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La Dulce Villana

La Dulce Villana

Status: En proceso
Genre:Época / Villana / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:11.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydi Nina

La dulzura la llevó a la muerte.
En su segunda vida, aprendera a disfrutar del miedo ajeno, a sonreír mientras destruye y a usar el deseo como castigo. Convertida en la Villa jugara con sus presas como con una hoja afilada: lenta, precisa e inevitable.


La dulzura fue su condena. La villanía, su salvación.

NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El archiduque de la llama eterna

La noche nos envuelve por completo. No hay palabras grandilocuentes. No hay promesas eternas. Solo una intimidad compartida que pesa más que cualquier juramento.

Cuando el cansancio finalmente me vence, me aferro a él sin darme cuenta. Kael no se mueve. Me acomoda con cuidado, como si temiera despertarme, y apoya su mentón sobre mi cabeza.

—Duerme, Lilith —susurra—. Mañana el mundo seguirá siendo un caos.

Y por primera vez en mucho tiempo, duermo sin soñar con finales trágicos ni destinos impuestos.

Duermo sabiendo que he elegido.

La mañana llega demasiado pronto. La luz se filtra tímidamente por la ventana y me hace fruncir el ceño. Abro los ojos despacio, desorientada por un segundo, hasta que recuerdo dónde estoy… y con quién.

Kael ya no está en la cama.

Me incorporo de golpe, el corazón acelerado, justo cuando lo veo de pie junto a la ventana, ya vestido, la máscara en la mano. Se gira al escucharme moverte y me dedica una mirada que me deja sin palabras.

—Tranquila —dice—. No iba a irme sin despedirme.

Camina hacia mí y se inclina para besarme la frente. Es un gesto simple, pero me desarma más que todo lo de la noche anterior.

—Tengo que irme antes de que alguien note mi ausencia —continúa—. Y tú… deberías volver a tu cuarto antes de que el ducado despierte.

Suspiro, a medio camino entre la realidad y el deseo de que el tiempo se detenga.

—Esto complica todo —murmuro.

—Siempre fue complicado —responde con una sonrisa ladeada—. Solo ahora es real.

Antes de desaparecer, se detiene en el umbral.

—Lilith —dice—. Lo de anoche no cambia lo que viene. Pero sí cambia cómo lo enfrentaremos.

Luego se va, como si la noche nunca hubiera ocurrido.

Me quedo sentada un momento más, tocándome los labios, sintiendo aún el eco de su presencia.

Después me levanto, me arreglo lo justo y regreso a dormir antes de que el ducado despierte del todo.

El mundo sigue girando.

Pero yo ya no soy la misma.

...(Narra Kael)...

No suelo detenerme en las cosas que empiezan por azar. La mayoría de los encuentros, en mi vida, están calculados con siglos de anticipación.

Ella no lo estaba.

El bar es una herida abierta en la ciudad: luz mortecina, mesas cojas, olor a alcohol rancio y magia mal sellada. El tipo de lugar donde los hombres van a olvidar y los demonios a observar. Yo estoy allí por una mezcla de aburrimiento y estrategia; la máscara sobre mi rostro no oculta quién soy, solo evita que me miren a los ojos el tiempo suficiente para comprenderlo.

Me siento en la penumbra, con la espalda recostada contra la pared, escuchando el murmullo de los corazones humanos como si fueran campanas mal afinadas. La puerta chirría.

Y entonces entra Ella.

No entra como una dama. No entra como una heredera. Entra como alguien que no reconoce las reglas del lugar, o peor aún, como alguien que sabe que puede romperlas sin pagar el precio.

Su cabello cae suelto, su postura es recta, y cuando pide su bebida, su voz atraviesa el ruido como una hoja limpia. No duda, no titubea, no mira a los hombres con miedo.

Me observa.

No con cautela, no con reverencia. Con una curiosidad afilada que me hace sonreír detrás de la máscara.

Se sienta a mi lado como si le perteneciera el asiento. Me llama señor oscuridad con una sonrisa torcida. No es un insulto. Es un desafío envuelto en terciopelo.

Le devuelvo la conversación con precisión quirúrgica. Me encanta su sarcasmo sus respuestas. Ella responde con ingenio y descaro, no intenta impresionarme; simplemente es ella, y eso resulta mucho más peligroso ni siquiera me teme cualquier mujer en su lugar al ver mi máscara de aleja a metros de distancia.

Cuando paga su trago y me levanto para irme, no miro atrás.

Y aun así, siento como me sigue.

Lo sé antes de que llegue al callejón. El eco de sus pasos es distinto, más ligero, más decidido. El aire cambia cuando me detengo entre las sombras. Ella aparece al final del pasaje, sin linterna, sin guardias, sin miedo.

Me mira directo a la máscara.

Pregunta cuándo volverá a verme.

No miente ni coquetea como lo haría otra mujer de su posición. Habla como alguien acostumbrada a obtener respuestas.

Le digo que pronto. Que en su cumpleaños estaré allí. No es una promesa romántica; es un hecho me pide bailar con ella me sorprende pero acepto.

