NovelToon NovelToon
Dulce Venganza

Dulce Venganza

Status: En proceso
Genre:Venganza de la protagonista / Traiciones y engaños / Dejar escapar al amor / Completas
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: ISA Miranda

Miranda y Laura han sido inseparables desde la infancia. Sin embargo, su amistad se ve puesta a prueba cuando Laura se enamora del novio de Miranda, David, y queda embarazada. La traición de Laura hiere profundamente a Miranda, quien decide llevar a cabo una venganza bien planificada, que culminará en una inesperada revelación

NovelToon tiene autorización de ISA Miranda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Paredes de Cristal

‎Miranda

‎‎Mi consultorio no se parecía en nada a la frialdad de la casa presidencial. Estaba ubicado en un edificio discreto de Chacao, decorado con tonos arena, maderas claras y una iluminación cálida que invitaba a soltar las cargas en la puerta. No había guardias, no había cámaras, y el único sonido era el suave murmullo de una fuente de agua en la esquina.

‎‎Había preparado el ambiente con cuidado: un té de jazmín humeante sobre la mesa ratona y dos sillones de lino que se enfrentaban sin la barrera de un escritorio. Quería que Lucero se sintiera una persona, no un expediente.

‎‎Cuando la puerta se abrió, Lucero entró con los hombros encogidos. Vestía unos jeans desgastados y un suéter gris tres tallas más grande, ocultando su cuerpo como si fuera un secreto vergonzoso.

‎‎—Bienvenida a mi espacio, Lucero —dije con una sonrisa suave, señalando el asiento—. Aquí, el mundo exterior no tiene jurisdicción. Lo que digas, pienses o sientas, se queda entre estas cuatro paredes.

‎‎Lucero se sentó en el borde del sillón, tensa. Sus manos jugueteaban con el borde de sus mangas, estirándolas hasta cubrirse los nudillos.

‎‎—Es extraño —susurró, mirando la fuente—. En mi casa, siento que hasta las paredes me juzgan. Aquí... hay demasiado silencio.

‎‎—El silencio no es vacío, Lucero. Es espacio para ti —respondí, cruzando las piernas con elegancia—. La última vez mencionaste algo que te quebró.

‎ Hablaste de él. No tenemos que ir directo al suceso si no estás lista, pero me gustaría que me explicaras cómo te sientes hoy, en este momento.

‎‎La joven levantó la mirada. Sus ojos cafés estaban inyectados en sangre, señal de una noche sin sueño.

‎‎—Me siento sucia, doctora. Como si tuviera una marca en la frente que todos pueden ver. Cuando camino por Fuerte Tiuna y los soldados me saludan, me pregunto si ellos saben... si se dan cuenta de que ya no soy la "princesa" que ellos creen.

‎‎—Esa "suciedad" que sientes no es tuya —le dije, bajando el tono de voz para darle peso a mis palabras—. Es el rastro que dejó alguien que no supo respetar tu humanidad. Tú eres el lienzo, Lucero; él fue la mancha. Pero el lienzo sigue ahí esperando ser limpiado.

‎‎Lucero soltó un sollozo ahogado. El té permanecía intacto, enfriándose.

‎‎—Fue alguien en quien yo confiaba... Alguien que se suponía debía cuidarme mientras mi abuelo estaba en reuniones. Me decía que era un secreto nuestro, que si alguien se enteraba, la carrera de mi abuelo se destruiría por mi culpa. Me hizo creer que yo era la responsable de mantener el orden en el país a cambio de mi silencio.

‎‎—Esa es la táctica clásica del depredador: el aislamiento y la culpa —expliqué, sintiendo una punzada de rabia profesional que logré enmascarar con empatía—. Usó tu amor por tu familia como un arma contra ti. Pero quiero que entiendas algo fundamental: la responsabilidad de un acto de violencia recae únicamente en el agresor. Ni tu silencio, ni tu ropa, ni tu confianza le daban derecho a cruzar esa línea.

