Catalina solo conoció un amor, el de su padre. La única persona que la quiso se fue de éste mundo sabiendo todo lo que tendría que afrontar su pequeña.
Hay personas que nacen para sufrir, la protagonista es una de ellas 💔
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17 LA ACLARACIÓN DE JIMENA
Abuelo llegó cansado. Nos fuimos a su casa, estábamos más cerca.
Se acostó, le revisé la herida no sangraba y eso era bueno.
--Descansa Abuelito, yo estaré aquí cuando despiertes.
Cuando se durmió, salí y empecé a recolectar hierbas, por el bosque y la montaña. Buscaba matico y también una especie única de liquen que crecía en los troncos de árboles viejos y podridos.
Quería preparar una crema para aplicarle en su herida.
Los elementos que usaba para preparar mis recetas de remedios se habían quedado en mi casa. Tendría que usar lo que tuviera a mano para moler y dejar como una pasta las hierbas.
Ezequiel abrió sus ojos, yo estaba a su lado.
Cuando me vió sonrió.
Esa sonrisa valía todo para mí.
Había preparado una sopa de verduras. Comió con muchas ganas.
--Se que quieres una respuesta a lo que me pasó. Me dijo
--Y te la diré. Mereces una explicación.
--Por Mercedes supe quiénes eran, son unos hermanos que viven a las afueras del pueblo, no son gente buena.
--Son hombres que han tenido graves problemas con la justicia. robos, asaltos y violación.
--Ellos iban a volver, por eso fui ya enfrentarlos.
--No lo iba a permitir que siguieras viviendo con miedo.
--Llevaba dinero, tenía la esperanza que lo recibirían. Todo siempre tiene un precio.
--Pero el precio que querían ellos no podía ser.
--Eras tú
--Esos demonios no aceptaron. Se rieron
--Me vieron como un anciano indefenso
--Me dispararon primero. Pero no me dieron en el corazón como ellos creyeron.
--No quiero contarte cómo fué. Pero maté a dos y le perdoné la vida al menor. No por pena.
--Se la perdone por varios motivos, el primero porque es testigo y sabe cómo fue todo. Si la policía lo entrevista le sacarán la verdad.
--Por que yo no iba a matar, iba a dialogar, pero sus hermanos no aceptaron.
--Y por último, que él tenía la elección de elegir no ser un monstruo como sus hermanos mayores
--Puede tener aún un futuro. Yo también fui un monstruo.
--Y hubiera querido haber tenido una opción. Pero no la tuve. Yo lo decidí.
--Tú no eres un monstruo abuelo. No digas eso.
--Tú conociste al hombre que yo elegí ser. No al Ezequiel del pasado.
Sabía que estaba sufriendo por su tono de voz y no quería escucharlo.
Lo abracé y no quise que siguiera hablando. No quería enterarme de lo que le dolía. Porque sabía que no era bueno.
--Escúchame Ezequiel nada ni nadie hará que dejé de amarte.
--Siempre sospeché que venirte a vivir a estas tierras escondidas era tu decisión. Pero esta decisión hizo que yo tuviera a alguien que me hiciera sentir que no estoy sola. Que no era basura desechable. Que me enseñó y defendió.
--Eso hiciste tú. Solo darme amor.
Las lágrimas caían por las caras de ambos.
--Algún día lo tendrás que saber hija. Que no soy el hombre que tú crees.
Con mi mano limpié sus lágrimas. Y puse un dedo en su boca.
Le pedí que se acostara y así lo hizo.
Para mí su pasado era un tema cerrado.
Pasamos el invierno entre las dos casas. La primavera llegó antes, anunciando nacimientos de corderos, el balar de los corderitos en búsqueda de sus madres. Para mí era una bonita época. Verlos correr y jugar me entretenía. Tenían una vida feliz, libres, eso quería pensar.
No después en diciembre cuando venían en la búsqueda de los machos.
Nadie nunca vino a buscar a mi abuelo. Los primeros días tenía muchos nervios, pero fueron pasando las semanas y los meses y resultó tal como dijo él que sería.
Me sentía aliviada y aunque aún por mi cabeza rondaba una idea, esa idea la desechaba.
Diciembre llegó como siempre, ellos en sus camiones, con el acarreo a los corrales y la triste separación.
Había vuelto a venir Jimena. Ni siquiera me levanté a verla como cuando era más niña y aún conservaba la ilusión de que podría venir a verme. Creyendo ilusamente que estaba preocupada por mi.
La vi más vieja cuando entró y la miré.
No le ofrecí nada. Seguí tallando un pajarito diminuto.
