Me vendieron para pagar una deuda. Damián Grey dice que ahora soy suya. Tiene tres reglas: no escapar, no mentir, no dejar que otro me toque. Rompí las tres el primer día.
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CAPITULO 6 : EL VIDRIO TOTO
Luna en su tienda de tatuajes con el vidrio roto vio el video y rompió el celular contra la pared.
El celular rebotó contra los frascos de tinta y cayó al suelo. La pantalla quedó negra. Pero el video seguía en su cabeza.
Anastasia. Con un vestido blanco de novia. Firmando un papel. Con ese tipo, Damián Grey, detrás de ella, agarrándola como si fuera suya. Besándola en la mejilla frente a su madre enferma. Y esa firma: _Anastasia Sterling Grey._
—¡No! ¡No! ¡No! —gritó Luna, pateando una silla.
Su tienda, _Luna Negra Tatuajes_, olía a alcohol y a tinta. El vidrio de la entrada estaba roto desde anoche. Un ladrillo había entrado con una nota: _No toques lo mío. - G._ Ella sabía quién era G. Grey.
Sofía entró corriendo, con su suéter grande, llorando.
—¡Luna! ¡Me llegó el video también! ¡Me lo mandó el rubio! ¡El amigo del Grey!
Era Killian. Les había mandado el video a las dos a propósito. Para que se rindieran.
Sofía recogió el celular roto del suelo.
—Luna, ¿qué vamos a hacer? ¿Ana firmó? ¿Ana se quiere casar con él de verdad?
—Claro que no, Sofi. ¿No viste su cara? Estaba muerta de miedo. La obligó. La obligó a firmar delante de su mamá para que la mamá no se muera del susto. Ese tipo es un maldito psicópata.
Luna se agachó y sacó de debajo del mostrador una caja de metal. Dentro había plata. No mucha. Lo que había ganado tatuando.
—Nos vamos al hospital. Ahora.
—¿Ahora? Pero Grey dijo que si volvíamos...
—Me importa un carajo lo que diga Grey —dijo Luna, con los ojos rojos—. Me rompió el vidrio. Me amenazó. Y ahora me manda el video de mi mejor amiga firmando su condena como si fuera un trofeo. No es una Grey. Es Anastasia. Es nuestra Ana que lee _Cumbres Borrascosas_ y que odia a los millonarios.
Sofía se limpió las lágrimas. Asintió.
—Voy contigo.
En el Hospital Santa Clara, habitación 304, Anastasia no sabía que Luna había roto el celular.
Ella estaba firmando. Cuando terminó de firmar, Rafael Vonn cerró la carpeta con una sonrisa de abogado satisfecho.
—Perfecto. Legalmente comprometidos. En tres semanas, boda oficial. Felicidades, señora Grey.
La madre de Anastasia, Elena, aplaudió débilmente desde la cama.
—¡Boda! ¡Mi niña va a tener boda!
Damián no sonreía. Miraba la firma. Acariciaba el papel como si fuera piel.
—Gracias, Vonn. Puedes irte. Y tú también, Killian. Déjanos.
—Jefe, ¿seguro? ¿La dejas sola con la madre? —preguntó Killian en voz baja.
—Es su madre. Acaba de salir de cirugía de corazón. Anastasia no va a matarla con la verdad. ¿Verdad, princesa?
Anastasia lo miró con odio. Pero asintió.
Rafael y Killian salieron. Cerraron la puerta. Por primera vez en tres días, Anastasia se quedó a solas con su madre sin un Grey mirando.
Elena le agarró la mano.
—Mi amor, cuéntame todo. ¿Cómo te enamoraste de un Grey? Tu papá siempre dijo que los Grey eran peligrosos.
Anastasia se sentó al borde de la cama. Quería gritar. Quería decir: _Mamá, me secuestró. Me encerró. Me obligó a besarlo. Me hizo rechazar a Luna y Sofía. Me hizo firmar. Me tiene atrapada._ Pero vio el monitor del corazón de su madre. 78 latidos. Estable. Si le decía la verdad, se dispararía. Le podía dar otro infarto.
Entonces hizo lo que Damián le enseñó. Actuó. La prometida feliz.
—Me enamoré porque... porque me cuidó, mamá. Cuando papá nos dejó con la deuda, él apareció. Me dijo que nos iba a ayudar. Que te iba a pagar la operación. Que no quería nada a cambio, solo... estar conmigo.