‎Lucero se encogió sobre sí misma, abrazando sus rodillas.

‎‎—Tengo miedo de que, si sano, pierda la única cosa que me conecta con la realidad. Ahora mismo, el dolor es lo único que siento real. Si dejo de sufrir... ¿quién soy yo?

‎‎—Eres Lucero. Una mujer joven con una vida por delante que no estará definida por una noche trágica, sino por cómo decidió levantarse. Hoy has dado el paso más difícil: ponerle nombre al monstruo.

‎‎Me incliné hacia adelante, acortando la distancia física para ofrecerle seguridad.

‎‎—Vamos a trabajar con algo llamado "reconstrucción de la autonomía". Tú vas a decidir qué días vienes, de qué hablamos y cuándo paramos. Aquí, tú tienes el control que él te robó. ¿Te parece bien si empezamos por ejercicios de respiración para cuando sientas que el pánico te ahoga?

‎‎Lucero asintió, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Por primera vez en la sesión, sus hombros descendieron unos milímetros. La tensión empezaba a ceder ante la validación.

‎‎—Gracias, Miranda —dijo, usando mi nombre por primera vez—. Nadie me había dicho que no era mi culpa sin mirarme con lástima después.

‎‎—No te tengo lástima, Lucero. Te tengo admiración. Estás aquí, y eso ya es una victoria.

‎‎Al terminar la sesión, el sol de la tarde empezaba a descender sobre Caracas, tiñendo el Ávila de tonos naranjas y violetas. Recogí a Marian de la guardería del edificio, donde me esperaba con un dibujo lleno de garabatos de colores.

‎‎—¡Mami! ¡Hice un castillo para el superhéroe príncipe! —gritó, corriendo hacia mis brazos.

‎‎El contraste era casi violento: la oscuridad de los traumas de Lucero frente a la luz cegadora de la infancia de mi hija. Necesitaba equilibrar mi propia balanza emocional.

‎‎—¿Sabes qué, princesa? —le dije, besando su frente—. Hoy nos merecemos un premio. ¿Qué te parece si vamos por un helado gigante y luego caminamos por el parque?

‎‎—¡Sí! ¡Con chispas de colores!

‎‎Caminamos por la plaza, de la mano, mientras Marian saltaba sobre las baldosas evitando las líneas. Mientras la veía reír, pensé en el cuaderno de Cristian y en las palabras de Lucero. Mi vida era un delicado acto de equilibrio entre el dolor ajeno y mi propia búsqueda de felicidad. Pero mientras tuviera la mano pequeña de Marian entre las mías, sentía que podía enfrentar cualquier tormenta, ya fuera en los pasillos del poder o en los rincones más oscuros del alma humana.

‎‎El aire en Caracas se sentía inusualmente denso esa tarde después de que me despedí de Cristian, el cual se iba por negocios a Mérida nuevamente, esas noche el departamento se sentía inusualmente vacío y por primera vez desde que llegué al país decidí que esa noche mi pequeña dormiría en mi habitación. Apenas habían pasado cuarenta y ocho horas desde mi sesión con Lucero la cual yo consideraba un éxito, quería que los días pasaran rápido para verla de nuevo y seguir ayudándole lo más que mi carrera lo permitirá,salí de mi habitación con una sensación extraña en el pecho , estaba a unos pasos de la cosina cuando el teléfono encriptado que me entregó la Casa Militar comenzó a vibrar con una insistencia aterradora. Eran las tres de la mañana.

‎‎—Doctora Rinaldi, la necesitamos en la residencia de Fuerte Tiuna. Ahora. Es una emergencia con la señorita Lucero —la voz del coronel al otro lado de la línea no admitía réplicas. Era seca, pero cargada de una urgencia que me heló la sangre.

‎‎Tuve que dejar a Marian dormida bajo la vigilancia de mi hombre de confianza, sintiendo una punzada de culpa en el pecho, y conducir a través de una ciudad desierta y oscura hacia las fauces de la ciudadela militar.

