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Nuestro Destino 1 El Comienzo

Nuestro Destino 1 El Comienzo

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:78
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Una chica que cree en el amor… incluso cuando el amor no cree en ella.
Después de enamorarse de alguien que nunca cambió, descubre la verdad de la peor forma: a través de sus propias amigas. Aun así, decide no romperse, no cerrarse… porque, en el fondo, sigue creyendo que en algún lugar existe ese amor que siempre soñó.
Entonces aparece él.
Un chico marcado por su propio pasado, que también conoció el dolor, pero que en lugar de rendirse… se volvió más fuerte. Más decidido. Más real.
Cuando sus caminos se cruzan, algo cambia.
No es inmediato.
No es perfecto.
Pero es diferente.
Con la ayuda de quienes los rodean, comienzan a acercarse, a confiar… a sentir algo que ninguno de los dos esperaba volver a vivir.
Sin embargo, el pasado no se queda atrás tan fácilmente.
La exnovia de él está decidida a interferir, intentando arruinarlo todo durante un momento clave: el baile.
Pero esta vez…
Las cosas no serán como antes.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

La mañana llegó más rápido de lo que Cris esperaba.

El sonido de la alarma rompió el silencio de su habitación.

—Mmm… cinco minutos más… —murmuró, abrazando la almohada.

Pero entonces…

Lo recordó.

El concurso.

Sus ojos se abrieron de golpe.

—¡Hoy!

Se incorporó de inmediato, con el corazón acelerado.

La emoción recorrió todo su cuerpo.

Bajó de la cama casi corriendo.

Se cambió.

Se cepilló los dientes.

Se amarró el cabello.

Y bajó las escaleras tan rápido que casi resbala.

—Más despacio, princesa —dijo su papá entre una sonrisa.

Cris frenó en seco.

—Lo siento… pero hoy es importante.

Su mamá dejó el desayuno sobre la mesa.

—Por eso mismo necesitas comer bien.

Cris asintió.

Pero le costaba quedarse quieta.

Movía el pie.

Miraba el reloj.

Tomaba jugo.

Respiraba hondo.

Y volvía a mirar el reloj.

Su papá la observaba divertido.

—¿Nerviosa?

Cris negó de inmediato.

—No.

Hizo una pausa.

—Bueno… sí.

Sus papás sonrieron.

—Eso significa que te importa —dijo su mamá.

Cris bajó la mirada.

Y sonrió.

Por dentro…

Sabía que hoy podía cambiar muchas cosas.

El camino hacia el parque se sintió distinto.

Más corto.

Más intenso.

Como si cada minuto…

Acercara a Cris a algo importante.

Iba sentada en silencio.

Con la patineta entre las piernas.

Sus dedos recorrían la tabla una y otra vez.

Como si eso pudiera calmarla.

Su papá la miró de reojo.

—Respira, princesa.

Cris soltó una pequeña risa.

—Lo intento.

Su mamá sonrió desde el asiento delantero.

—Solo disfruta.

Cris asintió.

Pero su corazón…

Seguía corriendo más rápido que el auto.

Cuando llegaron…

Lo vio.

El parque estaba lleno.

Mucho más de lo que imaginaba.

Participantes.

Familias.

Jueces.

Cámaras.

Música.

Y una pista preparada especialmente para el concurso.

Sus ojos brillaron.

—Wow… —susurró.

Su papá estacionó.

Y antes de bajar…

Tomó su mano.

—Mírame.

Cris obedeció.

—No viniste a demostrarle nada a nadie.

Hizo una pausa.

Su mirada llena de orgullo.

—Viniste a ser tú.

El corazón de Cris dio un salto.

Asintió lentamente.

—Sí, papá.

Bajó del coche.

Sintiendo cómo la adrenalina recorría todo su cuerpo.

El sonido de las ruedas contra el concreto.

Las voces.

Los anuncios.

Todo se mezclaba.

Pero dentro de ella…

Solo había una cosa.

Hambre de demostrar de qué estaba hecha.

Y sin saberlo…

Alguien ya la estaba observando desde lejos.

Con demasiada atención.

Cris caminó junto a sus papás hacia la zona de registro.

Cada paso…

Se sentía más real.

Más cercano.

Más importante.

Había chicos y chicas de distintas edades.

Algunos estirando.

Otros practicando.

