NovelToon NovelToon
1 Soy Mitad Humana Y Demonio

1 Soy Mitad Humana Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Venganza / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

El camino a casa se sintió más largo de lo normal.

No por la distancia.

Por el silencio.

Ese que se queda después de que algo cambia…

y ya no hay forma de fingir que no pasó.

No hablé.

Él tampoco.

Y por primera vez—

no fue incómodo.

Fue… necesario.

Porque cualquier palabra mal dicha—

podía romper algo que todavía no entendíamos.

Cuando la casa apareció frente a mí,

mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

Un leve alivio.

Automático.

Instintivo.

Error.

Porque en cuanto crucé la puerta—

lo sentí.

Mi mamá estaba en la sala.

Con Gael en brazos.

Pero no estaba tranquila.

Lo supe sin que dijera nada.

Lo supe por cómo sostenía a mi hermano.

Más firme.

Más protectora.

Más… alerta.

Sus ojos se levantaron en cuanto entré.

Directo a mí.

No a mi cara.

A algo más.

Algo que no podía ver…

pero sí sentir.

—¿Qué pasó?

No fue una pregunta casual.

Fue directa.

Cortante.

Como si ya supiera que algo no estaba bien.

Mi respiración se detuvo un segundo.

—Nada.

Mentí.

Automático.

Demasiado fácil.

—Estrella.

Mi nombre sonó distinto en su voz.

Más bajo.

Más… serio.

—No me mientas.

Eso me hizo tensarme.

No por enojo.

Por reconocimiento.

Porque no era la primera vez que me decía eso.

Pero esta vez—

no era igual.

—Solo fue un mal día.

Intenté mantener la calma.

La normalidad.

Pero mi energía—

no ayudaba.

Se movía.

Sutil.

Pero constante.

Como si todavía estuviera lista para algo.

Mi mamá lo sintió.

Lo vi en sus ojos.

En cómo su expresión cambió.

Preocupación.

Real.

—Eso no fue un mal día.

Susurró.

Y eso…

me hizo bajar la mirada.

—¿Entonces qué fue?

Silencio.

Porque no sabía cómo explicarlo.

Porque ni yo lo entendía.

—Algo más.

La respuesta salió sola.

Más honesta de lo que planeaba.

Gael hizo un pequeño sonido.

Moviéndose en sus brazos.

Inquieto.

Eso no era normal.

Él siempre estaba tranquilo.

Pero ahora—

no.

—Lo sentiste.

No fue pregunta.

Fue confirmación.

—Sí.

Mi voz salió más baja.

—Y no fue como antes.

Ella cerró los ojos un segundo.

Como si eso fuera suficiente para entenderlo todo.

Tal vez lo era.

—Está empeorando.

Susurró.

—O empezando.

Corregí.

Sin pensar.

Sus ojos se abrieron.

Y esta vez—

no había duda.

Solo certeza.

—Tenemos que hablar con Gabriel.

Mi pecho se tensó.

—No.

Demasiado rápido.

—Estrella—

—No.

La miré.

Firme.

—No quiero que él decida esto por mí.

Silencio.

Pesado.

Incómodo.

Real.

—No se trata de decidir.

Su voz bajó.

Más suave.

Pero más firme.

—Se trata de protegerte.

—Ya lo están haciendo.

La frase salió antes de detenerla.

Demasiado rápido.

Demasiado… reveladora.

Sus ojos se fijaron en mí.

Más atentos.

Más profundos.

—¿Quiénes?

Mi respiración se cortó.

Error.

Error.

Error.

—Nadie.

Mentí otra vez.

Pero ya no funcionaba igual.

—Estrella.

Ese tono otra vez.

El que decía que no iba a dejarlo pasar.

—Hay alguien más.

No era una pregunta.

Era una pieza encajando.

—No lo sé.

Y eso…

era lo más cercano a la verdad.

Porque sí lo sabía.

Pero no completamente.

—Esto no es seguro.

—Nunca lo ha sido.

—Pero ahora es diferente.

Asentí apenas.

Porque tenía razón.

Porque esto ya no era algo que podía ignorar.

Ni esconder.

Ni controlar sola.

Gael volvió a moverse.

Más inquieto.

Más sensible.

Mi mamá lo ajustó en sus brazos.

Protegiéndolo.

Como si él también pudiera sentirlo.

Tal vez lo hacía.

Eso no me gustó.

Para nada.

—Mañana empiezas más temprano.

