Una estudiante de 17 años, se encontrará con un mundo nuevo.
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Rescatando a Karey
Narra Karey
Estaba sentada, temblando del frío que tenía, sin duda debiamos estar bajo cero. Me puse andar durante un rato para entrar en calor, pero mi pierna herida apenas me dejaba caminar. Aparte, aún tenía la herida del estómago de apenas unos días. Escuche pasos que se acercaban, me senté donde estaba, puse la cuerda alrededor de mis tobillos como si estuvieran atadas y puse las manos detrás de mi como las tenía. Espere. Entró el mismo hombre que me había disparado.
- ¿Tienes frío bonita? - su voz era sarcástica.
- Yo haré que entres en calor - dijo acercándose a mi.
Lo tenía lo suficiente cerca, agachado delante mía, estirando su brazo para tocarme, cuando se escucho un grito desde fuera, el giro la cabeza y tomé esa oportunidad para rodear la cuerda que tenía en las manos sobre su cuello.
Apreté con todas las fuerzas que me quedaban, el pataleaba y arañaba mis brazos y piernas, pero ya no me podían causar más dolor del que me habían causado. La pistola cayó al suelo de su costado, el se dio cuenta, pero di un último apretón y se separó de ella intentando quitarse la cuerda. Cogí la pistola que estaba al lado de mi pierna. El estaba de espaldas casi encima mía, apenas tenía sitio o fuerza para moverme. Con la última energía que me quedaba, apunte la pistola a su cabeza y dispare. No me volvería a tocar. Cai inconsciente, rendida, agotada.
Escuche unos gritos, gruñidos y aullidos, de donde venían, no lo sé, entraba y salía de la inconsciencia cada pocos segundos. Note que ya no estaba en el frío suelo, ahora algo o alguien me estaba dando calor. Un calor que me reconfortaba.
Narra Andrey
Estábamos preparados, nos fuimos acercando poco a poco, rodeandolo, no vimos a nadie fuera, había dos puertas. Ankor olfateaba el lugar y encontró el aroma de Karey en el lugar. Nos dividimos en dos grupos para entrar por las dos puertas, no sabíamos que nos íbamos a encontrar aquí. La puerta solo estaba cerrada con llave, aquí no había nadie a kilómetros alrededor. Ankor abrio la puerta fácilmente aplastando su lomo contra ella. Cuatro hombres se encontraban dentro, los 10 que iban conmigo se abalanzaron contra ellos. En esta ocasión, atacariamos y preguntaríamos después, no voy a desperdiciar ni un milesimo de segundo en recuperar a Karey. Ankor olfateaba el lugar buscando el aroma de Karey, siguió un rastro, a mitad camino a una escalera que conducía hacia arriba, escuchamos un tiro. Ankor y mis hombres corrieron en dirección al disparo. Una habitación, oscura, con la puerta entreabierta se encontraba delante de nosotros. Ankor entró empujando la puerta con el morro y gruñiendo. La escena que nos encontramos hizo que se me estremeciera mi corazón de lobo. Karey estaba tumbada en el suelo, con una pistola en una mano y con la otra una cuerda agarrada a su brazo y al cuello de un hombre que se encontraba encima de ella con los sexos reventados. Ankor me dio el control. Un hombre de los míos, me pasó una mochila, la había llevado con la idea de cambiarnos o necesitar calentar a Karey y menos mal. Quite al hombre muerto de encima. Su cuerpo estaba extremadamente frío, tenía alguna clase de herida tapada con un trozo de tela, la cual estaba sangrando ahora mismo. Sabía que tenía más heridas de las que ahora mismo podía ver, pero tenia que meterla en calor, cogí la mochila una manta que había traído, la recogí del suelo y la acerque a mi cuerpo desnudo todo lo que pude, el calor que emanaba de mi cuerpo, debía de ayudarla. La tape con la manta después mientras la sostenía en mis brazos. Salí de aquel lugar, Carlos me acompaño. Nuestros hombres se encargarían de todo, teníamos que llevar a Karey a un sitio seguro. Me subí encima de Carlos con Karey. Carlos era uno de los hombres lobos más fuertes que conocía, podía soportar nuestro peso tranquilamente. Mientras el lobo de Carlos corría, yo me encogí con Karey para intentar darle el mayor calor posible. Su respiración era casa vez más débil.
