Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.
Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.
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Capitulo 14: Mi debilidad son los villanos.
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Charlotte se quedó en el pasillo lateral del palacio con la espalda apoyada contra la pared fría, respirando despacio para no llamar la atención. La reunión con los nobles había terminado hacía rato, pero la conversación privada entre el duque y la princesa seguía desarrollándose detrás de esas puertas cerradas. Los guardias custodiaban la entrada principal, así que ella había tomado el camino más largo, el que usaban los sirvientes, y ahora esperaba sola.
No le gustaba espiar. En su vida anterior jamás habría hecho algo así. Pero ahora sentía que si no obtenía respuestas, algo entre ellos se iba a romper sin que pudiera evitarlo.
Miró sus manos.
Todavía recordaba la voz de la princesa agradeciéndole a Nathaniel, hablándole como si él supiera demasiado. Y con mucha confianza.
—No es intuición —susurró—. Nadie adivina tantas cosas con precisión.
La puerta se abrió. Charlotte se irguió de inmediato.
Nathaniel salió solo. Su expresión era la misma de siempre, seria, distante. Caminó unos pasos sin verla.
Ella avanzó.
—Nathaniel.
Él se detuvo y giró apenas la cabeza.
—¿Qué haces aquí?
—Esperándote.
—No deberías andar sola por estos pasillos.
—No. Pero algo me llamó la atención.
Se quedaron frente a frente.
—¿Qué ocurre? —preguntó él.
Charlotte respiró hondo.
—Quiero saber por qué te casaste conmigo. De verdad.
Nathaniel no dudó.
—Insististe, mucho.
—No me mientas.
—No estoy mintiendo.
—Sí lo estás.
Su voz salió más firme de lo que esperaba.
—Nathaniel, en cualquier circunstancia nadie aceptaría casarse con tan poco. Yo no te ofrecí poder, ni tierras, ni alianzas. Solo problemas. Y aun así dijiste que sí en el mismo momento.
Él guardó silencio.
Ella dio un paso más.
—Además, te conté algo absurdo. Te dije que venía de otro mundo. Que morí. Que desperté en otro cuerpo. Cualquiera me habría tomado por loca.
—Porque no lo estás.
—No me des la razón aún. Déjame desahogarme.
Charlotte lo señaló con el dedo, frustrada.
—¿Cómo es posible que aceptaras mi historia tan rápido? ¿Cómo sabes usar magia si no deberías? ¿Cómo supiste lo del noble traidor antes que nadie? ¿Cómo?
Su voz tembló.
—Te dije la verdad para que confiaras en mí. Para que no hubiera una brecha entre nosotros. Entiendo que tengas secretos, pero esto… esto ya no es normal.
Nathaniel la observaba sin parpadear.
Eso la enfadó más.
—Respóndeme —exigió.
Nada.
Charlotte sintió un nudo en el pecho.
—Dime algo… lo que sea.
Se acercó más, casi tocándolo.
—Nathaniel… ¿eres como yo? ¿También eres un reencarnado?
Sus ojos no se movieron, pero su mandíbula se tensó.
Charlotte lo notó enseguida.
—Lo sabía… —susurró.
En ese instante la puerta volvió a abrirse detrás de ellos. Pasos suaves. La princesa salía de la sala.
Nathaniel fue el único que lo notó de reojo.
Charlotte seguía mirándolo, esperando una respuesta.
De pronto él la sujetó por la cintura y la atrajo hacia sí.
—¿Qué-?
No terminó la frase, cuando sus labios la callaron. Fue un beso directo y sin aviso.
Charlotte se quedó rígida al principio, sorprendida, con los ojos abiertos. Podía sentir su respiración cerca, el calor de su mano en su espalda, sus labios húmedos contra lo de ella.
No era un beso torpe. Fue uno muy conciente. Como si no le estuviera pidiendo permiso a nadie. Ni siquiera ella.
Su corazón empezó a latir más rápido. Intentó apartarse, pero su cuerpo no respondió como esperaba.
Cerró los ojos. Y le devolvió el beso.