Otros simplemente…

Observando a la competencia.

Cris apretó ligeramente su patineta contra su pecho.

No por miedo.

Sino por emoción.

Una señora sonrió al verla acercarse.

—¿Nombre?

—Cris… —respondió, intentando sonar tranquila.

La mujer revisó una lista.

Y sonrió.

—Aquí estás.

Le colocó un número en la camiseta.

17.

Cris lo miró unos segundos.

Como si ese pequeño número…

Ahora significara algo.

—Mucha suerte —dijo la mujer.

—Gracias…

Se alejó con sus papás.

Pero antes de llegar a la pista…

Una voz la detuvo.

—Bonita tabla.

Cris giró.

Y lo vio.

Un chico.

Un poco mayor.

Alto.

Seguro.

Con una patineta apoyada en su hombro.

Y una sonrisa tranquila.

Cris parpadeó un segundo.

—Gracias…

Él señaló su número.

—Diecisiete…

Sonrió.

—Dicen que es de buena suerte.

Cris no supo qué responder de inmediato.

Solo sonrió ligeramente.

—Entonces espero que sea cierto.

El chico extendió su mano.

—Soy Taylor.

Por un segundo…

El tiempo pareció ir más lento.

Cris miró su mano.

Luego sus ojos.

Y algo dentro de ella…

Se movió.

Algo pequeño.

Pero imposible de ignorar.

—Cris… —respondió finalmente, estrechando su mano.

Y sin que ninguno de los dos lo supiera…

Ese instante…

También iba a cambiarlo todo.

El contacto duró apenas unos segundos.

Pero para Cris…

Pareció mucho más.

Soltó su mano lentamente.

Intentando que su expresión siguiera normal.

Intentando que su corazón…

No la delatara.

Taylor sonrió apenas.

Como si hubiera notado algo.

Pero no dijo nada.

—Participas también… ¿no? —preguntó Cris, mirando su tabla.

Taylor asintió.

—Sí.

Le mostró el número pegado en su camiseta.

12.

—Aunque… —añadió con una sonrisa ladeada— ahora tengo más curiosidad por la competencia.

Cris arqueó una ceja.

—¿Ah, sí?

Taylor encogió los hombros.

—Quiero ver si el diecisiete realmente trae suerte.

Cris soltó una pequeña risa.

Y sin darse cuenta…

Los nervios comenzaron a desaparecer.

A lo lejos…

Su papá los observaba.

En silencio.

Atento.

Analizando.

Su mamá lo notó.

—No empieces… —murmuró divertida.

Él no apartó la mirada.

—Solo estoy observando.

—Claro…

Pero ambos sabían…

Que no era solo eso.

Entonces…

Una voz por el altavoz rompió el momento.

—¡Participantes, favor de prepararse para la primera ronda!

El ambiente cambió de inmediato.

Los nervios.

La adrenalina.

La expectativa.

Todo volvió de golpe.

Taylor tomó su patineta.

Y antes de alejarse…

Miró a Cris una vez más.

—Nos vemos en la pista.

Cris sintió un pequeño salto en el pecho.

Y asintió.

—Nos vemos.

Lo vio alejarse.

Y por un segundo…

Olvidó respirar.

Hasta que la voz de su papá la hizo volver.

—Princesa…

Es hora.

Cris apretó su tabla.

Respiró hondo.

Y caminó hacia la pista.

Sin saber…

Que estaba a punto de vivir uno de los días más importantes de su vida.

Cris se colocó junto a los demás participantes.

El concreto bajo sus tenis.

El sonido de las ruedas.

La música.

Las voces.

Todo parecía más fuerte ahora.

Más real.

Más intenso.

Sus manos sujetaban la patineta con firmeza.

Pero su corazón…

Latía con tanta fuerza que casi podía escucharlo.

Buscó con la mirada.

Y lo encontró.

Taylor.

Al otro lado de la pista.

Calentando.

Concentrado.

Seguro.

Por un segundo…

Él levantó la mirada.

Y volvió a encontrarla.

No dijeron nada.

No hacía falta.

Solo una pequeña sonrisa.

Y luego…

Concentración total.

—¡Número doce, prepárate!

Taylor tomó aire.

Se acomodó la tabla.

Y entró a la pista.

Cris observó en silencio.

Atenta.

Cada movimiento.

Cada giro.

