hasta descubrir cada uno de sus pasos y poner la verdad al descubierto ante todos.
Se miraron a los ojos, y ya no vieron solo dolor y amor; vieron también la certeza absoluta de que habían sido víctimas de una traición mucho más grande de lo que jamás pudieron imaginar. Aquel pequeño detalle imposible acababa de darles la llave para desvelar la verdad completa.
—Todo este tiempo… —susurró Miriam, sintiendo cómo le ardían las mejillas de rabia y vergüenza—. Nos odiamos, sufrimos y nos perdimos… todo porque ella lo planeó a la perfección.
—Se creyó inteligente, pero se le olvidó algo básico —dijo Adam con firmeza, apretando sus manos—: la mentira siempre tiene un hueco por donde se rompe. Y hoy, ese pequeño detalle imposible, nos abrió los ojos de golpe.
Miriam levantó la vista, y en sus ojos ya no había confusión, sino una certeza clara y dolorosa.
—No fuimos débiles… fuimos engañados. Y ahora que sabemos la verdad… nada podrá volver a separarnos.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.