‎‎Al llegar, la atmósfera de Fuerte Tiuna había cambiado radicalmente. Ya no era el lugar de "superhéroes" que Marian imaginaba. Las luces de emergencia de las patrullas militares giraban frenéticamente, proyectando sombras alargadas sobre las paredes blancas de la casa presidencial. Soldados con equipo táctico acordonaban el área y el silencio de la noche era roto por el sonido de radios y órdenes susurradas.

‎‎Entré casi corriendo. En el vestíbulo, el Presidente —un hombre que usualmente proyectaba una imagen de hierro— estaba sentado en un escalón, con la cabeza entre las manos. Su hijo, el padre de Lucero, discutía a gritos con un médico militar frente a la puerta cerrada de la biblioteca.

‎‎—¡Doctora, por fin! —el médico se acercó rápidamente—. Se ha encerrado. Rompió una de las vitrinas de cristal. Creemos que tiene un fragmento y no deja que nadie se acerque. Dice que si alguien intenta derribar la puerta, terminará lo que empezó.

‎‎Me acerqué a la puerta de madera maciza. El corazón me golpeaba las costillas como un animal enjaulado, no quería creer que todo lo que habíamos avanzando se hubiera perdido tan pronto.

‎‎—Lucero, soy Miranda —dije, tratando de que mi voz fuera el único hilo de calma en medio de esa tormenta—. Estoy sola. No voy a dejar que nadie más entre. Necesito saber que estás ahí.

‎‎Un silencio sepulcral siguió a mis palabras. Luego, un sollozo ahogado.

‎‎—Dígales que se vayan... Todos me miran como si fuera un problema que hay que limpiar —la voz de Lucero sonaba rota, despojada de toda esperanza.

‎‎Logré que el personal militar se retirara al final del pasillo. Solo después de varios minutos de hablarle en voz baja, recordándole nuestro "espacio seguro" del consultorio, escuché el clic de la cerradura.

‎‎La escena dentro de la biblioteca era desgarradora. Lucero estaba sentada en el suelo, rodeada de libros desparramados y fragmentos de cristal que brillaban como diamantes crueles bajo la luz de la luna. Tenía un trozo de vidrio en la mano derecha, apretándolo con tal fuerza que un hilo de sangre corría por su antepasado.

‎‎—No te acerques, Miranda —advirtió, pero no había rabia en sus ojos, solo un cansancio infinito.

‎‎—No voy a hacerlo hasta que tú me lo pidas —me senté en el suelo, a unos metros de ella, ignorando que mi vestido de diseñador se manchaba de polvo y escombros—. ¿Qué pasó, Lucero? Estábamos avanzando.

‎‎—Él... él llamó a la casa —confesó ella, temblando—. Llamó para "saludar" a mi abuelo. Lo escuché por el altavoz. Se reía. Se reía como si no hubiera pasado nada, como si no me hubiera destruido por dentro. Y mi abuelo le agradeció por su lealtad. ¡Le agradeció!

‎‎Sentí una náusea violenta, y unas ganas de acabar con la vida de ese hombre personalmente. La impunidad era el veneno que estaba matando a mi paciente.

‎‎—Él tiene el poder, pero tú tienes la verdad, Lucero. Y la verdad es una llama que no se puede apagar por mucho que ellos lo intenten —me deslicé un poco más cerca—. Dame el cristal. No dejes que él te arrebate también tu integridad física. Ya te quitó demasiado. No le entregues esto también.

‎‎Lucero miró el vidrio y luego mi rostro. La lucha interna era evidente en sus facciones contraídas. Finalmente, su mano se abrió y el fragmento cayó sobre la alfombra con un sonido sordo. Me abalancé hacia ella y la estreché en un abrazo protector mientras ella se desmoronaba en llanto sobre mi hombro.