Entonces hace algo que nadie ha hecho jamás.

Me quita la máscara.

Sus dedos no tiemblan. Su respiración no se acelera. Sus ojos recorren mi rostro con una mezcla de sorpresa y decisión, y antes de que pueda reaccionar, se alza de puntillas y me besa.

No es un beso tímido. Tampoco es desesperado. Es consciente. Elegido.

La tomo por la cintura, no para dominarla, sino para estabilizarla, y correspondo con mesura. Siento su pulso contra mi piel, rápido pero firme. Cuando se separa, no baja la mirada.

Se marcha sin disculpas, sin explicaciones.

Y yo permanezco en el callejón con el sabor de su audacia en los labios.

La feria llega como una respiración colectiva de la ciudad. Música, risas, luces flotantes, magia doméstica que tintinea en cada puesto. No voy por diversión. Voy por un pequeño asunto el cual ya resolví y ahí la veo de nuevo no puedo evitar seguirla, observarla.

.

Camina entre la multitud como si el mundo estuviera hecho para apartarse a su paso. Se detiene en los puestos, toca las telas, prueba los dulces con expresión crítica, baila y Dios no sé que me pasa con esa mujer.

La sigo sin ser visto. No porque quiera cazarla, sino porque quiero comprenderla.

Cuando se aleja hacia el lago, el ruido de la feria se atenúa. El agua refleja las luces como estrellas caídas. El viento mueve su cabello y, por un instante, parece más libre que todo el reino junto.

Se sienta en la orilla y deja que sus dedos rocen la superficie. Me acerco lo suficiente para que perciba mi presencia.

No se sorprende.

Se limita a alzar la mirada, como si hubiera estado esperándome sin saberlo.

Hablamos de cosas ligeras: la música distante, el murmullo del agua, la ridícula pomposidad de la nobleza. Y en esa ligereza se teje algo más profundo, un entendimiento silencioso le pido bailar y veo como se sonroja y me preguntó que hay en esa hermosa cabecita que estará pensando para que se ponga así nos volvemos a sentar y mientras hablamos, un beso ocurre sin planificación nos separamos.

Ella se inclina hacia mí y yo hacia ella, y nuestros labios se encuentran bajo el cielo nocturno. No hay urgencia, solo cercanía. La recuesto con suavidad sobre el césped, mis manos sosteniendo su espalda, y me detengo antes de ir más lejos.

No porque no la desee.

Porque quiero que esto sea elección, no impulso.

Sus dedos rozan mi rostro, y la llamo Lilith sin pensar demasiado. El nombre sé siente como un secreto compartido algo nuestro me acuesto junto a ella,se queda dormida la recuesto sobre mi pecho y veo como me abraza y amo su calor su tacto nunca había estado así con una mujer lo más sorprendente es que tiene 18 años y yo 26 carajos no se si es lo correcto, pero la deseo como nunca he deseado a alguien verla sonreír escuchar su voz se siente tan bueno para alguien como yo me quedo dormido.

Me levanto al sentir que se mueve se ve apurada a regresar y es entendible es de malo no es correcto que haya pasado la noche fuera del ducado y sin el permiso de sus padres regreso con ella y la ayudo a entrar a su habitación, después de eso no la vuelvo a ver hasta su debut.

El debut es un espectáculo de poder envuelto en seda.

El salón brilla con magia de cristal, los nobles se mueven como piezas en un tablero y el príncipe heredero sonríe con la práctica facilidad de quien ha sido entrenado para gustar veo como baila con otra persona y veo como los padres de Lithya se molestan con el principito ese no entiendo cómo puede bailar con otra en el debut de su prometida antes dudaba un poco sobre robarle a su prometida pero el no ayuda mucho que digamos veo como le pide espacio a su padre para calmarse. Le haho señas para que me siga al balcon.

El aire nocturno es frío, limpio, casi cortante la jalo y le doy un corto beso le pregunto que desea de regalo. Ella se acerca sin vacilación, lo suficiente para que nadie más escuche, pero no tanto como para parecer imprudente.

Sus ojos arden con una mezcla de determinación y resentimiento contenido.

Quiero que le des un afrodisíaco al príncipe heredero para que pase la noche con Miriam. Ese es mi deseo.

No me sorprende la petición. Me sorprende la claridad con la que la formula.

La observo en silencio. El viento mueve su vestido, su cabello, su máscara de perfección social que por un segundo se resquebraja.

No soy un ejecutor de caprichos ajenos, ni siquiera de los suyos. Pero tampoco soy indiferente a su causa.

Le advierto, con voz baja y serena, que los deseos tienen consecuencias. Ella sonríe como si ya las hubiera aceptado me pide que salga 5 minutos después de ella.

Las puertas del salón se abren.

Mi nombre resuena como un trueno contenido: Archiduque Kael de la Llama Eterna.

Los murmullos estallan. Miedo, fascinación, odio, curiosidad. Yo los ignoro. Mi mirada encuentra la suya entre la multitud. Por un instante, la máscara de control cae y la sorpresa cruza su rostro.