Sus manos subieron despacio hasta sujetar la tela de su chaqueta. Charlotte sintió que el enojo se mezclaba con algo más difícil de nombrar.
Lo abrazó sin darse cuenta. Mientras que mordía los labios carnosos de Nathaniel. Gimió al sentir el leve dolor.
Un carraspeo seco los hizo separarse.
La princesa los observaba con expresión incómoda. Nathaniel no se disculpó cuando se giró a verla.
—Me llevaré a mi esposa a casa —dijo con calma—. Tenemos asuntos que atender.
La princesa desvió la mirada.
—Claro… pueden retirarse.
Charlotte apenas pudo asentir. Su cara ardía.
Salieron sin decir nada.
Durante el trayecto en carruaje, el silencio fue pesado. Charlotte miraba sus manos. Luego la ventana. Por último a Nathaniel.
Él no hablaba.
—¿Vas a fingir que no pasó nada? —habló, molesta.
Otra vez, no dijo nada.
Llegaron a casa.
Apenas puso un pie dentro, subió las escaleras casi corriendo. Sentía la cabeza llena de preguntas, y ninguna con respuestas, aún.
Entró a su habitación.
—¿Qué fue eso? —murmuró para ella misma—. ¿Por qué me besa en medio de una discusión?
Caminó hacia la puerta para cerrarla. Una mano la detuvo. Nathaniel empujó la puerta antes de que cerrara y entró.
Charlotte retrocedió.
—¿Qué haces?
Él avanzó sin responder.
Hasta que su espalda chocó contra la pared.
Nathaniel apoyó una mano contra la pared, cerca de su cabeza y con la otra sostuvo su muñeca. El agarre era fuerte, pero no doloroso.
Aun así la proximidad la dejó sin aire.
—Nathaniel…
Sus ojos eran distintos. Más oscuros. Más sinceros que en el palacio.
—Bien —dijo al fin— Te diré la verdad.
Ella tragó saliva. Él continúo.
—No esperaba que fuera tan pronto. Y no pensé que fueras a darte cuenta tan rápido.
—Entonces sí…
—Sí.—el corazón le golpeó el pecho—. Yo también recuerdo otra vida.
Charlotte lo miró fijo.
—Desperté cuando era niño —continuó—. En el cuerpo del Nathaniel original. Con recuerdos que no eran de aquí. Con conocimiento que nadie más tenía.
Su voz era baja.
—Por eso te creí desde el principio. Porque cuando hablaste… sonabas igual que yo. La diferencia es que nunca lo conté.
Charlotte sintió un alivio extraño. No estaba sola y nunca lo estuvo.
Pero seguía enojada.
—Podrías haberlo dicho.
—No confiaba en nadie.
—¿Ni en mí?
—No al principio.
Eso dolió. Pero era entendible. Charlotte frunció el ceño.
—No es justo que hagas esto. Así de esta manera.
Nathaniel la miró.
—Lo sé. Es mi culpa querer asumir el papel de villano obsesionado con la protagonista.
Esa respuesta simple la desarmó. La rabia le subió a la cabeza. Sin pensarlo, lo besó.
Esta vez ella.
Lo tomó del cuello y lo atrajo con fuerza.
Nathaniel respondió de inmediato. Tropezaron hasta la cama y cayeron sentados, todavía aferrados el uno al otro, sin separar sus bocas del otro.
Charlotte respiraba agitada.
—Mi amor por los villanos es mi debilidad.
—Lo noté desde que te conocí.
Ella desvía el tema.
—Me ocultas cosas y luego me besas como si eso arreglara todo.
—Entiendo tu enojó. Tienes derecho. Te exigí la verdad aún cuando yo te oculte la mía. ¿Puedes perdóname?
Nathaniel apoyó la frente contra la de ella. No era la primera vez que le mostraba tan de cerca un gesto de amabilidad, pero era poderosa.
Charlotte se quedó callada. Era ella está vez que no daba la palabra. Su enojo se desinfló despacio. No era justo que su situación se haya volteado tan rápido.
—Te perdonaré si me cuenta más de tí.
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buen Charlotte muestra tus💪