‎‎Pasaron horas hasta que logramos estabilizarla. El médico entró para curar su mano mientras yo permanecía a su lado, sin soltarla. Cuando finalmente se quedó dormida por el sedante, salí al pasillo. El Presidente me esperaba, de pie ahora, recuperando su máscara de mando.

‎‎—¿Cómo está ella? —preguntó con voz grave.

‎‎—Está viva, que es más de lo que su negligencia merece —respondí con una audacia que me sorprendió a mí misma. El cansancio había borrado mi filtro—. Señor Presidente, el agresor de su nieta está dentro de su círculo de confianza. Si usted valora más su carrera política que la vida de Lucero, entonces no me necesita a mí, necesita a un enterrador.

‎‎Él se tensó, pero no dijo nada. El silencio entre nosotros era una declaración de guerra.

‎‎Salí de Fuerte Tiuna cuando los primeros rayos del sol teñían el cielo de un naranja sangriento. Llegué a mi apartamento exhausta, con el alma molida. Al entrar, vi a Cristian sentado en el sofá de la sala. Había regresado de Mérida antes de lo esperado. Al verme en ese estado —despeinada, con manchas de sangre en la manga y los ojos hinchados—, se puso en pie de un salto.

‎‎—¡Miranda! Por Dios, ¿qué pasó? —se acercó a mí, sus manos dudando antes de tocar mis hombros.

‎‎No pude más. El peso de la noche, el cuaderno de notas que había leído, el dolor de Lucero y la soledad de mi propia vida se estrellaron contra mí. Me hundí en su pecho y dejé que me sostuviera.

‎‎—Solo... no me sueltes —susurré contra su camisa.

‎‎Él me rodeó con sus brazos con una fuerza que me hizo sentir, por primera vez en mucho tiempo, que no tenía que ser la psicóloga fuerte de todo el mundo. Que yo también podía ser rescatada.

1
Delyiris Rogeris Perez Mecia
gracias por la historia, fue un viaje interesante
Delyiris Rogeris Perez Mecia
es una novela increíble, llena de giros inesperados que enganchan desde el primer momento
Martha Ordoñez
bien. bien por lo que leí interesante gracias bendiciones
Martha Ordoñez
muchas gracias bonita novela bendiciones
Martha Ordoñez
gracias mi querida autora por escribir una bonita historia bendiciones
ISA Miranda: para mí fue un placer escribir está historia
total 1 replies
Martha Ordoñez
bonitos capítulo gracias
Martha Ordoñez
bonitos capitulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
bendiciones escritora y gracias por estos intensos capitulos
Martha Ordoñez
gracias gracias escritora por subir más capitulos bendiciones
Carlos Robledo
muy buena historia solo que me dejas en suspenso saludos desde León,GTO México
ISA Miranda: el suspenso es bueno 🙃🙃 pero tranui que hoy actualizo
total 1 replies
Martha Ordoñez
muy interesantes los capítulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
gracias gracias por subir más capitulos bendiciones escritora
Martha Ordoñez
bien bien por los capítulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
que bonito capitulo gracias
Martha Ordoñez
más capitulos porfi bendiciones escritora
ISA Miranda: tranquis que hoy nos toca caps
total 1 replies
Carlos Robledo
que romántico
ISA Miranda: sí, se puede decir que es la calma antes de la tormenta 🤫🤫
total 2 replies
Carlos Robledo
muy buenos capitulos ya los extrañaba
ISA Miranda: yo también los extrañaba 🥺
total 1 replies
Martha Ordoñez
muy bonitos los capítulos bendiciones escritora gracias más capitulos porfi
ISA Miranda: veré si mañana actualizo, debido a que la historia está llegando a su fin y quiero que el capitulo siguiente sea muy productivo
total 1 replies
Carlos Robledo
muy buena la historia me tiene atrapada y súper emocionada
Carlos Robledo
muy buena l historia me tiene atrapada hace que mi imaginación vaya recreando cada palabra, ya que me encanta leer
ISA Miranda: gracias, está historia se a vuelto muy importante para mí
total 2 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play