Levanté la mirada.

—¿Qué?

—Entrenamiento.

Su tono no dejó espacio a discusión.

—Más intenso.

Pausa.

—Más constante.

Mi estómago se tensó.

—¿Desde cuándo decides eso tú?

—Desde que ya no es opcional.

Silencio.

Y esta vez—

no discutí.

Porque sabía que tenía razón.

Porque lo había sentido.

Porque ya no era un juego.

Ni un entrenamiento.

Era preparación.

Para algo que venía.

Algo que ya estaba aquí.

—Descansa hoy.

Añadió.

—Mañana…

Pausa.

Más firme.

—empieza de verdad.

Eso se sintió como una advertencia.

No como consejo.

No como ayuda.

Como un antes y un después.

Asentí.

Sin discutir.

Sin preguntar.

Porque algo dentro de mí—

ya lo sabía.

Esto no iba a detenerse.

Y esta vez…

yo tampoco.

No dormí.

No de verdad.

Cerré los ojos.

Apagué la luz.

Me acosté.

Pero mi mente…

no se detuvo.

Cada vez que intentaba relajarme—

volvía.

La sensación.

El frío.

La conexión.

El mensaje.

“Ya no estás sola.”

Como si lo repitieran.

No en voz alta.

Dentro.

Abrí los ojos.

Oscuridad.

Silencio.

Mentira.

Nada estaba en silencio.

Todo estaba esperando.

—Esto es nuevo…

Susurré.

Y lo odié.

Porque ya no era miedo.

Era anticipación.

Mi cuerpo se sentó antes de que decidiera hacerlo.

Miré la hora.

Demasiado temprano.

Perfecto.

Si no podía dormir—

iba a usarlo.

Me cambié sin hacer ruido.

Ropa negra.

Ligera.

Funcional.

Como siempre.

Pero esta vez—

no era rutina.

Era necesidad.

Bajé las escaleras.

Y no me sorprendió verlo ahí.

Gabriel.

De pie.

Esperando.

Como si supiera que iba a bajar.

Como si nunca se hubiera ido.

—Llegaste antes.

Su voz fue baja.

Calmada.

Pero sus ojos…

no.

—No dormí.

No mentí.

No tenía sentido hacerlo.

Él asintió apenas.

Como si eso confirmara algo.

—Lo sentiste.

No fue pregunta.

—Sí.

Pausa.

—Y no fue solo uno.

Eso hizo que su expresión cambiara.

Muy poco.

Pero lo suficiente.

—Entonces ya empezó.

Mi estómago se tensó.

—¿Qué cosa?

Silencio.

Un segundo.

Dos.

—Lo que estábamos evitando.

No me gustó cómo sonó eso.

Para nada.

—¿Evitar?

—Retrasar.

Corrigió.

—Nunca se iba a detener.

Perfecto.

—Entonces ¿por qué no me lo dijiste?

Lo miré directo.

Sin suavidad.

Sin rodeos.

—Porque no estabas lista.

La respuesta fue inmediata.

Firme.

Segura.

—Y ahora sí.

No pregunté.

Afirmé.

—Ahora no tienes opción.

Eso…

no me tranquilizó.

Pero tampoco me sorprendió.

—Bien.

Respiré.

Lento.

—Entonces entrena.

Algo pasó en su mirada.

Ligero.

Pero real.

Orgullo.

Preocupación.

Ambas.

—Eso vamos a hacer.

Salimos al claro.

El mismo.

Pero no igual.

Porque yo no era la misma.

El aire estaba frío.

Más denso.

Más atento.

Como si también supiera.

—Hoy no vamos a contener.

Dijo.

Directo.

—Hoy vas a dejar salir.

Mi pulso se aceleró.

—¿Qué?

—No puedes controlar algo que sigues tratando como enemigo.

Eso golpeó.

Fuerte.

—No es mi amigo.

—Tampoco es solo tu enemigo.

Pausa.

—Es parte de ti.

Silencio.

Incómodo.

Verdadero.

—No quiero que salga.

—Ya está saliendo.

Eso fue suficiente.

—Entonces dime cómo detenerlo.

—No lo hagas.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Dirígelo.

El viento cambió.

Leve.

Pero claro.

—Respira.

Su tono se volvió más firme.

Más… entrenado.

—Siente dónde empieza.

Cerré los ojos.

No porque quisiera.

Porque lo necesitaba.

Y ahí estaba.

El punto.

