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ESTA VEZ LOS PROTEGERÉ

ESTA VEZ LOS PROTEGERÉ

Status: Terminada
Genre:Hijo/a genio / Época / Reencarnación / Completas
Popularitas:14.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Tiinii_1605

El frío del acero en mi garganta no dolía tanto como la mirada de mi propio hijo.

Frente a mí, con la túnica imperial empapada en sangre fresca y la espada goteando sobre el mármol, Cassian ya no era el niño de mirada dulce que alguna vez buscó mi mano. A sus veinte años, se había convertido en la bestia implacable que yo misma forjé a fuerza de golpes, exigencias y castigos.

—¿Es esto lo que querías, madre? —me preguntó, con una sonrisa rota que no alcanzaba sus ojos muertos—. ¿Estás feliz ahora? Míralo tú misma... soy el nuevo Emperador. Asesiné a mis hermanos como me ordenaste. Acabé con el duque que torturó a Rosalind hasta arrojarla al vacío desde el balcón norte. Ya no queda nadie en el trono, solo yo. Dime... ¿por fin estás orgullosa de mí?

NovelToon tiene autorización de Tiinii_1605 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: El filo del veneno

El cuerno de bronce retumbó tres veces a través del bosque del norte, marcando la apertura formal de la gran cacería imperial de otoño.

El campamento principal era un hervidero de sedas, vino especiado y risas cortesanas. Sin embargo, en cuanto nuestra comitiva ingresó a la plaza de armas del coto, los murmullos se apagaron de golpe.

Avanzábamos con paso firme. A mi derecha caminaba mi padre, el Gran Duque Guillermo, portando su armadura de gala oscura y la capa bermeja; a mi izquierda, mi madre, la Princesa Seraphina, con un porte soberbio digno de la realeza de Valoria. Rosalind y Cassian caminaban junto a nosotros. Aunque mis hijos sentían la imponente sombra de sus abuelos como un escudo protector, al divisar el palco imperial dieron un respingo instintivo.

Allí estaba Kaelen.

El Emperador vestía un jubón de montar de terciopelo escarlata con bordados en hilo de oro puro. Su mirada dorada, gélida y penetrante, recorrió a nuestra familia con un cálculo absoluto. Cassian apretó mi mano con los deditos fríos y Rosalind bajó la cabeza un segundo; a pesar de todo, Kaelen seguía siendo su padre y el soberano supremo del imperio, una figura a la que habían sido enseñados a respetar y temer desde la cuna.

Al llegar frente a la escalinata de honor, la tensión era tan densa que casi podía cortarse con una daga.

Mis padres detuvieron la marcha. Aunque despreciaban la frialdad y el egoísmo con que Kaelen me había tratado durante trece años, eran veteranos de la alta diplomacia y conocían el peso de las formas públicas. Mi padre llevó el puño derecho blindado a su pectoral e inclinó el torso con la marcialidad sobria de un comandante frente a su monarca; mi madre dobló apenas las rodillas en una venia aristocrática perfecta.

—Saludos a Su Majestad Imperial, el sol de Carlisle —dijo mi padre con voz firme y profunda, guardando la distancia justa entre la cortesía de estado y el orgullo de su estirpe.

—Gran Duque von Rosental. Princesa Seraphina —respondió Kaelen con tono pausado y medido, ocultando la furia de nuestra discusión anterior bajo una máscara de protocolo imperial—. Es un honor inesperado contar con la presencia del Escudo de la Frontera en estas tierras de caza.

Cassian y Rosalind, temblando ligeramente por los nervios, dieron un paso al frente e hicieron una reverencia impecable y reverente ante su padre.

—Saludos a Su Majestad Imperial, padre —pronunciaron al unísono con voces infantiles pero pulcras.

Kaelen asintió levemente hacia los niños con la frialdad que siempre lo caracterizaba, sin un ápice de ternura paternal, pero sin reproches abiertos frente a los nobles. La corte entera respiró aliviada al ver que las espadas no se desenvainaban en la tribuna, pero la verdadera tormenta no estaba en las palabras: estaba en las caballerizas.

—Madre —susurró Cassian en cuanto nos apartamos del estrado hacia la zona de los caballos—, mira... allá está el hermano Cedric.

A unos cincuenta metros, junto a la empalizada de madera, el Primer Príncipe terminaba de ajustar los guantes de cuero de su uniforme blanco y plateado. A su lado descansaba Ventisca, su hermoso semental blanco de pelaje brillante.

—Vamos a desearle suerte antes de que suenen los tambores —le respondí con voz serena.

Nos acercamos con discreción. Al vernos llegar, el rostro de Cedric se iluminó con alivio sincero.

—¡Cassian! ¡Rosalind! —saludó el muchacho, haciendo una reverencia respetuosa hacia mis padres y hacia mí—. Noble Consorte... Gran Duque, Princesa.

—Hermano Cedric, toma esto —dijo Cassian con una sonrisa tímida, sacando del bolsillo un lazo de seda azul cielo—. Lo trenzamos con Rosalind anoche. Es para las riendas de Ventisca. Dicen que el color del mar de Valoria trae victoria en las cacerías.

Cedric sonrió de verdad, con esa calidez que tanto escaseaba en este palacio, y ató el lazo al cabezal del animal.

—Gracias, Cassian. Te prometo que este lazo liderará la carrera.

