NovelToon NovelToon
El Silencio de una Vida

El Silencio de una Vida

Status: Terminada
Genre:Aventura de una noche / Mafia / Madre soltera / Embarazada fugitiva / Reencuentro / Completas
Popularitas:242
Nilai: 5
nombre de autor: Rosi araujo

Piero Montgomery no es un hombre de errores. Como el mafioso más implacable de Estados Unidos, vive rodeado de muros y armas. Pero, en una noche de sombras en un club exclusivo, una barrera fue rota.

Penélope Forbes no era más que una joven común, confundida con el pecado y lanzada a los brazos del peligro. Entregó su virginidad al hombre que todos temen, creyendo que el amanecer traería el olvido.

Estaba equivocada.

Una sola noche dejó una marca eterna: un embarazo que Penélope intentó ocultar en las sombras del silencio. Pero los secretos tienen vida propia. Ahora, ella está frente al monstruo, a punto de confesar la verdad.

NovelToon tiene autorización de Rosi araujo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

La música de afuera era un latido cardíaco constante y amortiguado, pero aquí dentro, en el entresuelo, el aire parecía tener una electricidad propia.

Sentía el peso de la mirada de aquel hombre en cada centímetro de mi piel, como si me estuviera desnudando de todas mis defensas solo con la fuerza de aquellos ojos de hielo.

Chloe— Él es prohibido, Penélope

Chloe había susurrado, sus labios rozando mi oído mientras ella se perdía en el ritmo de la música.

Chloe— Hombres como Piero Montgomery no aman. Ellos poseen. Y después, ellos destruyen.

Pero la advertencia de ella, en vez de alejarme, actuó como un imán. El alcohol ya había comenzado a nublar mi buen juicio, transformando el miedo en una curiosidad peligrosa y latente. Yo necesitaba salir de cerca de aquel magnetismo antes de que hiciera algo estúpido.

Penélope— Voy al baño

avisé a Chloe, que apenas asintió, ya distraída por un grupo de modelos que se aproximaba a nuestra mesa.

Caminé por el corredor lateral del área VIP, donde la iluminación era suave y la alfombra roja amortiguaba el sonido de mis tacones.

El corredor parecía un laberinto de lujo y secretos. A mitad de camino, vi a la mujer del vestido rojo, saliendo de una puerta de madera maciza.

Ella tenía el rostro sonrojado y los labios borrados, ajustando la seda sobre el cuerpo con una sonrisa de satisfacción que me hizo sentir un apretón extraño en el pecho.

Entré en el baño, cerré la puerta y respiré hondo. Me miré en el espejo. ¿Quién era aquella chica de vestido dorado?

¿Dónde estaba la Penélope que planeaba pasar el verano leyendo a Goethe y organizando archivos? Estaba sudando, el corazón latiendo en la garganta. Lavé el rostro con agua fría, intentando recuperar la cordura.

"Vete ahora"

mi instinto gritó.

"Toma un taxi y vuelve al loft."

Pero cuando salí del baño, el destino ya había montado la trampa. Dos guardaespaldas inmensos, hombres de ébano con trajes perfectamente cortados, estaban parados en el corredor.

Ellos no me preguntaron nada; apenas se posicionaron a mis lados, como una escolta silenciosa.

seguridad— Por aquí, señorita

uno de ellos dijo, su voz tan profunda que vibró en el aire.

Penélope— Pero... yo estaba volviendo con mi amiga

intenté decir, pero mis piernas parecían tener voluntad propia. Ellos me guiaron no a la pista de baile, sino a la misma puerta de donde la mujer de rojo acababa de salir.

La abrieron e hicieron un gesto para que yo entrara. La oficina estaba en penumbra, iluminada solo por las luces de la ciudad que entraban por la inmensa pared de vidrio y por una lámpara de luz cálida sobre una mesa de roble.

Allí estaba él. Sentado detrás de la mesa, la luz de la luna dibujando los contornos de su rostro de ángel caído.

Piero— Preparen el coche

la voz de él resonó por la sala. Era gruesa, ronca, con un timbre de autoridad que me hizo estremecer hasta el alma.

Piero— Y pueden irse. No quiero ser interrumpido.