En el pecho.

Caliente.

Pesado.

Vivo.

—Lo tengo.

—No lo empujes.

—No lo estoy haciendo.

—Entonces deja de resistirte.

Eso fue lo más difícil.

Porque toda mi vida—

había hecho lo contrario.

Respiré.

Lento.

Otra vez.

Y solté.

No el control.

La resistencia.

El cambio fue inmediato.

El calor creció.

Pero no dolía.

Se expandía.

Fluía.

—Eso es.

La voz de Gabriel llegó clara.

—Ahora muévelo.

Abrí los ojos.

El mundo se veía distinto.

Más definido.

Más… conectado.

Levanté la mano.

Dudé.

Solo un segundo.

Y entonces—

lo hice.

El aire respondió.

No explotó.

Se dobló.

A mi voluntad.

Controlado.

Real.

Mi respiración se aceleró.

—Estoy—

—No hables.

Cortó.

—Concéntrate.

Asentí.

El poder se movía.

Más fácil.

Más… natural.

Como si siempre hubiera sabido hacerlo.

Como si solo hubiera estado esperando permiso.

—Otra vez.

Lo hice.

Más firme.

Más claro.

El suelo vibró apenas.

Pero no se rompió.

Control.

Real.

—Bien.

Pero no sonaba tranquilo.

Sonaba… alerta.

—¿Qué pasa?

Lo sentí antes de que respondiera.

Esa presencia.

Otra vez.

Pero esta vez—

no estaba lejos.

—No estamos solos.

Mi pulso se disparó.

—Otra vez no…

—No es el mismo.

Eso fue suficiente para tensarme más.

—¿Entonces cuántos son?

Silencio.

Mala señal.

—Concéntrate.

—¿Cómo quieres que me concentre?

—Porque si pierdes esto ahora—

Pausa.

—ellos ganan ventaja.

Eso…

me hizo enfocar.

De golpe.

El poder en mi mano tembló.

Pero no se fue.

—Eso es.

—Lo estoy haciendo.

—Lo sé.

El aire se volvió más pesado.

Más oscuro.

Más… cercano.

—Está mirando.

Susurré.

—Sí.

—¿Por qué no se acerca?

Pausa.

Corta.

Precisa.

—Porque está aprendiendo.

Eso fue peor.

Mucho peor.

Mi control vaciló un segundo.

El aire se agitó.

—¡No!

Respiré.

Fuerte.

—No soy esto…

Pero esta vez—

no lo rechacé.

Lo sostuve.

—Soy yo.

El poder se estabilizó.

Más firme.

Más… mío.

El silencio volvió.

Pero no vacío.

Nunca vacío.

—Bien.

Dijo Gabriel.

Pero su mirada seguía en el bosque.

—Se fue.

—No.

Negué apenas.

—Sigue ahí.

Más lejos.

Pero presente.

Esperando.

Otra vez.

—Entonces ya entendiste.

Lo miré.

—¿Qué cosa?

Pausa.

—Esto ya no es entrenamiento.

El aire se quedó quieto.

Pesado.

Real.

—Es una prueba.

Mi respiración se detuvo un segundo.

—¿De qué?

Sus ojos se fijaron en los míos.

Más serios que nunca.

—De cuánto tiempo puedes mantenerte de pie…

Pausa.

—antes de que vengan por ti.

El aire volvió a la normalidad.

O lo que ahora contaba como normal.

Pero mi cuerpo…

no.

El control que había sostenido un segundo antes—

se quebró.

No en explosión.

En caída.

Mis piernas cedieron.

De golpe.

Rodillas contra tierra.

Duro.

Real.

El impacto subió por mi cuerpo como un recordatorio.

—Respira.

La voz de Gabriel llegó firme.

Cerca.

Demasiado cerca.

Pero no me tocó.

No todavía.

—Estoy…

Intenté hablar.

Error.

El aire no salió bien.

—No hables.

Ordenó.

—Sostén.

Sostener.

Eso era lo difícil.

No el poder.

No el control.

Sostenerme a mí misma después.

Cerré los ojos.

Oscuridad.

Ruido.

No externo.

Interno.

Como si algo siguiera moviéndose…

aunque todo ya se hubiera detenido.

—Se quedó.

Susurré.

No sabía si lo dije en voz alta.

—¿Qué?

—La sensación.

Llevé la mano al pecho.

Ahí.

Donde todo empezaba.

—No se fue.

Silencio.