Cada salto.

Era limpio.

Natural.

Potente.

Como si hubiera nacido para eso.

El público empezó a reaccionar.

Aplaudiendo.

Animándolo.

Y cuando terminó…

Los aplausos fueron todavía más fuertes.

Taylor sonrió apenas.

Pero antes de salir…

Buscó a Cris.

Y le guiñó un ojo.

El corazón de Cris dio un salto inesperado.

—Número diecisiete…

El cuerpo de Cris se tensó.

—Tu turno.

El mundo pareció quedarse en silencio.

Su papá se acercó.

Puso una mano sobre su hombro.

Y con esa voz que siempre la hacía creer en sí misma…

Dijo:

—Ve y haz lo que amas.

Cris cerró los ojos un segundo.

Respiró.

Y sonrió.

—Sí, papá.

Tomó impulso.

Subió a su tabla.

Y entró a la pista.

En cuanto las ruedas tocaron el concreto…

Todo desapareció.

El ruido.

Las miradas.

La presión.

Los nervios.

Solo estaba ella.

Su tabla.

Y el viento rozando su rostro.

Primer impulso.

Limpio.

Preciso.

Natural.

Subió la primera rampa.

Saltó.

Giró.

Cayó perfecta.

El público reaccionó de inmediato.

Un murmullo de sorpresa recorrió el parque.

Cris no lo escuchó.

No realmente.

Porque estaba en su mundo.

Segundo truco.

Más alto.

Más técnico.

Más arriesgado.

Su cabello se movía con cada giro.

Su respiración estaba sincronizada con cada movimiento.

Como si su cuerpo…

Supiera exactamente qué hacer.

A un lado de la pista…

Su mamá se llevó una mano al pecho.

—Dios mío…

Su papá no dijo nada.

Pero sus ojos…

Estaban llenos de orgullo.

Taylor observaba en silencio.

Completamente atento.

Sin apartar la mirada ni un segundo.

Entonces…

Cris tomó velocidad.

Más de la habitual.

Mucho más.

Fue hacia la rampa principal.

La más alta.

La más peligrosa.

El público se quedó en silencio.

Incluso los jueces se inclinaron hacia adelante.

Cris saltó.

Por un segundo…

Pareció volar.

Un giro.

Dos.

Y entonces…

El tiempo pareció detenerse.

Por un segundo…

Nadie respiró.

Ni el público.

Ni los jueces.

Ni sus padres.

Ni Taylor.

Cris seguía en el aire.

Girando.

Libre.

Exacta.

Como si el tiempo…

Le perteneciera.

Y entonces…

Sus ruedas tocaron el concreto.

Perfecto.

Limpio.

Firme.

Sin una sola falla.

El parque entero explotó.

Aplausos.

Gritos.

Silbidos.

Emoción pura.

Cris siguió avanzando unos metros más…

Hasta frenar por completo.

Su pecho subía y bajaba con fuerza.

Su corazón parecía querer salir.

Pero estaba sonriendo.

Sonriendo como nunca.

A un lado de la pista…

Su mamá tenía los ojos húmedos.

Su papá…

Simplemente la miraba.

Con ese orgullo silencioso…

Que vale más que cualquier palabra.

Taylor soltó una pequeña risa.

Negó con la cabeza.

Y murmuró para sí mismo:

—Definitivamente… el diecisiete sí trae suerte.

Los jueces comenzaron a revisar sus notas.

El silencio volvió.

Pesado.

Expectante.

Hasta que el micrófono volvió a encenderse.

—Y la ganadora de la categoría juvenil es…

Cris dejó de respirar.

Apretó la tabla contra su pecho.

Sus dedos temblaron.

Su corazón…

Latía con fuerza.

—¡Número diecisiete… Cris!

El mundo explotó otra vez.

Pero esta vez…

Dentro de ella.

Su mamá gritó.

Su papá levantó ambos brazos.

Y Cris…

Se quedó quieta.

Como si no pudiera creerlo.

—¿Yo…?

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

Y por primera vez…

Entendió algo.

Los sueños…

Sí podían empezar así.

Con una tabla.

Con una familia.

Con pasión.

Y a veces…

Con una mirada inesperada.

Porque al levantar la vista…

Taylor ya la estaba mirando.

Sonriendo.

Y algo dentro de ambos…

Acababa de comenzar.

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