Carla, una noche luego de escapar de las garras de su acosador jefe se encuentra con un vagabundo en la calle, este le suplica algo de comer y en su corazón algo se mueve. Un gesto de bondad desatara una pasión desmedida sin saber que el hombre que ella conoció esa noche en realidad no es otro que el jefe más temido de la mafia y que él ya tiene una mujer esperandolo. El sueño de la felicidad y de una familia tiembla al despertar los recuerdos de él ¿Todo fue una ilusión? No puede ser verdad, mis hijos son la prueba de que nuestro amor existió. De mendigo a jefe de la mafia. ¿Podra el amor ganarle al deber y la venganza?
NovelToon tiene autorización de yanina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Nuestros hijos.
POV CARLA
Los días se convirtieron en meses interminables, y el recuerdo de Ian parecía desvanecerse junto a las noches que nunca parecían llegar a su fin.
- Carla, ¿no vas a desayunar?
- Hoy no tengo ni ganas de comer… pero te agradezco de todo corazón que estés aquí, Paty. La verdad es que no sé qué haría sin ti.
Tomo sus manos entre las mías, sintiendo su calor como un faro en medio de la oscuridad, agradecida por su apoyo incondicional que nunca ha fallado.
- ¿Todavía no hay ni una sola pista de su paradero? _ Pregunta con ansiedad, y veo cómo su ceño se frunce con la misma angustia que me consume a mí.
- Sabes qué… Ian no tenía nada a su nombre. Sus cheques de trabajo estaban a mi nombre, al igual que el auto que con tanto esfuerzo se compró. Su pequeña caja de ahorros… incluso Luis me dijo que estaba buscando una casita para nosotros. Todo era solo mío. Como si de antemano supiera que un día me dejaría.
Suspiro hondo, aguantando las lágrimas que amenazan con desbordarse al evocar tantos momentos llenos de felicidad a su lado, risas en la cocina, paseos bajo la lluvia, sus manos acariciando mi pelo mientras hablábamos de nuestro futuro.
- A veces me aterra pensar que todo fue solo un sueño. Incluso me lo he imaginado mil veces como un fantasma, una ilusión que mi cabeza inventó para aplacar mi soledad. Pero cuando siento a mis bebés moverse aquí dentro…
Acaricio mi vientre abultado con ternura.
- …esto es real. Es la prueba de que Ian existió, de que éramos felices los dos.
No puedo contener las lágrimas de desesperación que se deslizan por mis mejillas. Mi corazón está confundido, roto. Jamás entenderé por qué la vida me jugó esta mala pasada, me permitió encontrar al hombre más maravilloso del mundo, lo puso en mi camino con tanta ternura… y luego me lo quitó como si nada, como si nunca hubiéramos existido.
- Un año es demasiado poco tiempo cuando se ama con tanta intensidad. El amor real no debería de tener fecha límite. _ digo en un susurro doloroso.
- No llores, Carla… por favor, no lo hagas, porque yo también me voy a poner a llorar. Piensa en los bebés, cariño, ellos sufren si tú lo haces.
Me aferro con fuerza a mi barriga, sintiendo cada movimiento de mis pequeños, como si intentaran calmar mi dolor. Como si dijeran "Aquí estamos mamá, todavía nos tienes a nosotros".
- Es gracioso, sabes, Ian se aseguró de no dejarme sola con uno… sino con tres pequeños milagros.
- ¡Cómo voy a olvidarlo! Yo estaba a punto de desmayarme cuando en la pantalla del ultrasonido vimos esos tres frijolitos moviéndose como locos.
- ¿Y yo qué? Estaba muerta de miedo. Pero sabía que lo lograría… o al menos que pelearía con todas mis fuerzas por hacerlo.
La incertidumbre me ataca con fuerza, ser madre soltera ya es difícil de por sí, pero con tres bebés a la vez… no me atrevo a imaginar cómo será. Y aún así, soy la mujer más feliz del mundo. Espero con ansias a mis hijos… a nuestros hijos.
- Sabes que yo no te dejaré sola, hermana. Aunque no tenga trabajo, seré una tía más que responsable, cuidaré de ellos para que puedas trabajar, y una vez termine la escuela te ayudaré en todo lo que necesites.
La abrazo con todas mis fuerzas, sintiendo cómo la emoción se apodera de mi pecho. Esta niña tonta incluso estuvo a punto de dejar sus estudios para cuidarme… sin dudas, es la mejor hermana que alguien podría desear.
