La Venganza De Los Beltrán
Mi nombre es Scarlett Beltrán. Nací el 27 de agosto del 2006 en Pereira, Colombia, y tengo 19 años. Muchas personas creen que soy una chica fría apenas me conocen, pero la verdad es que solamente me cuesta confiar rápido. No me gusta contar mis problemas ni demostrar demasiado lo que siento. Prefiero escuchar antes que hablar y observar antes de actuar.
Tengo el cabello negro, largo y completamente liso. Mi rostro es delicado y mi piel es trigueña clara. Pero si hay algo que realmente llama la atención de mí son mis ojos. Son grandes, color café oscuro, casi negros cuando estoy seria. Mi mamá siempre dice que mis ojos muestran todo aunque intente ocultarlo. Cuando estoy feliz brillan muchísimo, pero cuando estoy triste o enojada cambian completamente. Tengo pestañas largas, cejas bien marcadas y una mirada tranquila que muchas veces intimida sin querer.
Vivo con mis padres y mis dos hermanos en una casa humilde de Pereira. No somos una familia rica, pero siempre hemos estado unidos. En mi casa nunca faltan las risas, las discusiones tontas ni el olor a café por las mañanas.
Mi hermano mayor se llama Santiago Beltrán y tiene 24 años. Él es completamente diferente a mí. Alto, fuerte y demasiado protector. Tiene una mirada seria que hace que cualquiera piense dos veces antes de molestarlo. Trabaja desde hace años en un taller mecánico y prácticamente vive rodeado de motos, herramientas y olor a gasolina. Aunque parece duro, en realidad tiene un corazón enorme. Siempre ha sido quien más cuida de la familia.
Después está Ángel Beltrán, mi hermano menor.
Ángel tiene 18 años y es el más tranquilo de nosotros tres. Siempre ha sido relajado, amable y de esos que prefieren evitar problemas. Desde pequeño le gustó la música y pasar tiempo en casa escuchando canciones o jugando videojuegos. A diferencia de Santiago, él no es explosivo ni agresivo. Muchas veces incluso parece demasiado bueno para este mundo.
Mi mamá siempre dice que Ángel heredó la calma de ella.
Él estudia todavía y trabaja algunas tardes ayudando en una tienda cerca del barrio. Aunque a veces es un poco distraído, nunca ha sido problemático. De hecho, es el que más hace reír a mi mamá cuando está cansada.
Mis padres son personas trabajadoras que siempre hicieron todo por nosotros.
Mi mamá se llama Celeste De Beltrán y tiene 44 años. Tiene el cabello oscuro hasta los hombros y unos ojos claros muy bonitos que resaltan muchísimo cuando sonríe. Trabaja vendiendo ropa, maquillaje y perfumes en el centro de Pereira. Ella es la paz de esta familia. Siempre encuentra la manera de calmarnos cuando discutimos o cuando algo sale mal.
Mi papá se llama Leonardo Beltrán y tiene 49 años. Trabaja conduciendo camiones de carga pesada y muchas veces pasa varios días viajando por carretera. Tiene una voz fuerte y una presencia seria que impone respeto apenas entra a un lugar. Aunque parece un hombre duro, conmigo siempre ha sido muy cariñoso.
Y sí… tengo novio.
Se llama Mauro Vélez y tiene 22 años. Lo conocí hace casi dos años gracias a una amiga que insistió demasiado para que saliera una noche. Yo ni siquiera quería ir porque no me gustan mucho las fiestas, pero terminé aceptando.
Recuerdo perfectamente la primera vez que hablé con él.
—¿Siempre tienes cara de estar molesta? —me preguntó sonriendo.
—¿Y tú siempre hablas tanto? —respondí.
Él soltó una carcajada.
Desde esa noche empezamos a hablar todos los días hasta que poco a poco terminó convirtiéndose en alguien importante para mí.