En ese instante, dos mozos de cuadras vestidos con las túnicas beige del palacio central se abrieron paso apresurados entre la servidumbre. Traían cargando una pesada montura de cuero oscuro con las cinchas colgando hacia el suelo. Uno de los hombres tenía la piel sudorosa y las comisuras de los labios apretadas por un nerviosismo inocultable.

—Su Alteza, el Primer Príncipe —dijo el mozo con una voz áspera y apresurada, inclinando apenas el cuerpo—. Debemos cinchar a la bestia de inmediato. La comitiva partirá en cualquier momento y los jueces ya están tomando posiciones.

Cedric dio un paso al frente para facilitarles el acceso, pero se detuvo en seco. La advertencia que le di días atrás resonó con fuerza en su cabeza. Miró a los mozos fijamente y levantó la mano enguantada.

—Un momento —ordenó el joven con voz clara y autoritaria—. Mis caballeros personales revisarán la montura antes de ajustarla.

El mozo palideció visiblemente y apretó la cincha contra su pecho.

—P-pero Su Alteza... nosotros siempre ensillamos a los corceles de los príncipes. Es la orden directa del mayordomo de las caballerizas reales...

—Y la palabra del Primer Príncipe está por encima de un mozo de cuadras —intervino la voz cavernosa de mi padre, cortando la discusión como un hacha de combate.

El Gran Duque Guillermo dio un solo paso al frente. Su presencia colosal fue suficiente para que el mozo perdiera las fuerzas en los brazos y soltara la montura, que cayó sobre la paja seca con un golpe seco.

Sin pedir permiso a nadie, mi padre desenvainó una daga corta de acero templado. Con la punta afilada, raspó con firmeza la parte interior del correaje de cuero, justo donde la cincha presionaba el pecho del caballo y rozaba las piernas del jinete.

Una sustancia pastosa y grisácea se desprendió del cuero, soltando un vapor denso y amargo que hizo retroceder a Cedric de un salto.

—¿Qué... qué es eso? —exclamó el joven príncipe, palideciendo.

Mi madre sacó un pañuelo de seda perfumado, cubriéndose la nariz mientras examinaba la marca con una frialdad impecable.

—Aceite concentrado de raíz de belladona mezclado con resina cáustica de curtiduría —declaró la Princesa Seraphina con voz clara, calculada para que los guardias cercanos escucharan cada palabra—. El ácido desgasta el cuero en pleno galope hasta partirlo, y el veneno paralizante penetra en la piel a través de las abrasiones de la caída. Una trampa para provocar una muerte limpia en el barranco.

El mozo de cuadras intentó dar media vuelta para huir entre los caballos, pero no alcanzó a dar tres zancadas.

Dos caballeros de la guardia de Rosental se abalanzaron sobre él, derribándolo de bruces contra la tierra y torciéndole los brazos a la espalda con un crujido seco.

—¡Atrápenlos a todos! —rugió mi padre hacia el destacamento de la frontera—. ¡Cierren el perímetro de las caballerizas ahora mismo!

El alboroto rompió por completo la calma del campamento. Desde la tribuna principal, Kaelen se puso de pie de golpe con el ceño fruncido, mientras la Emperatriz Eleanor bajaba los escalones de piedra a toda prisa, con el rostro desencajado al ver a su primogénito rodeado de armas desenvainadas y sirvientes reducidos en el suelo.

A escasos metros, parada bajo el toldo de su pabellón, la Consorte Evelyn se aferraba a su copa de plata con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.

Crucé la mirada con ella. La soberbia de su rostro se había transformado en un pánico absoluto.

«Tu veneno no matará a Cedric hoy, Evelyn», pensé mientras una sonrisa helada se dibujaba en mis labios. «Ahora vas a tener que explicarle a Kaelen y a la Emperatriz por qué tus sirvientes intentaron asesinar al heredero imperial».

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minjoon
quede 👁👄👁👏
marcela Gimenez
muy buena historia gracias
Marlucha💋
Así que andar con cuidado Emperador porque son dos contra uno!
Marlucha💋
Pensé que la ejecutaria! y con todo y familia!
Pao Suarez
me encantó, gracias autora
Arely Castañeda
ameeee desde el principio al final
Arely Castañeda
😭😭😭😭😭
Arely Castañeda
por fin es libreeeeee🥰
Arely Castañeda
ameeee
por fin es libre y Kaelen por fin murio
Arely Castañeda
me va a dar un infarto
Arely Castañeda
me dolió sus palabras
se la mujer libre que yo no puedo ser 😭😭😭
Arely Castañeda
perdón pero que se muera el desgraciado de KAELEN asi Cedric será nombrando emperador y su mamá lo ayudara
jajaja como dicen muerto el perro se acabó la rabia 🤭
Arely Castañeda
maldita teresa pero ya valiste 🤭
Arely Castañeda
ame esta capitulo
y tómala maldito emperador por fin Cassian puede ser libre
Arely Castañeda
me da tanto coraje pobre Cassian pero me alegra que ese miedo que tenia se esta diluyendo y creo que el mismo emperador no mandara a cassian
Tania 🇨🇴✈️
Hola espero que les guste está nueva historia, como a mí me gustó escribirla
Marlucha💋: Saludos Autora!, hasta ahora esta interesante 💖
total 1 replies
Adaly Cruz cruz
👏👏👏👏👏
Tania
Me encantooo
Liseth
Inicio, fuete me gusta
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