Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 18
Mi respiración ya no me pertenecía.
Se rompía en mi garganta.
Irregular.
Temblorosa.
Cada vez que él me embestía, mi cuerpo reaccionaba antes que mi mente.
Sin permiso.
Sin control.
Mis dedos se aferraron al barandal con fuerza… pero no era suficiente.
Nunca era suficiente.
—Ra…msés… —mi voz salió rota, apenas un susurro jadeante—. Pa…ra…
Giré el rostro hacia atrás.
Intenté mirarlo.
Pero sostener su mirada era… demasiado.
—Para ya… —murmuré, jadeando— …ya está amaneciendo… debo volver…
La luz comenzaba a teñir el cielo.
Error haberle dicho eso.
Porque eso solo lo hizo más intenso.
Su agarre en mi cadera se volvió más firme.
Más dominante.
Como si cada reacción, cada sonido mío fuera algo que estuviera midiendo… provocando… disfrutando.
Un leve sonido grave escapó de él, apenas contenido.
Y eso—
eso me desarmó más que cualquier otra cosa.
Porque él no estaba perdiendo el control.
Lo estaba manejando.
Todo.
A mí incluida.
—Mírame —ordenó, en voz baja.
Mi cuerpo tembló.
Intenté obedecer.
De verdad lo intenté.
Pero apenas logré girar el rostro, mis ojos temblaron.
No podía sostener su mirada.
No con esa intensidad.
No con la forma en que me observaba.
Como si ya supiera exactamente lo que me estaba provocando.
Como si lo estuviera saboreando.
—N-no puedo… —murmuré, jadeando.
Su mano subió desde mi cadera, firme… segura… hasta sostener mi rostro.
Obligándome.
Sin brusquedad.
Pero sin opción.
—Sí puedes.
Mi corazón golpeaba tan fuerte que dolía.
Mis labios se entreabrieron.
Mi respiración se volvió más rápida.
Más débil.
—Así… —susurró él, observando cada reacción—.
Ese tono.
Ese control.
Me hizo estremecer por completo.
Mis piernas temblaron aún más.
Mi cuerpo cedía poco a poco, como si ya no pudiera sostenerse por sí solo.
Y aun así…
una parte de mí se aferraba a él.
Lo buscaba.
Mis manos dejaron el barandal por un segundo… y se aferraron a su ropa.
A su cabello.
Tiré suavemente, sin pensar.
Su reacción fue inmediata.
Un leve exhalar profundo.
Controlado.
Pero más pesado.
—No juegues con eso… —advirtió en voz baja.
Pero no me detuvo.
Eso fue peor.
Mucho peor.
Porque significaba que le gustaba.
Y saber eso…
me hizo perder aún más la poca cordura que me quedaba.
Un estremecimiento más fuerte recorrió todo mi cuerpo.
Mi espalda se tensó.
Mi respiración se quebró en un jadeo que no pude contener.
—Ah…~ —cerré los ojos con fuerza.
—Ramsés…~ —lo llamé otra vez, completamente perdida.
Silencio.
Solo por un segundo.
Y luego—
—Dilo bien.
Su voz, más baja.
Más profunda.
Más peligrosa.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi orgullo.
—P… papi… —susurré, sin aire.
Sentí cómo todo en él cambiaba.
No necesitaba verlo para saberlo.
Lo sentí.
En la forma en que me sostuvo.
En la forma en que se acercó más.
En cómo su control…
se volvió aún más absoluto.
—Así —murmuró, satisfecho.
Mi mente se deshizo.
Literalmente.
Ya no podía pensar con claridad.
Cada sensación se amplificaba.
Cada contacto.
Cada palabra.
Cada respiración.
Todo era demasiado.
Mis manos temblaban.
Mi cuerpo cedía.
Mi cabeza caía hacia atrás apenas, incapaz de sostener nada más.
—No… —intenté, pero mi voz ya no tenía fuerza real.
Y él lo sabía.
Eso era lo peor.
Que lo sabía.
Y no se detenía.
Y entonces—
lo sentí inclinarse más cerca.
Mucho más.
Su mano se mantuvo firme en mi cadera, sosteniéndome… como si supiera perfectamente que estaba a punto de ceder.
Su aliento rozó mi oído.
Caliente.
Peligroso.
Y su voz—
baja.
Grave.
Controlada.
