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Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Amor eterno
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: vicki hernandez

Una mujer que dice no ama a su esposo. Pero se queda cada día odia menos a su esposo y ve que pueden ser un matrimonio con amor

Un hombre enamorado de su esposa feliz de que su sueño se volvió realidad aunque sabe que su esposa lo odia fingiendo cuando hay invitados o salen como la pareja perfecta, pero luego se da cuenta que su esposa se empieza enamorar de él.

NovelToon tiene autorización de vicki hernandez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

En un restaurante

MATEO

La cena había comenzado como cualquier otra reunión familiar.

O al menos eso parecía.

Los seis hermanos Bianchi estaban alrededor de una enorme mesa en uno de los restaurantes tradicionales de la familia. Thiago también estaba con ellos aquella noche, sentado junto a Luna, mientras los demás conversaban, discutían y se molestaban unos a otros como siempre.

Habían pasado varios días desde el regreso de la cabaña y, por primera vez en mucho tiempo, Luna parecía relajada.

Santiago contaba una historia que probablemente estaba exagerando.

Gael se reía a carcajadas.

Benjamín intentaba corregirlo.

Leo discutía con Mateo sobre un asunto de negocios.

Y Thiago observaba a Luna mientras ella escuchaba a sus hermanos.

Por unos minutos, todo parecía normal.

Mateo incluso estaba sonriendo.

Y eso era algo que sus hermanos valoraban mucho.

Porque desde hacía dos años, conseguir una sonrisa sincera de Mateo se había convertido en una pequeña victoria.

Mateo Bianchi era, para la sociedad, prácticamente el hombre perfecto.

Era uno de los empresarios jóvenes más exitosos de su generación.

Tenía dinero.

Poder.

Una familia importante.

Una carrera brillante.

Era trabajador, responsable y, cuando tenía tiempo, incluso disfrutaba ayudar personalmente a sus empleados.

No era extraño verlo arremangarse la camisa y ayudar a mover cajas, revisar maquinaria o resolver algún problema junto a sus trabajadores.

Y, además, era considerado uno de los hombres más guapos y codiciados de la ciudad.

Las madres lo adoraban.

En las reuniones sociales, algunas incluso intentaban emparejarlo con sus hijas.

—Ese hombre me gusta para que sea tu esposo —decían algunas mujeres mientras señalaban discretamente a Mateo.

Pero Mateo siempre respondía lo mismo:

—No estoy buscando esposa.

Y no era mentira.

Desde hacía dos años no había tenido una relación.

Ni siquiera una cita.

Nada.

Dos años antes había estado a punto de casarse.

Camila había sido su prometida.

La mujer con la que había imaginado una vida.

Habían estado juntos durante varios años.

Habían planeado una boda.

Habían elegido una fecha.

Habían hablado de una casa.

De viajes.

De hijos.

De una vida juntos.

Faltaban solamente unos meses para convertirse en marido y mujer.

Hasta que, una semana antes de la boda, Camila rompió el compromiso.

Y no solamente rompió el compromiso.

Rompió algo dentro de Mateo.

Aquella noche, después de una discusión que Mateo todavía recordaba con demasiada claridad, Camila lo había mirado de arriba abajo.

Y había pronunciado una frase que se quedó clavada en su cabeza.

—Ay, Mateo... por favor. Tú nunca vas a ser lo suficiente hombre para una mujer como yo.

Aquellas palabras habían destruido algo.

No porque Mateo creyera que ella tenía razón.

Sino porque había amado a esa mujer.

Había confiado en ella.

Y jamás imaginó que la persona con la que pensaba pasar el resto de su vida sería precisamente quien utilizaría sus inseguridades para lastimarlo.

Desde entonces, Mateo había cambiado.

Se volvió más frío.

Más distante.

Dejó de hablar de sus sentimientos.

Dejó de confiar fácilmente.

Y las mujeres desaparecieron completamente de su vida.

Sus hermanos lo habían visto.

Habían intentado ayudarlo.

Habían intentado hacerlo salir.

Le habían presentado mujeres.

Lo habían llevado a fiestas.

Incluso habían intentado convencerlo de tener una cita.

Nada funcionaba.

Mateo siempre terminaba diciendo:

—No me interesa.

Y cambiaba de tema.

Pero aquella noche, sentado con su familia, parecía diferente.

Se reía.

Sonreía.

Incluso había comenzado a molestar a Gael por alguna estupidez.

Luna lo observaba desde el otro lado de la mesa.

Y sonrió.

Le gustaba verlo así.

Porque recordaba al Mateo de antes.

Al hermano que siempre estaba haciendo bromas.

Al que podía llegar a casa cubierto de polvo después de ayudar a algún trabajador.

Al que se preocupaba por todos.

Al que, aunque fuera el mayor, todavía podía comportarse como un niño cuando estaba con sus hermanos.

Thiago también lo notó.

—Te ves de buen humor —comentó.

Mateo levantó la copa.

—Estoy cenando con mi familia. Tengo permitido estar de buen humor.

—Eso es nuevo —bromeó Santiago.