—¿Y tú lo amas?
Anastasia tragó saliva. Miró el collar con la G. La marca de propiedad.
—Sí —mintió—. Sí, lo amo.
Elena sonrió, tranquila. Se quedó dormida de a poco por la medicina. Anastasia le acarició el pelo, llorando en silencio. Por primera vez pudo llorar sin que Damián le dijera regla número cuatro.
No supo cuánto tiempo pasó. Hasta que la puerta se abrió.
No era Damián. Era Luna. Y Sofía. Con los ojos rojos, agitadas, con el pelo revuelto por correr.
—¡Ana!
Anastasia se levantó de golpe. Se llevó un dedo a la boca.
—¡Shh! ¡Mi mamá!
Luna la abrazó tan fuerte que casi la ahoga. Olía a tinta y a calle. Olía a libertad.
—Vimos el video, Ana. Ese maldito nos lo mandó. ¿Firmaste? ¿Te obligó?
Anastasia asintió, rompiéndose.
—Me dijo que si no firmaba, no me dejaba verla. Y si les decía la verdad a ustedes, le rompía la tienda, Luna. Te rompió el vidrio, ¿verdad?
Luna miró el vidrio roto de su propia tienda en su mente.
—Me vale. Nos vamos. Ahora. Mi primo está abajo con el carro. Sacamos a tu mamá en silla de ruedas y nos vamos las cuatro. Lejos.
Era el segundo rescate. El rescate de verdad.
Anastasia miró a su madre dormida. Miró a sus amigas. Era su oportunidad. Su madre estaba estable, podía moverla. Podía correr.
Pero en ese momento, desde el pasillo, se escuchó una voz que heló la sangre de las tres.
—Qué conmovedor. El segundo intento de rescate de la princesa. Y esta vez en un hospital. Qué poco original, Luna con tatuajes.
Damián estaba en la puerta. Con Killian y dos tipos más de traje negro. No estaba enojado. Estaba furioso. Tranquilo, que era peor.
Sofía se escondió detrás de Luna.
Damián entró, cerró la puerta con llave. Miró a Elena dormida. Luego miró a Anastasia.
—Te dejé dos horas a solas. Te di mi palabra. Regla número siete: No matas a tu madre con la verdad. Y tú ibas a romperla, ¿verdad? Te ibas a escapar con ellas y dejar a tu madre recién operada aquí tirada.
—No —dijo Anastasia—. Yo no...
—Sí —dijo Luna, poniéndose delante de Anastasia—. Sí, nos la íbamos a llevar. Porque es nuestra amiga y tú eres un secuestrador.
Damián miró a Luna. Se acercó a ella. Le agarró la barbilla.
—Ya te rompí un vidrio. ¿Quieres que te rompa las manos? ¿Con qué vas a tatuar si no tienes manos, Luna?
Anastasia se metió en medio.
—¡No la toques! ¡A mí! ¡Hazme lo que quieras a mí!
—Eso es lo que voy a hacer —dijo Damián, soltando a Luna y agarrando a Anastasia del brazo—. Nos vamos. Ahora. Tu madre se queda aquí, cuidada. Tú te vienes conmigo a casa. Y tus amigas se van a quedar aquí, con Killian, hasta que yo llegue a la mansión. Para que no intenten otro rescate.
Agarró a Anastasia y la sacó de la habitación, casi arrastrándola. Anastasia miró atrás, a Luna y Sofía, llorando.
—¡No les hagan nada!
Killian cerró la puerta de la habitación del hospital y se quedó afuera, bloqueando la puerta con su cuerpo, sonriendo a Luna y Sofía.
—Bueno, Barbie y princesa triste. Nos vamos a quedar aquí un ratito, hasta que el jefe me diga que pueden irse. ¿Quieren café?
Luna pateó la pared del hospital, con la misma rabia con la que había roto el celular en su tienda.
Y Damián, en el pasillo, cargando a Anastasia en brazos porque ella ya no quería caminar, le susurró al oído:
—Ves por qué te puse reglas, Anastasia. Porque cada vez que intentas irte, tengo que lastimar a alguien que amas. Y no quiero lastimarlas. Quiero lastimarte solo a ti.
*[FIN DEL CAPÍTULO 6