Los guardaespaldas asintieron y salieron, cerrando la puerta detrás de mí. Oí el clic de la cerradura. El sonido fue como un disparo en el silencio de la sala.

Yo estaba encerrada con el hombre de los ojos de hielo. Piero se levantó lentamente. Él era mucho más grande de lo que parecía sentado.

A cada paso que daba en mi dirección, yo sentía que el espacio a mi alrededor disminuía.

Piero— Vi que me miró toda la noche, señorita

él dijo, parando a pocos centímetros de mí. Él era una pared de músculos y poder.

Piero — Usted no es de aquí. Esa su mirada de asombro no pertenece a Nueva York. ¿De dónde es usted?

Él me acorraló contra la puerta de madera maciza. El calor que emanaba del cuerpo de él era opresor.

El olor de whisky caro, tabaco y un perfume amaderado y masculino me entorpeció. Sentí mi rostro arder y las palabras huyeron de mi mente como pájaros asustados.

Penélope— Alemania...

fue todo lo que conseguí susurrar. Mi voz salió fallida, casi inaudible.

Piero— Alemania

él repitió, la voz descendiendo una octava, tornándose más peligrosa.

Piero— Una extranjera perdida en mi nido de cobras. ¿Usted sabe lo que sucede con quien entra aquí sin ser invitada, muñeca?

El hecho de que él no supiera mi nombre me dio un choque de realidad, pero antes de que yo pudiera preguntar alguna cosa, su mano grande y caliente apretó mi cintura.

El toque fue posesivo, firme, reivindicando un territorio que yo nunca supe que estaba a la venta.

Sus ojos azules recorrieron mis labios y, en aquel momento, el mundo de afuera dejó de existir. Él inclinó el rostro y su boca tomó la mía.

Yo ya había sido besada antes, besos rápidos de novios de facultad, besos que olían a chicle y timidez. ¿Pero eso? Eso era una invasión.

El beso de Piero Montgomery comenzó como un incendio forestal. Sus labios eran firmes y exigentes, una colisión de deseo bruto y autoridad.

Cuando su lengua pidió paso, yo cedí sin pensar, sintiendo el sabor amargo del whisky y el calor de su boca.

Era un beso profundo, exploratorio, que parecía querer robar el aire de mis pulmones.

Sentí sus manos subiren por mis espaldas, las palmas calientes contra el tejido fino de las lentejuelas, presionándome contra él hasta que yo pudiera sentir cada detalle de su estructura rígida.

Mis manos, instintivamente, subieron para su pecho, agarrando la seda de su camisa.

Yo conseguía sentir el latido constante y fuerte de su corazón por debajo del tejido.

El beso cambió de ritmo, tornándose más lento, casi cruel en su dulzura.

Él succionó mi labio inferior con una intensidad que me hizo soltar un gemido bajo contra su boca, un sonido de rendición que pareció alimentarlo aún más.

Su lengua danzaba con la mía en una coreografía de posesión, alternando entre caricias húmedas y mordiscos leves que hacían chispas de placer dispararen por todo mi cuerpo.

Yo estaba flotando. El olor de él me envolvía como una niebla, y la sensación de sus manos en mí era la única cosa que me mantenía anclada a la tierra.

Era un beso que exigía todo y no prometía nada. Un beso de un hombre que no pedía permiso, apenas tomaba lo que quería.

Cuando él finalmente se alejó algunos milímetros, solo lo suficiente para que nuestras respiraciones se mezclaran, mis labios estaban hinchados y mi corazón parecía una batería fuera de ritmo.

Yo miré para él, totalmente desarmada, y vi que el hielo en sus ojos había derretido, dando lugar a una llama sombría y devoradora.

Piero— Usted no tiene idea del error que acaba de cometer, pequeña alemana

él siseó contra mi piel, descendiendo los besos para la curva de mi cuello. Yo sabía que él tenía razón.

Yo sabía que aquel beso era el inicio de mi ruina. Pero, en aquella oficina oscura, cercada por el olor de pecado y poder, yo no quería ser salvada.

Yo quería perderme. El silencio de una vida entera acababa de ser astillado por el toque de un mafioso. Y yo nunca estuve tan viva.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play