—Cállate.

Todos rieron.

Luna también.

Y por un momento, Mateo olvidó que existía el pasado.

Hasta que levantó la mirada hacia la entrada del restaurante.

Y la vio.

---

MATEO

El mundo pareció detenerse.

Camila.

Mateo se quedó completamente quieto.

La sonrisa desapareció de su rostro.

Sus dedos se tensaron alrededor de la copa.

Sus hermanos lo notaron inmediatamente.

Uno por uno dejaron de hablar.

Benjamín fue el primero en mirar hacia donde Mateo estaba mirando.

Después Santiago.

Luego Leo.

Gael.

Luna.

Thiago.

Nadie necesitó preguntar quién era.

Todos lo supieron.

Habían pasado dos años.

Dos años desde aquella ruptura.

Dos años desde aquella noche.

Dos años desde que Mateo había dejado de ser el mismo.

Y todos en aquella mesa conocían una regla.

No se hablaba de Camila.

Nunca.

Ni siquiera en broma.

Nadie mencionaba cuánto habían durado.

Nadie preguntaba qué había ocurrido.

Nadie decía su nombre.

Porque Mateo no quería hablar de ello.

Y sus hermanos respetaban su silencio.

Mateo bajó la mirada.

Por favor.

Que no nos vea.

Que siga caminando.

Que se siente en otra mesa.

Que simplemente se vaya.

Pero, como tantas veces había descubierto, el destino podía ser cruel.

Camila levantó la mirada.

Sus ojos encontraron los de Mateo.

Y sonrió.

Una sonrisa que Mateo reconoció inmediatamente.

Ella caminó hacia la mesa.

Mateo sintió cómo su cuerpo se tensaba.

Luna apretó los labios.

Gael dejó los cubiertos sobre la mesa.

Benjamín se enderezó en su silla.

Todos estaban preparados.

Camila llegó hasta ellos.

—Mateo, cariño... cuánto tiempo sin verte. ¿Cómo estás?

Mateo no respondió.

No podía.

No todavía.

Pero Benjamín sí.

—¿Qué quieres, Camila?

Ella lo miró con cierta molestia.

—No estoy hablando contigo, Benja.

Después volvió la mirada hacia Mateo.

—Estoy hablando con mi Mateo.

Benjamín apretó la mandíbula.

Camila sonrió.

—¿Qué pasa? ¿No puedes hablar? ¿O estás pensando en cómo conociste a una mujer tan bella y no fuiste lo suficientemente hombre para ella?

La expresión de Mateo se endureció.

Luna sintió una rabia inmediata.

Quería levantarse.

Quería decirle que se marchara.

Quería tomar la copa que tenía delante y arrojársela.

Pero antes de que pudiera hacer nada, Benjamín buscó su mano debajo de la mesa.

La tomó.

Una advertencia silenciosa.

No.

Luna lo miró.

Benjamín negó ligeramente con la cabeza.

No por miedo.

Sino porque aquello no era una pelea que Luna tuviera que librar.

Era el momento de Mateo.

Gael habló.

—Nos puedes dejar solos, Camila.

Ella soltó una pequeña risa.

—Oh...

Miró a Mateo.

—El pobre Mateito no sabe defenderse y necesita la ayuda de sus hermanitos.

Mateo cerró los ojos durante un segundo.

No reacciones.

No le des lo que quiere.

Camila continuó.

—Ay, Mateo... eres patético. No puedes defenderte solo. Por eso te dejé.

Santiago golpeó suavemente la mesa con los dedos.

—Camila, vete.

—No quiero.

—Por favor.

—Prefiero seguir platicando con ustedes.

Camila tomó una silla vacía y la acercó ligeramente.

—Quizás así por fin se les caiga la venda de los ojos.

Los hermanos no respondieron.

Camila miró nuevamente a Mateo.

—Mírenlo. Un hombre que no sabe disfrutar de la vida. Solo piensa en trabajar, trabajar y trabajar.

Se rio.

—Los noticieros y los reporteros deben estar ciegos como ustedes.

Señaló a Mateo.

—Porque ustedes creen que él es uno de los hombres más guapos de la ciudad.

Mateo apretó los dientes.

No quería escucharla.

No quería recordar.

Pero cada palabra parecía empujarlo dos años atrás.

A aquella semana.

A aquella casa.

A aquel vestido que había elegido.

A los invitados que ya estaban confirmando su asistencia.

A los planes que de repente dejaron de existir.

Y, sobre todo...

A aquella frase.

"Nunca vas a ser lo suficiente hombre para una mujer como yo."

—Camila, por favor, vete —dijo Thiago finalmente.

La mujer giró la cabeza.

Entonces pareció recordar que él estaba allí.

—Pero miren a quién tenemos.

Sonrió.

—El famosísimo mejor amigo de Lunita.

Luna levantó la mirada.

Thiago permaneció completamente serio.

—¿Sigues detrás de ella porque te gusta?

Thiago no respondió.

—¿O ya te arrepentiste y vas a dejarla en paz?

Luna sintió que su mano se tensaba dentro de la de Benjamín.

