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El Villano Que Se Enamoró

El Villano Que Se Enamoró

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Hombre lobo / Magia / Brujas / Reencarnación / Romance oscuro
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Tania Uribe

Él la conoció de casualidad en el bosque siendo cazada como un animal para ser entregada como un sacrificio para apaciguar la ira de la diosa luna. La salvó, no porque le importara sino porque le fascinaba ver el terror en aquellos que se creían superiores, los quemó bajo el poder de las llamas eternas del infierno, los oyó rogar, gritar y suplicar por piedad, pero era tarde cuando las llamas eternas tocaban la carne humana esta ardía hasta quedar hecha polvo.

Ella al verlo sintió curiosidad, miedo, curiosidad y agradecimiento. Lo siguió en un viaje sin retorno donde conoció cada cosa, experimentó qué era ser libre, qué era ser ella misma, sonreír, respirar con tranquilidad y despreocupación ante la posibilidad de ser nuevamente perseguida, ya no era una preocupación, la dejó atrás.

Pasó el tiempo y los cielos la reclamaron. La diosa se la llevó y en consecuencia se desató el caos y quienes osaron llevársela, ardieron en llamas eternas, mientras que otros vivían peor que un animal.

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Capítulo 3

EINAR

Esa mujer que hice mi compañera de viaje a la fuerza. Ella era alguien que nunca pensé que salvaría de una muerte segura. La obligué a venir conmigo a una ciudad que posiblemente la mataría si se descubría que ella era una bruja. No por crueldad—lo que muchos dirían y opinarían de igual modo— sino, porque no soy de los que deja cabos sueltos, y ella era uno que ardía en llamas, demasiado como para dejarlo pasar.

Ciudad Selene. Un lugar que no aceptaba a las brujas. Las toleraban mucho menos que a los licántropos e híbridos. Y yo bueno... era ambas cosas a medias, en caso de conveniencia. Lo sabía desde el inicio. También era consciente de que, si alguien descubría lo que ella era...

No saldría caminando. Eso era seguro, sin embargo, seguí adelante. Siempre lo hecho. Cuando le dije que me acompañaría, no fue una invitación, no fue una pregunta. Mi mano al sujetarla del brazo con fuerza suficiente para que comprendiera que no tenía alternativa alguna. No gritó. No suplicó, simplemente accedió a regañadientes. Sus ojos zafiro me miraron creyendo que podía sola con todo, que podía desafiar al mundo con solo decir: "Quiero vivir". Por un instante quise soltarla, solo un instante pensé en ello.

Mi lobo se removió en mi interior desde el momento en que dimos un paso juntos. Un gruñido bajo, incómodo, casi irritante y molesto. Reconocía lo que yo negaba aceptar.

Mate...

Ella lo sintió. No hizo falta decirlo, su magia vibraba cerca de mi piel como una tormenta contenida. La bruja dentro de ella lo sabía. Y eso la hacía peligrosa.

—No confíes en que te protegeré—le dije mientras caminábamos saliendo del bosque yendo en dirección al siguiente pueblo—. En caso de que seas descubierta...

No dijo nada. Simplemente, siguió caminando ignorando que ambos estábamos en el mismo barco. El silencio entre ambos era pesado; cargado de cosas y secretos que ninguno estaba seguro de revelar así sin más. No quería estar cerca de ella y viceversa. Yo vigilaba el fuego y lo que había a nuestro alrededor; ella fingía dormir. Y aun así, mi atención volvía siempre a su respiración, a la forma en que su pulso se aceleraba cuando me acercaba más de la cuenta. Mi lobo, maldita sea, mi lobo... comprendía de reglas y de límites. Deseaba olerla, deseaba sentir su piel contra la mía, sentir su respiración en mi piel, en mi boca, en todo mi ser y sabía que su bruja deseaba lo mismo. Esta no daba el brazo a torcer.

Seguí adelante. Llevándola conmigo a una posible muerte segura, diciéndome dentro de mi cabeza que era por conveniencia, por respuestas, por... control. Cualquier excusa servía para no tener que admitir la verdad: Que pese a que el mundo la rechazara, aunque eso me llevara a tratarla como una carga, un objeto, algo en mí ya la había reclamado.

Y lo peor es que ella lo sabía y no habría vuelta atrás cuando hubiera que reconocerlo.

Salimos del claro y nos dirigimos al pueblo que estaba a solo unos pasos de dónde nos encontrábamos, ella se tensó, noté que no quería dar un paso más.

—Kaelyn...—la llamé. Ella apenas me miró, sin embargo, no se movía. Puse mi mano sobre su hombro que la hizo sobresaltar, al ver que era yo, suspiró pesadamente.—no dejes que te afecte, sí muestras miedo y ansiedad ante los ojos de los demás, serás devorada por quienes vean tu debilidad.

Asintió en respuesta. Dio un paso adelante y luego otro. Hasta que me di cuenta de que ella estaba aterrada, temblaba tanto que no lograba moverse más que solo unos cuantos pasos. Volví a poner mi mano sobre su hombro y se calmó con una firmeza que ni siquiera pude descifrar.

—Debes estar en calma—le hablé al oído—, de lo contrario... serás consumida por el miedo y la manipulación—. Ella respiró profundo tratando de no caerse al suelo de rodillas. Cerró los ojos simplemente me miró con esos ojos zafiro que mostraban ese brillo peligroso que no había visto en ella, pero me gustaba verlo en una joven tan bella con ella.

Su largo cabello negro se movía con un viento silencio y suave que emanaba pureza y delicadeza que me hizo desearla, su olor a sándalo me atraía, me hacía ir de una forma que me hacía querer tenerla pegada a mí para siempre. Su vestido del mismo color de sus ojos con bordados color dorado en los bordes este la hacía lucir radiante, llena de luz y hermosa bajo los rayos de sol. Su piel de porcelana destacaba entre los colores de la naturaleza.

—Sé que soy patética y no te culpo sí... me ves como una niña, pero quiero comenzar de nuevo sin que nadie me persiga como un animal siendo cazado—. Su voz era firme, sin pelos en la lengua, sin murmullos o vacilaciones. Era alguien que se estaba dando cuenta de que huir no serviría de nada y por primera ella se dio cuenta de ello—Ella me miró—. Vamos—Dijo decidida—, tenemos que llegar a Ciudad Selene antes de que me encuentren...

Sonreí satisfecho.

—Estoy de acuerdo, mi zafiro...—frunció el ceño y simplemente negó con la cabeza fingiendo que ella no había dicho nada.

Seguimos adelante hasta llegar al pueblo y fue que entendimos que era el comienzo de nuestro viaje siendo compañeros obligados por las circunstancias y por mí principalmente.

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Zul Lima
Mi corazón late de emoción,es momento de que todo tenga el rumbo que debe ser...❤️
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