Un delegado de policía consumido por la venganza. Un chef que carga con una condena que no le pertenece. El mismo enemigo. Un deseo que ninguno de los dos puede controlar.
Vinícius Cruz lleva años cazando al narcotraficante que destruyó a su familia. Frío, implacable y sin espacio para el amor, su vida se reduce a una obsesión: hacer justicia con sus propias manos. Hasta que una noche, en medio del caos de una discoteca, sus ojos se cruzan con los de un desconocido que le roba el aliento.
Saullo Dantas acaba de salir de prisión después de cumplir tres años por un crimen que no cometió. Carga con cicatrices que no puede mostrar, secretos que no puede contar y un plan de venganza que podría costarle la vida. Lo último que necesita es caer rendido ante un hombre que esconde su propia identidad.
Lo que empieza como una atracción imposible de ignorar se convierte en algo que ninguno de los dos sabe nombrar. Pero cuando las mentiras se derrumban y el pasado los alcanza, Vinícius y Saullo descubrirán que comparten mucho más que una cama: comparten al mismo demonio.
Entre traiciones, secretos policiales y un enemigo que acecha en las sombras, tendrán que decidir si el amor es suficiente razón para arriesgarlo todo... incluso la vida.
Una historia de pasión sin límites, segundas oportunidades y la certeza de que el corazón no entiende de reglas.
Para mayores de 18 años. Contenido adulto explícito.
NovelToon tiene autorización de Rita Maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo XV (Vinícius Cruz)
"Decisiones que necesitan tomarse y que traen felicidad"
Bien temprano necesitaba hacer algo que traía ganas de hacer. Me puse una ropa casual, nada llamativo: una bermuda holgada, una camisa blanca, la chamarra encima y unos lentes oscuros.
Todavía era muy temprano. Pasé a una panadería y compré panes, frutas, jugos, todo bien fresquito. Lo acomodé todo en una canasta bien bonita.
Desperté con esas ganas locas de desayunar con él, y eso es lo que iba a hacer.
Toqué el timbre varias veces. Seguro había trabajado hasta tarde. Cuando abrió la puerta, refunfuñando y pensando que era su hermana, al verme se llevó un susto.
— ¿Car*** qué está pasando? —refunfuñó, intentando cerrarme la puerta en la cara, pero yo fui más rápido.
Estaba en camiseta y bóxer. Mis ojos se fueron directo a ese cuerpo casi desnudo.
Me quedé parado en medio de la sala con la canasta en la mano, viendo su cara de sorpresa mientras se rascaba la cabeza sin entender nada.
No respondí. Fui directo a besarlo. Intentó huir de mí, pero lo sujeté con fuerza, jalándolo por el cuello y dándole un beso bien rico.
— ¡Car***, Vinícius, todavía no me lavo los dientes! —dijo él, logrando zafarse.
— ¡No me importa darte un beso! —protesté al verlo correr al baño que está junto a la cocina.
Mientras él hacía su higiene personal, me fui a la cocina a montar la mesa del desayuno para los dos.
Vi su expresión de sorpresa cuando vio todo arreglado.
— ¿Acaso te caíste de la cama, hombre? ¿No te acuerdas de que hoy es domingo? ¡Todo mundo se levanta tarde!
— ¡Por eso mismo! Voy a estar contigo ahora por la mañana.
Aunque estuviera de mal humor, no iba a hacerme cambiar de opinión. Yo estaba ahí para pasar la mañana con él, quisiera o no.
Lo vi intentando irse al cuarto; seguramente quería cambiarse de ropa, pero lo jalé del brazo de vuelta a la cocina.
— ¿Qué pasa, Vinícius?
— Ya te vi sin ninguna prenda de ropa, así que ponte cómodo.
— ¡De verdad estás loco! —se quejó, pero decidió quedarse con la misma ropa.
Aproveché para darle un beso en el cuello.
— ¡Compraste demasiada cosa! —refunfuñó, alejándome y jalando una silla para sentarse.
— ¿Ya te fijaste en nuestro tamaño?
Me miró y empezó a sonreír.
— Es verdad. No somos nada pequeños.
Me agaché sobre él y le sujeté el rostro con las dos manos. En ese momento abrió sus labios suaves en una leve sonrisa matinal que me dejaba encantado y lleno de deseo.