Camila soltó una risita.

—Bueno, eso a mí qué me importa.

Se volvió nuevamente hacia Mateo.

—Solo vine a decirte algo.

Mateo finalmente levantó la mirada.

—¿Qué?

Camila sonrió.

—Estás invitado a mi boda.

El silencio fue inmediato.

Mateo sintió un vacío en el estómago.

Camila continuó como si estuviera contando una noticia cualquiera.

—Me voy a casar muy pronto.

Le mostró el anillo que llevaba.

—Conocí a un hombre maravilloso.

Mateo bajó la mirada hacia el anillo.

No sintió celos.

No sintió ganas de recuperarla.

Solo sintió una tristeza vieja.

Una tristeza que creía haber superado.

—Y él —continuó Camila— no se compara contigo.

Gael frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué sigues hablando de Mateo?

Camila ignoró la pregunta.

—Él me da todo lo que tú no pudiste darme.

Se inclinó un poco hacia Mateo.

—En unos cuantos meses me ha dado más de lo que tú pudiste darme en años.

Mateo no respondió.

Camila sonrió.

—¿Y tú qué tienes?

Aquella pregunta cayó sobre la mesa como una piedra.

Luna sintió que ya no podía quedarse callada.

Pero Benjamín apretó su mano nuevamente.

—Luna.

Ella lo miró.

—No.

La joven respiró profundamente.

Miró a Mateo.

Su hermano estaba quieto.

Demasiado quieto.

Y entonces comprendió que no necesitaba que ella peleara por él.

Necesitaba que alguien simplemente estuviera a su lado.

Luna deslizó su mano sobre la mesa y tomó la de Mateo.

Mateo la miró sorprendido.

Ella no dijo nada.

Solo sostuvo su mano.

Era suficiente.

Camila observó aquel gesto.

—Bueno...

Se enderezó.

—Qué buena charla.

Mateo permaneció en silencio.

—Mateo, por favor confirma si vas a venir a mi boda.

Nadie respondió.

Camila tomó su bolso.

—Y espero que vayas.

Sonrió.

—Quizás aprendas algo.

Mateo levantó lentamente la mirada.

Camila agregó:

—Como ser un hombre de verdad.

Después se dio la vuelta y se marchó hacia otra mesa, donde unas amigas la estaban esperando.

Los hermanos la observaron alejarse.

Nadie habló.

Durante varios segundos solo se escuchó la música del restaurante.

Mateo seguía mirando hacia la puerta.

Su mano continuaba dentro de la de Luna.

Ella no la soltó.

---

LUNA

—Mateo...

Él giró lentamente hacia ella.

Luna no sabía qué decir.

Nunca había visto a su hermano así.

Ella había conocido su historia.

Sabía lo que Camila había hecho.

Pero verlo enfrentarse nuevamente a la mujer que había conseguido romperlo era diferente.

—No tienes que decir nada —susurró Mateo.

Luna negó con la cabeza.

—No iba a decir nada.

Mateo la miró confundido.

—Solo quería estar aquí.

Él bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas.

Y por primera vez desde que Camila había aparecido, sus ojos se suavizaron.

—Gracias, Enana.

Luna sonrió.

—Siempre.

Santiago se inclinó hacia adelante.

—¿Estás bien?

Mateo respiró profundamente.

—Sí.

Gael no pareció convencido.

—¿Seguro?

Mateo asintió.

—Seguro.

Thiago lo observó en silencio.

Conocía aquella expresión.

Era la misma que había visto en hombres que intentaban aparentar que una herida no dolía.

Pero Mateo no necesitaba que nadie lo compadeciera.

Necesitaba recordar quién era.

No quién Camila decía que era.

Mateo levantó su copa.

—Sigamos cenando.

Gael sonrió.

—Eso.

Benjamín soltó la mano de Luna.

—Y nadie va a mencionar esa mesa.

—De acuerdo —dijo Santiago.

—De acuerdo —repitió Leo.

—De acuerdo —dijo Gael.

Luna asintió.

Mateo dio un pequeño sorbo a su bebida.

Y poco a poco, la conversación regresó.

No fue exactamente igual.

Había una tensión invisible en el ambiente.

Pero Mateo volvió a sonreír.

Pequeño.

Casi imperceptible.

Sin embargo, sus hermanos lo vieron.

Y ninguno dijo nada.

Porque a veces querer a alguien no significa obligarlo a hablar de sus heridas.

A veces significa simplemente sentarse a su lado mientras intenta volver a respirar.

Y aquella noche, Mateo tuvo a sus cinco hermanos.

Y a Luna.

Su pequeña hermana que, sin decir una sola palabra, le había recordado algo que había olvidado durante mucho tiempo:

no necesitaba demostrarle a Camila que era suficiente.

Nunca había dejado de serlo.

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Graciela Maldonado
lo odia pero lo ama 🥰🥰
Graciela Maldonado
está muy interesante ya quiero saber el final 👏
Graciela Maldonado
🥰
Graciela Maldonado
es muy interesante muero por saberlo que viene después.
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