Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
*Todas las novelas son independientes*
**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Socios 3
La siguiente reunión comercial comenzó como cualquier otra.
Catarina llegó con sus documentos perfectamente ordenados, una sonrisa encantadora y la firme intención de no permitir que el atractivo del duque interfiriera con su misión.
[Una mujer profesional. Una mujer seria. Una mujer que puede mirar al duque Enzo Rossi sin pensar en sus hombros, sus manos, su mandíbula y esa barba tan bien cuidada].
Catarina dejó los documentos sobre la mesa.
[¡Una mujer profesional que necesita urgentemente un baño de agua fría!].
Enzo, sentado frente a ella, observó su expresión divertida y arqueó ligeramente una ceja.
—¿Algo le causa gracia, señorita Parisi?
—Por supuesto, duque. Acabo de recordar una de las hojas de nuestros documentos comerciales.
—¿Una hoja?
—Es una hoja muy importante. Sin ella, todo se vendría abajo.
Enzo la miró durante unos segundos antes de soltar una risa discreta.
—Me alegra saber que nuestras negociaciones continúan siendo tan estimulantes.
—Duque, si algún día se aburre de fabricar armas, podría dedicarse a escribir documentos comerciales. Tiene un talento natural para hacer que las hojas parezcan interesantes.
—Lo tendré en consideración.
Catarina sonrió. Le encantaba que el duque hubiera aprendido a seguirle el juego, aunque todavía conservaba aquella seriedad que parecía formar parte de su naturaleza.
Sin embargo, aquel día no había ido únicamente a hablar de negocios.
Después de revisar los documentos y discutir algunos asuntos relacionados con las rutas comerciales, Enzo dejó la pluma sobre el escritorio y adoptó una expresión más seria.
—He pensado en su petición.
Catarina enderezó la espalda.
—¿Mi petición?
—La reunión con mi esposa. Aceptaré que se realice como usted propone.
Los ojos de Catarina brillaron.
—¿De verdad?
—Sí. Estaré presente sin que Mary lo sepa, de manera que pueda escuchar la conversación.
Catarina sonrió con una sinceridad que sorprendió al duque.
—Muchas gracias, duque. De verdad. No sabe cuánto se lo agradezco.
Enzo la observó en silencio.
No sabía exactamente qué pretendía Catarina. Ella no le había explicado el motivo de su insistencia y, aunque había intentado preguntarle indirectamente, la joven había mantenido sus razones bajo una discreta reserva.
Sin embargo, había algo que le resultaba difícil ignorar.
Catarina era una mujer transparente. Si estaba contenta, lo demostraba. Si algo le molestaba, su rostro lo delataba incluso cuando intentaba disimularlo. Y cuando hablaba de la duquesa, había algo distinto en su expresión.
No era exactamente desprecio.
Era una especie de preocupación contenida, como si supiera algo que no se atrevía a decir.
Eso había despertado la curiosidad de Enzo.
Y, aunque no estaba convencido de que escuchar a escondidas una conversación entre su esposa y una socia comercial fuera lo más apropiado, quería comprender qué ocurría.
—La recibiré en uno de los salones de la residencia principal.. Tiene dos puertas. Yo estaré cerca, detrás de una de ellas, de modo que pueda escuchar lo que se diga y entrar si resulta necesario.
—Perfecto.
—Catarina.
La joven levantó la mirada.
—¿Sí, duque?
—Debo recordarle que mi esposa está enferma. Le agradecería que tuviera esa circunstancia en consideración durante su conversación.
La sonrisa de Catarina se debilitó apenas.
Por un instante, sintió una punzada en el pecho.
[Si Mary estuviera realmente enferma, si de verdad fuera una mujer que apenas puede levantarse de la cama, jamás se me ocurriría hacerle pasar por esto. Nunca utilizaría la enfermedad de otra persona para conseguir mis objetivos].
Catarina conocía la diferencia entre una mujer malvada y una mujer que estaba sufriendo. Y, precisamente por eso, la mentira de Mary le resultaba tan repugnante.
No le molestaba que Enzo quisiera proteger a su esposa. Al contrario, esa actitud confirmaba una de las cosas que más admiraba de él.. incluso dentro de un matrimonio sin amor, seguía intentando comportarse con honor.
Lo que le dolía era que alguien pudiera utilizar esa nobleza para engañarlo.
—Lo tendré en cuenta, duque..
Enzo percibió el cambio en su expresión.
Había comenzado a conocerla lo suficiente como para distinguir sus sonrisas auténticas de aquellas que utilizaba para ocultar una molestia.
Y aquella sonrisa no era del todo sincera.
—¿Ocurre algo?
—No, nada que deba preocuparlo.
Catarina volvió a sonreír.
—Le prometo que seré respetuosa con su esposa.
Enzo sostuvo su mirada unos segundos más, pero no insistió.
—Entonces, le enviaré la invitación.
—La esperaré con entusiasmo.
[¡Y tanto que la esperaré! ¡Esta villana justiciera está a punto de desenmascarar a una antagonista de primera categoría!].
Catarina se despidió con una reverencia y salió de la residencia.
Enzo la observó marcharse.
Tenía la extraña sensación de que aquella mujer estaba a punto de provocar un desastre.
Y, por alguna razón, también tenía la sensación de que debía asegurarse de estar presente cuando ocurriera.
Solo Catarina al natural