Mi última orden para mi marido mafioso fue que firmara los papeles del divorcio. Por fin dejé atrás mi obsesión por él, y ahora es libre para vivir con su verdadero amor… sin embargo, ahora es él quien me persigue.
Mi marido Gio no era más que un soldato, una herramienta para los trabajos sucios de la mafia de mi padre.
Pero yo estaba enamorada de él y lo perseguía durante años. Mi primera orden fue que firmara los papeles de nuestro matrimonio, y creía que lograría conquistarlo.
Pero en mi peor momento, el día de la muerte de mis padres, me abandonó para estar con la mujer que amaba. Esa fue la gota que colmó el vaso.
Le dejé los papeles del divorcio y me fui, decidida a criar sola al bebé que llevaba en mi vientre.
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Capítulo 18
Savanna
Por primera vez entendí lo que era tomar decisiones difíciles. Tenía pocos ahorros, un bebé esperándome en casa y un niño de la calle internado en el hospital, una internación que sabía que agotaría mis ahorros.
Siempre me preguntaba por qué la gente ignoraba a los niños de la calle, cerraba los ojos ante los absurdos que les sucedían. Ahora lo entendía, es más fácil cerrar los ojos que responsabilizarse por otra persona, es más fácil fingir que el problema no existe que tener otra boca que alimentar.
Pero yo no podía ignorar, yo debería, Victoria todavía tenía cuatro meses, me estaba esperando en casa, tal vez me estuviera extrañando, pero no podía abandonar a ese otro niño y fingir que podría no sobrevivir mucho tiempo en las calles.
Él se despertó y encontró mi mirada, preocupado.
—Tía… ¿dónde estoy?
Dijo, mirando alrededor, asustado y un poco confuso.
—Te lastimaste y estás en el hospital.
—¿Hospital? ¿Aquí es un hospital?
Apenas asentí en positivo.
—Debe ser muy caro. Vamos a huir antes de que alguien aparezca.
Dijo, intentando levantarse.
—Está bien, cálmate. Yo voy a pagar.
—¿Tú vas a pagar? ¿Eres rica?
Reí. Hasta un niño pequeño sabía cómo los precios de los hospitales de aquí eran abusivos.
—No soy rica, pero… es deshonesto no pagar por algo que usaste. Dime, ¿dónde están tus padres? Puedo llamarlos para que vengan aquí a quedarse contigo.
Él dejó caer el cuerpecito en la cama y miró hacia un lado.
—Yo no tengo padres… ellos murieron, mi tía dijo que fue deuda de juego.
—Ah… —sentí una opresión en el pecho. Como aquel niño yo sabía cómo era perder a los padres, asesinados. La diferencia es que él fue dejado pequeño e indefenso, mientras yo fui dejada ya adulta.
Aunque, con mis conocimientos sobre el mundo, me siento como este niño a veces, pequeña e indefensa.
—¿Y esa tu tía, dónde está?
—No la llames, por favor. Ella me golpea mucho. No quiero volver.
—Pero tú… tú necesitas a alguien. Cuando salgas de aquí, ¿para dónde vas?
—Ah, ¡puedes dejarme en la calle mismo! ¡Ya sé cómo defenderme!
Sentí mi pecho oprimir más una vez. Yo no era ese tipo de persona, no podía dejar a aquel niño en la calle, por eso, al día siguiente yo lo llevé conmigo para casa.
Así que llegué la vecina ya me esperaba en la puerta, con una escoba en la mano.
—¿Quién te crees que eres? ¡Lo combinado era quedarse con la niña solo por algunas horas y no toda la noche! ¿Sabes lo que mi hija pasó aguantando los olores de tu mocosa de madrugada? Puedes pagando el doble por las horas.
Yo sabía, ella quería más dinero. Ella ni se preocupaba por la hija, solo se preocupaba en explotarla para conseguir más dinero.
—El doble no tengo, pero puedo pagar por las horas.
—¡Vengan todos a ver! ¡Morosa! ¡Morosa! Dejó a la hija sola toda la noche y no quiere pagar el valor justo.
La vecina comenzó a gritar y varias personas salieron de sus casas y me cercaron.
Comencé a ser empujada, gritaban cosas horribles en mis oídos.
Nunca pasé por eso, ¿yo Savanna De Luca ser avisada de ser morosa? Eso era inconcebible.
Al final le di lo que yo tenía. No era el doble como yo dije, pero era todo lo que me había restado.
—No deberías haber dado nada, Tía. ¡Ella es muy malvada! —Enzo habló. Sí, el nombre de él era Enzo.
Me agaché y lo miré.
