La desesperación la llevan a tratar de vender lo más valioso que tiene sin imaginar las consecuencias que eso le traería
NovelToon tiene autorización de Samy Morales para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
condiciones
Un par de días había paso desde la subasta, Sebastián se encontraba de camino a la mansión de su abuelo acompañado por su chófer, había sido citado por el hombre, para tratar asuntos de la empresa le había informado, no podía negarse, aunque él manejará la empresa la mayor parte de las acciones aún pertenecían a su abuelo.
No era un lugar que le gustaba visitar, después de la muerte de sus padres había vivido su adolescencia en esa casa, aunque su abuelo no era malo, si era un hombre estricto y más de una vez habían discutido por decisiones tomadas por Sebastián, una de ellas y que siempre salía a relucir cada que se veían era la de nunca casarse ni formar una familia.
Cuando al fin llegó a la mansión el chófer de inmediato le abrió la puerta, Sebastián bajo impecable como siempre con un traje a la medida, de inmediato se dirigió hacia la gran puerta que fue abierta por una señora mayor, la cual le informo que su abuelo lo esperaba en la biblioteca, ya conocía el camino de memoria, con paso firme se dirigió ahí y sin tocar abrió la puerta, su abuelo se encontraba en un sillón individual con un puro en una mano y un vaso de whisky descansaba sobre una pequeña mesa a su costado.
- ya deberías pensar en dejar eso.- le dijo Sebastián apenas lo vio.
- son uno de los pocos placeres que a mi edad aún puedo disfrutar, pero lo puedo intentar cuando tú consideres tener una familia.- contesto su abuelo con firmeza.
- pensé que venía a ver asuntos de la empresa, no de mi vida personal. - contesto Sebastián con un tono de advertencia.
- claro, toma asiento, hay asuntos importantes que quiero comunicarte. He decidido cambiar mi testamento y podrás acceder al resto de las acciones antes que yo muera.- le comunico su abuelo mientras se reclinaba en el sillón.
- y a que debo tanta gratitud - pregunto con sarcasmo Sebastián.
- por supuesto hay cláusulas que hay que cumplirse- continuo su abuelo.
- por supuesto no esperaría menos. - comento Sebastián sirviéndose un vaso de whisky.- cuáles son esas cláusulas. - pregunto curioso.
- para que yo pueda entregarte las acciones tendrás que casarte y formar una familia, en los próximos 2 años, de lo contrario cumplido ese lapso, mis acciones pasarán a la beneficencia- soltó su abuelo.
- de verdad esperas que yo cambie de opinión a base de amenazas, no pienso cambiar de opinión solo pierdes tu tiempo. - contesto Sebastián con firmeza.
- Al parecer ya tomaste tu decisión, pero yo también tomé la mía, y ya estás advertido. - dijo el abuelo con la misma firmeza.
Él sabía todo el trasfondo que había en esa decisión que Sebastián había tomado, no quería obligarlo a nada, solo quería que se diera la oportunidad de sentir algo por alguien, que su nieto se diera la oportunidad de conocer el amor y de abrir su corazón, mismo que se había obligado a endurecer por las circunstancias que marcaron su vida.
- si es todo lo que tenías que hablar me retiro.- dijo Sebastián mirando fijamente a su abuelo.
- no me acompañas a cenar - le dice su abuelo.
- por esta ocasión no, tengo algunos pendientes que terminar.- contesto Sebastián alisando su saco.
- considera lo que te acabo de decir, diaria que perdieras todo lo que has logrado.- le comento su abuelo antes de que saliera de la habitación.
Sebastián siguió su camino, acaso su abuelo había enloquecido, tenía que hablar con su abogado y saber si lo que le había dicho su abuelo era real, demasiadas veces el tema había salido a relucir en sus conversaciones, pero nunca imagino que su abuelo se atreviera a tanto.
A la mañana siguiente, Sebastián se encontraba hablando con su abogado.
- esto es real- preguntaba Sebastián aún incrédulo.
- muy real, tu abuelo te ha puesto un plazo que tienes que cumplir o todas sus acciones irán a caridades previamente escogidas por él.
- debe haber algo que podamos hacer, esto es una locura.
- Ya revisé varias veces y no hay nada, tendrás que cumplir lo que te pide o perderás el poder de la empresa.
- puedes retirarte.- pidió Sebastián muy serio.
Sebastián se reclinó en su silla, su mirada era dura mientras observaba por el gran ventanal la impresionante vista de la gran ciudad. No podía permitir que todo lo que había construido fuera a monos de personas desconocidas, no era egoísmo, él había levantado la empresa de su abuelo y la había llevado al siguiente nivel, convirtiéndola en la mejor de su rama, había días y noches de esfuerzo, la empresa era su vida.
Ahora tenía que decidir si le daba a su abuelo lo que buscaba, o si perdía todo lo que había construido en años.