—Mírate… —susurró— …ni siquiera puedes mantenerte en pie…
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
Mi respiración tembló.
—Y aun así… —continuó, rozando mi piel al hablar— …tu cuerpo sigue buscándome.
Mis labios se entreabrieron.
Quise responder.
No pude.
Mi mente ya no funcionaba.
—Ahora entiendes… —su voz se volvió más profunda, más posesiva— …por qué deberías pensar en mí.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces—
—Porque cuando lo haces… —su tono bajó aún más— …terminas aquí.
Mi corazón dio un último golpe fuerte.
—Conmigo.
Eso fue todo.
No necesitó decir más.
Un último estremecimiento recorrió todo mi cuerpo.
Más fuerte.
Más profundo.
Más imposible de ignorar.
Mi respiración se cortó.
Mi visión se nubló.
Y lo último que sentí…
fué como me llenaba...
Su agarre firme.
Sosteniéndome.
Controlándome.
Como si nunca hubiera existido la opción de escapar.
Y entonces…
mi visión se nubló por completo.
Todo se volvió negro.
.
.
.
Cuando abrí los ojos nuevamente…
lo primero que sentí fue el dolor.
Un dolor sordo.
Profundo.
Instalado en mis caderas como un recordatorio imposible de ignorar.
—Ah… —solté apenas, con el ceño fruncido.
Parpadeé varias veces, desorientada.
El techo de mi habitación.
Mi cama.
Mi habitación.
Mi… habitación.
Mi corazón dio un salto.
Me incorporé un poco de golpe… error.
—¡Ah—! —me quejé, llevándome una mano a la cadera.
Respiré hondo.
Lento.
Intentando ordenar mis pensamientos.
Y entonces…
miré hacia abajo.
A mi ropa.
Más específicamente…
a mi ropa interior.
Silencio.
Parpadeé.
Una vez.
Dos.
—…¿qué?
No era la misma.
Definitivamente no era la misma.
Era… nueva.
Más fina.
Más… provocativa.
—No… no, no, no— —murmuré, completamente roja—.
¿ME CAMBIÓ LA ROPA INTERIOR?
¡QUE VERGÜENZA!
Mi mente empezó a correr.
Demasiado rápido.
Miré a mi alrededor.
La habitación estaba en penumbra.
La chimenea encendida.
Las sombras danzaban suavemente contra las paredes.
Giré el rostro hacia la ventana.
Oscuro.
Completamente oscuro.
—…¿anocheció? —susurré, confundida.
Mi respiración se volvió más pesada.
—Pero… no… —negué lentamente—.
Antes…
Antes de perder el conocimiento…
estaba amaneciendo.
En la torre.
Contra el barandal.
Con él.
Silencio.
Mi estómago se tensó.
—…¿me trajo? —murmuré, apenas audible.
El recuerdo vino en fragmentos.
Su voz.
Su cercanía.
Su forma de mirarme.
Ese susurro—
Cerré los ojos con fuerza.
—No pienses en eso… —me dije rápidamente.
Demasiado tarde.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
—¡No! —me cubrí el rostro con las manos—. ¡No, no, no!
Respiré hondo.
Varias veces.
Forzándome a calmarme.
—Ok… —murmuré—. No pasó nada… todo está bien… estoy en mi cuarto… no me teletransporte…
Decidí no pensar más.
Intenté levantarme de la cama.
Mis piernas temblaron.
—…no.
Di un paso.
Y—
—¡AH! —terminé en el suelo.
Me quedé ahí unos segundos.
En silencio.
Procesando.
—…esto es muy vergonzoso —murmuré.
Suspiré.
Con esfuerzo, me apoyé en la cama y me levanté lentamente.
Cada movimiento dolía.
Mi cuerpo estaba entumecido.
Pesado.
Extraño.
—Genial… —murmuré con ironía—. Absolutamente genial.
Avancé paso a paso, despacio, hacia el armario.
Como si hubiera corrido una maratón… o sobrevivido a algo peor.
Mucho peor.
Abrí la puerta.
Tomé una bata.
Ropa interior.
Una toalla.
—Me daré un baño —dije en voz baja.
Hice una pausa.
Miré al vacío un segundo.
Y luego—
—…idiota —murmuré.
¡ME DEJÉ LLEVAR!
¿AHORA COMO VERÉ A LA CARA A MÍ PAPUCHO VILLANO?
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