- Estaremos bien. La jefa no tiene problemas con que siga trabajando así, y bueno… luego hablaremos de cómo seguiré adelante. Ella es una buena mujer, realmente se preocupa por sus empleados.
- Todo estará bien, Carla. No pierdas la esperanza la vida no puede ensañarse contigo de esta forma. Ya te quitó a tu esposo, te dio una responsabilidad enorme… Dios es justo, estoy segura de que no te dejará pasar necesidades ni a ti ni a los bebés.
- ¿Quién eres tú y dónde está mi hermana fiestera que solo pensaba en salir y divertirse? Mamá sin dudas caería redonda si supiera que ahora tiene dos hijas responsables.
Bromeo con una risa débil, tratando de encontrar un rayo de luz en estos pequeños momentos de ternura.
- La verdad es que ni yo misma me reconozco. Supongo que llegó mi hora de ser la hermana seria, la que ayuda en vez de recibir ayuda.
Paty se arrodilla frente a mí y coloca sus manos sobre mi vientre con ternura. Siento cómo mis bebés parecen responder a su tacto.
- Ya los amo con todo mi corazón, mis pequeños sobrinos. Estoy ansiosa por tenerlos entre mis brazos, jugar con ustedes, cantarles, llevarlos a salir… ¡y claro, poner de los pelos a su madre! Ja, ja, ja. Su tía estará para ustedes, se los prometo.
En algo Paty tenía razón, yo lo lograría. De ninguna manera pensaba rendirme con Ian. Una vez que diera a luz, volvería a buscarlo con todas mis fuerzas hasta el día en que recupere a mi amado esposo.
Lo que tanto temía sucedió una semana después. El llamado de mi jefa me provocó un escalofrío que recorrió mi cuerpo de pies a cabeza.
- ¿Me ha mandado a llamar, señora?
Digo apenas en un susurro, sintiendo cómo se me corta la respiración.
- Así es, Carla. Siéntate, por favor, necesitamos hablar de algo importante.
Ya me lo temía. En mi estado avanzado de embarazo, será muy difícil mantener mi trabajo. Pero si lo pierdo… ¿qué será de mis bebés? ¿Cómo les daré de comer, cómo pagaré el alquiler?
- Primero que nada, quita esa cara preocupada, cariño, no te llamo para despedirte.
Suspiro profundo de alivio, sintiendo cómo mi alma vuelve a mi cuerpo. Mis piernas tiemblan tanto que apenas puedo mantener el equilibrio.
- ¡Ay, señora! Me ha devuelto la vida.
- Ya me lo imaginaba, ja, ja, ja. La verdad es que yo pasé por lo mismo cuando tuve a mis hijos, pensé que lo más sensato era dejar que “mi esposo” se hiciera cargo de la empresa, porque no quería ser una madre ausente para ellos. Y mira cómo me pagó ese perro desgraciado… escapo con otra y se llevó casi todo.
En sus ojos noto un gran pesar, y no me atrevo a imaginar lo que significa tener a alguien tan despreciable como pareja.
- Es por eso que te tengo esta propuesta, eres una excelente columnista, Carla, y no quiero perderte en la empresa. Así que luego de tu baja por maternidad, quiero que trabajes desde casa. Tendrás que venir una vez al mes para reportarte y coordinar los temas… pero todo lo demás lo podrás hacer desde tu hogar, mientras cuidas de tus bebés.
No puedo evitar levantarme y abrazarla con todas mis fuerzas, mientras las lágrimas de agradecimiento inundan mis ojos.
- Muchísimas gracias, señora… no tiene idea de lo que significa esto para mí.
- Lo sé, cariño. Así que no te preocupes más y sigue trabajando duro. Serás una gran mamá, lo veo en tus ojos.
Esa noche, me quedé en la terraza mirando el cielo estrellado, sintiendo la brisa fresca en mi rostro.
- ¿Lo ves, amor? La suerte aún nos sonríe. Lo único que espero es que estés bien, a salvo, con salud. No te preocupes por mí… solo espera el día en que por fin nos volvamos a ver. Yo cuidaré de nuestros hijos con toda mi alma, y ellos sabrán que tienen un padre que los ama con todo su corazón.
Susurro hacia la inmensidad del firmamento, imaginando que alguna estrella llevará mi mensaje hasta donde él esté.