Mauro es alto, tiene el cabello castaño oscuro y una sonrisa tranquila que logra hacerme sentir segura incluso en mis peores días. Trabaja ayudando a un familiar en un negocio de motos y sueña con abrir su propio taller algún día. Mi mamá lo quiere muchísimo porque siempre ha sido respetuoso conmigo.
Santiago, en cambio, desconfía de cualquier hombre que se acerque a mí.
—No me gusta cómo te mira —dice siempre.
—Soy la novia, Santiago.
—Precisamente por eso.
A veces siento que mi hermano cree que ningún hombre merece acercarse a mí.
Esa mañana me desperté escuchando música suave desde la sala. Ángel estaba limpiando mientras cantaba bajito.
—Milagro que haces algo útil —dijo Santiago entrando medio dormido.
—Buenos días para ti también —respondió Ángel riéndose.
No pude evitar sonreír.
Así eran casi todas las mañanas en mi casa. Tranquilas, simples y llenas de pequeños momentos.
Me levanté de la cama y bajé las escaleras todavía despeinada. Mi mamá estaba preparando desayuno mientras mi papá tomaba café revisando su teléfono.
—Buenos días, hija —dijo mi mamá sonriendo.
—Buenos días.
Me senté frente a la mesa mientras Ángel servía jugo para todos.
—Hoy sí amaneciste trabajador —le dije.
—Estoy inspirado.
—Seguro quiere pedir plata después —murmuró Santiago.
—Qué mala fama me tienes.
Todos terminamos riéndonos.
Mi mamá me miró de repente con una sonrisa sospechosa.
—¿Hoy vas a salir con Mauro?
Sentí calor en las mejillas inmediatamente.
—Sí… dijo que iba a pasar por mí en la tarde.
Mi papá levantó la mirada lentamente.
—¿Otra vez con el muchacho?
—Papá…
Él terminó sonriendo.
—Solo pregunto.
Aunque intentaba actuar serio, yo sabía perfectamente que Mauro le agradaba.
Después del desayuno subí a mi habitación para arreglarme un poco. Mi cuarto era pequeño pero acogedor. Tenía paredes claras, una cama sencilla, una ventana grande y varias fotos pegadas cerca del espejo.
Mientras me peinaba, mi celular vibró.
“Paso por ti a las cinco, hermosa.”
Era Mauro.
Sonreí automáticamente.
Entonces tocaron la puerta.
—Pase.
Era Santiago.
Entró cruzado de brazos y se quedó observándome unos segundos.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Últimamente he visto carros raros cerca de la casa.
Fruncí el ceño.
—¿Qué tipo de carros?
—Negros. Siempre pasan lento o se quedan estacionados afuera.
—Capaz son vecinos.
Él negó lentamente.
—No lo creo.
Eso me dejó pensando unos segundos porque Santiago rara vez se equivocaba cuando intuía algo.
—Seguro estás exagerando.
—Ojalá.
Su tono serio me dejó una sensación incómoda en el pecho.
Más tarde salí con Mauro al centro de Pereira. Caminamos entre vendedores ambulantes, motos pasando rápido y música sonando desde algunos locales.
—Te ves pensativa —dijo él.
—Santiago anda raro últimamente.
—¿Por qué?
—Dice que ha visto personas vigilando la casa.
Mauro frunció el ceño.
—Eso sí suena extraño.
Intenté ignorar el tema el resto de la tarde, pero algo dentro de mí seguía inquieto.
Cuando regresé a casa ya estaba anocheciendo.
Y apenas crucé la puerta sentí algo raro.
Todo estaba demasiado silencioso.
Mi mamá estaba sentada mirando hacia la ventana. Mi papá hablaba por teléfono en voz baja y Santiago observaba constantemente hacia afuera.
Hasta Ángel estaba callado.
—¿Qué pasó? —pregunté nerviosa.
Santiago me miró serio.
—Hay un carro afuera desde hace más de una hora.
Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.
Y aunque todavía no lo sabía… esa noche sería el comienzo de algo que destruiría nuestra tranquilidad para siempre.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 53 Episodes
Comments