Cuando apretó los labios fue señal de que él también quería lo mismo que yo.
— ¿El desayuno lo tomo después? —esa voz ronca me dejó todo erizado.
No respondí. Solo empecé a besarlo con ganas y él correspondió de la misma forma. Se levantó sin soltarme, sujetándome por la cintura, y así salimos besándonos por el pequeño departamento hasta llegar al cuarto que yo ya conocía de memoria.
— ¡Car***, hombre, ya no aguanto!
Gimió él entre mis besos.
Caímos juntos a la cama, él sobre mí. En poco tiempo ya estábamos sin ninguna prenda de ropa. Me besaba, me chupaba, me arañaba, y poco a poco comenzó despacio y al mismo tiempo con fuerza. Era un torbellino de emociones: a veces yo estaba abajo, otras veces arriba. Estábamos en un desorden total.
— ¡Más fuerte! ¡Más fuerte! —gemía yo como loco en su oído.
— Vinícius... yo...
Sus palabras se quedaban incompletas.
— Acaba en tu hombre...
Nuestros labios estaban hinchados de tanto que nos besamos y mordimos. Tuvimos que parar algunas veces porque no podíamos respirar.
Es increíble cómo nuestros besos se complementan. Yo nunca fui de besar en la boca a mis amigos con derechos. Siempre lo consideré demasiado íntimo. Con él me siento pleno besándolo durante el sexo.
Acabamos juntos, cayendo cada uno para un lado con el corazón acelerado, esperando calmarnos.
— Ahora sí necesito comer algo —dijo, intentando levantarse de la cama.
— ¡Ya no es hora de desayuno, ya es hora de almuerzo! —dije mirando la hora. El reloj de al lado marcaba casi el mediodía. No nos dimos cuenta del tiempo en ese cuarto, en esa cama.
— ¡Caramba, Vinícius! Tengo que levantarme. Hoy tengo varios platillos que preparar en el restaurante.
Se levantó de la cama a toda prisa. Todavía intenté detenerlo, pero fue más rápido. Corrió al baño y enseguida escuché el agua cayendo y a él refunfuñando mientras se bañaba.
Me quedé acostado en la cama con los brazos debajo de la cabeza, mirando al techo. Me levanté sintiendo un poco de dolor en el cuerpo, pero yo jamás me quejo de los momentos de sexo. Ese cuarto era muy de él. No era ni un cuarto de hotel ni un motel de los que yo solía frecuentar, pero me gustaba el ambiente de ese lugar.
Mientras él se bañaba en el baño del cuarto, yo corrí a bañarme en el baño junto a la cocina. Cuando él salió, yo ya estaba vestido, esperándolo para desayunar juntos.
Aunque se quejaba de que iba retrasado, decidió sentarse a comer algo. Yo lo observaba comiendo. Viéndolo ahí, tengo que admitir que realmente es un tipo guapo. Y lo que más me impresiona es que tiene una excelente profesión pero no tiene carro importado ni vive en un departamento de lujo. Vive de manera muy sencilla. Tal vez eso fue lo que me hizo que me gustara. Saullo es totalmente diferente de todos con los que me he involucrado.
— ¿Qué tanto me ves? —preguntó desconfiado.
— Pues que eres guapísimo.
— ¡Si sigues hablando así, voy a terminar creyéndotelo!
— Puedes creerlo, bebé. Te estoy diciendo la verdad.
— Bebé no. Yo soy más grande que tú —refunfuñó, haciendo un puchero gracioso.
— Puedes ser más grande que yo, pero yo soy mayor que tú. No porque te deje c****** dejas de ser mi bebé.
— Tengo 30 años —respondió él rápidamente.
Realmente yo soy mayor que él.
— Yo tengo 35, bebé.
— ¡Caramba! ¿Ando agarrando a un viejo?
Le aventé un pedazo de pastel. Lo atrapó y se lo comió.
— ¡Tampoco es para tanto! Estoy en excelente forma.
Me pasé la mano por el pecho, haciéndolo morderse el labio inferior.
— Es verdad. Tengo que darte la razón, estás buenísimo.
Sonreímos juntos. Nos quedamos bromeando hasta que terminó de desayunar y me corrió del departamento. Aunque protestó, logré darle un aventón hasta la puerta del restaurante.
Para mi total sorpresa y alegría, recibí un beso caliente, como siempre.