—Ella es malvada mismo, pero por lo visto para sobrevivir uno tiene que lidiar con los malvados. Pero no te preocupes, yo voy a recuperar todo el dinero.
—Pero tú no tienes mucho. Yo te voy a ayudar, ¿tá? Yo consigo engañar a unos bobos por ahí.
Sonreí, asintiendo en negativo.
—Eres bien listo, ¿eh? Pero no necesitas más hacer esas cosas. Ahora tú tienes madre. Yo voy a ser tu madre a partir de ahora.
Él abrió los ojos, impresionado. Sus ojos quedaron inmediatamente rojos y llorosos. Al mismo tiempo que él lloraba, él sonreía.
Yo no sabía cómo yo iba a cuidar de dos niños sin tener ni un centavo en el bolsillo, pero yo iba a conseguir sobrevivir de alguna forma por aquellos niños.
—¡Madre! —Enzo abrazó mis piernas, emocionado, después me soltó y apuntó a la cama — ¿Aquella es mi hermana menor?
Asentí en positivo y él corrió hasta Victoria. La bebé levantó los bracitos y comenzó a batir los piececitos, animada por tener un hermanito.
Ellos quedaron jugando, Enzo haciendo muecas para hacer Victoria sonreír y ella dando varias carcajadas.
Yo me emocioné. Yo estaba sin ningún dinero en el bolsillo, pero mi corazón estaba lleno de una emoción que yo estaba acabando de conocer.
Llamé para Pietra inmediatamente.
—Pietra, ¿el jefe está con rabia de mí por las peleas? ¿Será que yo puedo volver?
—Imposible que vuelvas, Savanna. El bar se incendió.
—¿Cómo?
—Fue un poco después de cerrar. Yo me quedé aquí para hacer la limpieza, cerré todo y estaba todo bien. Pero por la mañana me llamaron diciendo que no sobró nada.
Sentí mi pecho hundirse, aquel bar era el único lugar que conseguí empleo.
—¿Conoces otro lugar que esté contratando?
—Ah, bien… yo y las otras chicas vamos a intentar en el bar de la calle C. Pero allá no hay vacantes para camarera, allá solo hay vacantes para que salgas con los clientes. ¿Por qué no intentas, eh? La calle C es el único lugar donde personas ricas de otros lugares vienen para divertirse. Da para ganar un buen dinero, pero ellos son bien rigurosos. Yo y las chicas tal vez no seamos seleccionadas, pero tú, con certeza serás.
Asentí en negativo instintivamente. Tenía que haber alguna solución además de trabajar vendiendo mi cuerpo. Eso mi orgullo no me dejaba hacer.
—Buena suerte, Pietra. Pero yo no quiero trabajar con eso.
—Está bien… yo solo intenté ayudar. Pero en fin, yo también espero que tengas buena suerte en todo. Ah, Savanna, me acordé ahora, aquel tu amigo guapito volvió aquí para buscarte.
—No quiero saber de él.
—Ah… ok. Solo quería contarte.
—Está bien, Pietra, voy a tener que colgar.
Yo no podía más conversar. Yo tenía prisa. Tenía dos niños bajo mi responsabilidad, una era un bebé y la otra estaba herida.
La única cosa que yo tenía, era mi talento para pintar.
Me sobraron pocas tintas y una tela en blanco. Yo estropeé mucha cosa intentando encontrar inspiración en otra cosa que no fuese Gio y ahora yo solo tenía una chance para hacer algo único nuevamente.
Quedé un buen tiempo mirando para la tela en blanco, hasta que oí las carcajadas de Victoria. Ella y Enzo jugando era la cosa más linda que ya vi en la vida.
Cuando percibí, estaba pintando, a los dos, mis hijos. Mi mano se movía más rápido que mis pensamientos, yo escogía los colores instintivamente, sin pensar en lo que combinaría más con aquel cuadro.
La imagen de los dos niños sonriendo encima de una cama en un cuarto con paredes donde las pinturas estaban descascando, se formó en poco tiempo.
No era una imagen tan bonita, pero era real, tenía sentimiento, tenía cosas profundas, además de la tinta.
Después yo pinté mi marca registrada en los bordes de abajo de la pintura, lirios, no rosas rojas.
Lirios eran las flores que yo realmente gustaba antes de conocer Gio. Pero después que lo conocí pensé que él me hallaría aburrida si yo dijera que amaba lirios y por eso cambié mi gusto por rosas rojas. Hasta mis pinturas cambiaron para rosas rojas después de él.
Pero ahora, era hora de que yo recuperara la Savanna que yo era de verdad, aquella que amaba lirios, que no se preocupaba tanto con maquillaje o parecer muy bonita en frente de los otros. Ahora yo solo quería ser feliz por mí y por mis hijos.