Pesado.

—Déjame ver.

No preguntó.

Se acercó.

Sentí su energía antes que su presencia.

Más cálida.

Más firme.

Diferente.

Su mano se detuvo a centímetros de la mía.

Sin tocar.

Evaluando.

—No es residual.

Dijo finalmente.

—Entonces ¿qué es?

Pausa.

Demasiado larga.

—Es vínculo.

El aire se me congeló en los pulmones.

—¿Con quién?

No respondió de inmediato.

Y eso ya era respuesta.

—No…

Negué apenas.

—No puede—

El tirón llegó sin aviso.

No físico.

Interno.

Directo.

Como si algo jalara de ese punto en mi pecho.

Fuerte.

Claro.

Innegable.

Mi espalda se tensó.

—¡Gabriel—!

—Lo sé.

Su tono cambió.

Más alerta.

Más… protector.

—No te resistas.

—¿Estás loco?

—Si te resistes, lo rompes.

—¿Y si no?

Silencio.

—Entonces lo entiendes.

Eso no ayudaba.

Para nada.

Pero ya estaba pasando.

Cerré los ojos.

Otra vez.

No por calma.

Por necesidad.

Y entonces—

lo sentí.

No oscuro.

No frío.

Familiar.

Demasiado familiar.

—No…

Susurré.

Pero no era negación.

Era reconocimiento.

Porque no venía de la sombra.

No venía del bosque.

Venía de—

él.

Abrí los ojos de golpe.

—Adriel.

El nombre salió solo.

Gabriel se tensó.

Apenas.

Pero lo suficiente.

—¿Lo estás sintiendo?

—Sí.

Mi voz salió más baja.

Más… estable.

—Pero no es como antes.

Porque no lo era.

Antes era eco.

Reacción.

Ahora—

era dirección.

Como si pudiera encontrarlo.

Como si él pudiera hacer lo mismo.

—Esto no es normal.

—Nada de esto lo es.

—No, esto es diferente.

Pausa.

—Esto es conexión activa.

El término se quedó en el aire.

Pesado.

Real.

—¿Eso es malo?

No respondió de inmediato.

Y eso me hizo entender antes de que hablara.

—Es peligroso.

Claro.

Siempre.

—¿Para quién?

Lo miré.

Directo.

Sin suavidad.

—Para todos.

Perfecto.

El tirón volvió.

Más suave esta vez.

Más… claro.

No exigía.

Llamaba.

—Él también lo siente.

Dije.

No como duda.

Como hecho.

Gabriel no lo negó.

Y eso fue suficiente.

—Entonces no soy la única.

—No.

—Nunca lo fui.

Silencio.

Pero ya no incómodo.

Diferente.

Más… consciente.

Me obligué a levantarme.

Lento.

Con esfuerzo.

Pero lo hice.

Mis piernas temblaron.

Pero no caí.

No esta vez.

—No me voy a romper.

Murmuré.

Más para mí que para él.

—No ahora.

El aire se mantuvo quieto.

Pero esa sensación—

seguía.

No invasiva.

No agresiva.

Presente.

Constante.

Como una marca que no podía ver…

pero sí sentir.

—Tenemos que controlar eso.

Dijo Gabriel.

—No.

Negué apenas.

—Tengo que entenderlo.

Sus ojos se fijaron en mí.

Evaluando.

Midiendo.

—Si lo entiendes mal—

—Entonces lo corrijo.

No dudé.

No esta vez.

Porque algo dentro de mí ya había cambiado.

Porque ya no quería solo sobrevivir a esto.

Quería saber qué era.

Y por qué…

me estaba eligiendo.

El viento se movió apenas.

Suave.

Casi imperceptible.

Pero suficiente.

Porque ya no se sentía como antes.

Ya no se sentía como amenaza inmediata.

Se sentía como… preparación.

Y eso—

me heló más que cualquier sombra.

Apreté los dedos.

Sintiendo aún ese punto en mi pecho.

Ese hilo invisible.

Esa conexión que no pedí…

pero tampoco podía ignorar.

—No me estaban cazando…

Susurré.

Más para mí que para el mundo.

Respiré.

Fuerte.

Real.

—me estaban preparando.

1
Maria De Jesus Tirado Rodriguez
quedó inconclusa tan interesante que estaba 😭
CristyGry: también te invito a leer el libro 0.5 que es como la historia de los papás de estrella y de cómo Federico se hizo malo
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play