- Aguanta bebé, por favor, no se que haría sin ti, aguanta un poco más - susurre en su oído, mientras sin darme cuenta algunas lágrimas caían por mis mejillas.
Ya había amanecido cuando llegamos a la manada de Antony. Ya estaban avisados, por lo tanto el médico ya nos estaba esperando. Habían calentado la habitación, poniendo algunas estufas en ella. Acosté delicadamente a Karey en la cama. Ahora a la luz del día podía darme cuenta de la realidad de todas sus heridas. El cuerpo lo tenía lleno de moratones, sus piernas y brazos estaban arañazos y raspados. El labio y la ceja los tenía partidos. Estaba llena de sangre por todas partes. El médico retiro la tela de su pierna y pude darme cuenta que lo que tenía era un disparo. Sus muñecas y tobillos estaban dañados y ensangrentado. Mientras el médico examinaba todas sus heridas y su condición, limpie suavemente la sangre de su cara con un poco de agua. Su cuerpo empezaba a entrar algo más en calor.
Nuestros hombres nos llamaron, habían capturado a la que había causado todo esto. La quería viva, porque quería hacerle sufrir como lo habían echo con Karey. Tendría el mismo trato que ella. Pedí que preparasen el avión con todo lo necesario para poder llevar a Karey en el. El médico me dijo que su estado era delicado. Había perdido mucha sangre, estaba al punto de la hipotermia. Teníamos que quedarnos unas horas allí hasta que se estabilizara por lo menos y poder trasladarla en el avión. Serían de 3 a 4 horas de viaje.
Cuando llegaron nuestros hombres y vi a quien traían atada, no podía creerlo. Debimos de haberlo imaginado.
* **Su aroma, fue ella, déjame matarla.
No, primero tiene que sufrir como lo ha echo Karey. La entregaremos a los hombres del calabozo en nuestra manada***
Ankor quería venganza ya, yo quería torturarla como había echo con mi Karey, la muerte era muy simple para algo a si. Cuando se llegaron en frente de nosotros, tiraron al suelo a Marta, cayó de rodillas frente a mi.
- ¿Sabes cual va a ser tu castigo? - pregunté furioso.
Marta se echo a reír, me miró a la cara.
- Jamás serás suyo Andrey, nunca. No lo permitiré.
- Ya no tendrás oportunidad de hacer nada contra ello, me voy a encargar yo mismo de eso. Te voy hacer sufrir como lo has echo con ella.
- No te atreverías, soy tuya, me quieres.
La patee en el estómago con todas mis fuerzas, Marta se encogió en el suelo y gimio de dolor.
- No eres nada para mí Marta, absolutamente nada. Lo único que eres, es escoria. Deberías haber sabido que no iba a dejar pasar esto.
- Si no la mató yo, otro lo hará. Sabes que no queremos humanos en la manada.
- Yo soy el Alpha y yo decido quien entra en la manada y quien no. El que la toque, tendrá que vérselas conmigo directamente. Al igual que lo vas hacer tú.
Volví a patearle, yo también la mataría ahora mismo, pero no, quería que sufriera, quería dejar claro que no iba a permitir que nadie, de mi manada o de otra, o cualquier persona de este mundo le volviese a tocar un maldito pelo a Karey. Y si lo hacían, tendrán que afrontar la tortura hasta morir.
Se llevaron a Marta al calabozo, hasta que estuviera todo preparado. Les di permiso para hacer con ella lo que quisieras, no me importaba absolutamente nada.
Volví con Karey a la habitación, tenía algo más de color en su piel. El médico seguía vigilando. Le había sacado la bala de la rodilla y le había cerrado la herida, también había echo lo mismo con la del estómago de hace unos días, ya que los puntos no habían aguantado a lo que sea que le allan echo. Había limpiado todas sus heridas de su cuerpo también. Con ayuda de una chica de manada, la pudimos vestir con algo abrigado, ahora que ya estaba examinada. A las pocas horas el doctor nos dio el visto bueno para poder salir.
espero y se encuentre bien