Luego se recompone.

Y entiendo que Lithya Svensson no es una pieza del juego.

Es una jugadora.

Esa noche, más tarde una sirvienta sé acerca y me da un frasco y lo reconozco es un afrodisíaco ya lo tenía planeado que astuta le pido a una de mis sombras que haga el trabajo, tiempo después veo como el sale con Miriam y veo que entran a un cuarto dejo a mi sombra y le digo que se encargue de que mañana todo el mundo sepa.

La busco.

No hay testigos. No hay máscaras sociales. Solo dos personas que han cruzado demasiadas líneas para fingir que no existen.

Nos encontramos en sus aposentos.

La habitación huele a lavanda y metal antiguo, a libros y a fuego apenas contenido. La veo dormir primero, envuelta en un camisón ligero que deja entrever su silueta, vulnerable y poderosa al mismo tiempo.

No la despierto de inmediato. La observo con una quietud que no me pertenece; los siglos rara vez me conceden este tipo de pausa.

Cuando finalmente se mueve, sus ojos se abren y me encuentran sin sorpresa le entrego un regalo un pequeño collar tejido con mi propia magia, me despido. Me jala hacia ella con una fuerza que no espera permiso. Caigo sobre la cama y, por primera vez, me quita la máscara sin temblar.

Me besa con una mezcla de posesión y ternura.

Susurra que mis besos se vuelven más adictivos cada día.

No discuto.

Esa noche no es un choque de cuerpos sino una convergencia de almas. Nos acercamos, nos buscamos, nos reconocemos en la penumbra. Sus manos trazan mi pecho como si estuviera descifrando un mapa antiguo; las mías la envuelven con cuidado, como si pudiera romperse y quemarme al mismo tiempo.

No hay crudeza. No hay vulgaridad.

Solo calor, respiración compartida, la certeza silenciosa de que hemos cruzado un umbral que no admite retorno.

Cuando el cansancio nos alcanza en la madrugada, nos quedamos entrelazados, su cabeza apoyada contra mi pecho, mi brazo rodeando su cintura como si perteneciera allí desde siempre.

El amanecer llega sin pedir permiso.

La luz grisácea se filtra por las cortinas, delineando su rostro dormido. Por un momento, me permito contemplarla sin máscaras, sin títulos, sin guerra ni fuego ni deber.

Luego me incorporo con cuidado para no despertarla.

No huyo. No desaparezco por cobardía. Me levanto porque el mundo no se detiene, ni siquiera por ella.

Visto mis ropas en silencio y vuelvo a colocar la máscara sobre mi rostro me despido de ella.

No es una promesa. Es un ancla.

Cuando salgo por la ventana, el aire del amanecer me recibe con la frialdad de la realidad.

No me dirijo al palacio.

Voy a las fronteras de mi dominio.

Porque mientras Lithya duerme, el fuego de la Llama Eterna murmura que algo se mueve en las sombras: un culto disidente que intenta robar fragmentos de mi poder, nobles que conspiran para debilitar mi autoridad y, más peligrosamente, ecos de antiguas llamas que creí extinguidas.

También está el asunto del príncipe heredero.

Su deseo no es trivial. Manipularlo, incluso con un afrodisíaco, alterará equilibrios que muchos preferirían dejar intactos. Miriam no es una pieza inocente, y Lithya lo sabe mejor que nadie.

Camino entre las brasas vivientes de mi territorio, donde el aire vibra con poder antiguo. Mi mente repasa cada momento con ella: el bar, el callejón, el lago, el balcón, la noche en su cama.

No la veo como debilidad.

La veo como detonante.

Mientras el fuego responde a mi presencia y las sombras se inclinan, tomo una decisión silenciosa.

Resolveré el problema del culto. Aseguraré mis fronteras. Prepararé el terreno para la tormenta política que se avecina.

Y cuando regrese a ella, no será como un amante, sino como un Archiduque que ha limpiado el camino para que Lithya camine sin cadenas.

Porque si ella está decidida a incendiar el tablero, yo me aseguraré de que las llamas obedezcan su voluntad… y la mía ella será mi Reyna, mi archiduquesa aunque sea lo último que haga.

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valeska garay campos
se lee interesante 🤔
María Alejandra Ramírez González
excelente pero no es bonito el corte tan brusco de la historia
Limaesfra🍾🥂🌟
si que es intenso y apasionado..el ya decidio, sera su archiduquesa💃
Limaesfra🍾🥂🌟
🐍🐍aplastadas
Limaesfra🍾🥂🌟
golosa
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣 eso Lythia
Lorena Itriago
menos mal que no habría más besos jajajaja
Leydi Nina: menos mal jajajaja
total 1 replies
Gladys Padrón
me encanta
Leydi Nina: Muchas gracias por tu comentario 😊
total 1 replies
Teté chan
Y Lo Repito es Perfecta /Plusone/
Teté chan
es perfecta
Teté chan: sigue escribiendo te estaré leyendo 😊😊😊😊😊😊
total 2 replies
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