Abuelo estaba afuera. Vigilante
--¿No me ofreces agua?
--En el jarro verde hay. Le dije.
--Has crecido mucho. Ya eres una niña grande.
--Por eso te voy a aclarar algunas cosas. La situación va a cambiar.
--Con Esteban estamos pensando en vender todo
--Queremos irnos de esta región
--Debes buscar un lugar donde irte.
--Este será el último año que vivirás aquí. La propiedad está en venta.
La miré, sus ojos seguían siendo de hielo.
Me levanté y me puse frente a ella.
--Siempre me he preguntado que hice para que me odiaras de esa manera. Le respondí
--No te odio niña. Solo no te quería a mi lado.
--Si lo hiciste.
--Si no hubiese sido así, jamás una mujer o madre normal me hubiera venido a tirar a unas montañas perdidas en plena soledad.
--Tenia ocho años Jimena.
--Llevo cinco años viviendo aquí. Trabajando para ti y tu hijo
--Pero no quiero seguir hablando. Le dije
--Porque yo a diferencia de ti, si puedo decir que te odio.
--Te odio con todo mi corazón.
--Y espero que alguna vez sufras un poquito de lo que yo he sufrido todos estos años.
Me miró, sin comprender que yo pudiera estar hablándole así.
--Cállate!, tú no sabes lo que dices
--Si lo sé. Le dije mirándola de frente.
--¿Dónde quieres que me vaya?
--No lo sé, ni me interesa.
--Este año te dejaré veinte corderos, con eso. Tendrás suficiente para irte y arrendar algo por ahí. Puedes buscar un trabajo o vivir con el viejo.
-¿No dices que el te quiere?
--A mí no me importa lo que hagas. Pero debes desocupar la casa en tres meses.
--¿Veinte corderos? Me reí.
--Quieres seguir siendo una ladrona por lo que veo.
--Sé muy bien que estas tierras también son mías.
--Papá me dijo que la mitad era mía.
--Te mintió, no es así. Dijo nerviosa
--Mi papá no me mentiría con algo tan importante.
--Yo no me iré de aquí si no me das lo que me corresponde.
--¡Eres una tonta! ¿Quién te crees?
--Cierra el pico y me obedeces. En tres meses más saldrás de aquí.
--O haré que te saquen
Gritaba como una loca
Abuelo entro cuando escuchó.
--¿Que pasa?
--¡No le grites a Catalina! Bruja
--Ella va a vender abuelo, y me dio un plazo de tres meses para salir de aquí.
Esteban entró corriendo, estaba rojo de tanto esfuerzo. Dónde no estaba acostumbrado.
--¿Le dijiste mamá? Que está piojenta ya no vivirá más a costa de nosotros.
--Ya lo sabe hijo
--Fuera de mi casa. Le dije a Esteban
--Tu eres el zangano, que vive a costa mía.
--¿Tu casa?
--Nunca ha sido tuya, estupida. Me escupió en el rostro.
No sé dió cuenta, con lo enojado que estaba que Ezequiel le tiró un golpe en el mentón.
Cayó directo al suelo.
--!Que te crees imbecil!
Jimena corrió a socorrerlo.
Quedó inconsciente
Sacó agua del jarro verde y se la hecho en la cara
--Despierta hijo, por favor. Decía gimiendo.
--Viejo de mierda te voy a sacar los ojos.
Se levantó y trató de pegarle a mi abuelo. Él le dió un solo palmetazo en el rostro y cayó sentada al suelo.
Se tomó la cara con gesto de dolor.
--Se van a arrepentir los dos. De lo que nos hicieron.
Abuelo salió y grito a los hombres.
--Vengan a sacar al gordo que se cayó.
Fui directamente a sacar el rifle,. Me quería asegurar por si tenían malas intenciones.
Dos hombres entraron y vieron la escena. El gordo en el suelo, la madre al lado, con la mano en la cara, abuelo de pie y yo un poco más atrás con el rifle a mi lado.
Cuando pasó por mi lado me dijo con rabia
--Tu padre me pagó por tenerte.
--Que arrepentida estoy.
--Ni por todo el oro del mundo te hubiera parido. --Debería haberte abortado. Y escupió a mis pies.
Miré su rostro que ya empezaba a ponerse morado por el golpe.
--Papa fue demasiado bueno y tuvo mal ojo al elegir una mujer como tú.
--Porque si te pagó debes haber sido una prostituta.
--Debería haber elegido una mejor, un poco más decente.
--Gracias a Dios no me parezco a tí.
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Entre tú y yo, ¡qué mucho echaba de menos tus letras!